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Jueves, 12 de Diciembre 2019
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El Estado soy yo, versión 4T

Por: Diego Petersen

El Estado soy yo, versión 4T

El Estado soy yo, versión 4T

“Ya no se puede hablar de crímenes de Estado porque no permitiremos ninguna injusticia”, dijo el presidente López Obrador que, de un plumazo, o más bien un lengüetazo, quiso borrar una de las demandas más sensibles del país que es la solución al caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala el 27 de septiembre de 2014. A un año de tomar la presidencia, el caso no ha avanzado un ápice, salvo la liberación de los presuntos responsables que tuvieron que soltarlos por fallas en el proceso del gobierno anterior. Pero lo preocupante de la frase del presidente no es que quiera hacer parecer lo que no es, es decir, que este gobierno ha hecho algo para esclarecer el paradero de los estudiantes, sino que confunde a su persona con el Estado y para colmo ya comenzó a hablar en el “nos mayestático” propio de papas y reyes.

La desaparición de los estudiantes sigue siendo uno de los pendientes de la justicia

Ayotzinapa es un crimen de Estado no porque haya o no injusticias o porque alguien grite una consigna en las marchas. Fue injusto desde el momento en que estudiantes son detenidos, apresados y luego desaparecidos y eso no cambia con la alternancia en el poder. Y es un crimen de Estado porque fuerzas policiacas, cuyo alcalde respondía a los intereses de un grupo delincuencial, participaron en la detención de los estudiantes y posteriormente los entregaron al crimen organizado. Así apresen y condenen a todos los policías que participaron en la detención y posterior desaparición y logren la condena a los Abarca, que más bien están a punto de salir libres, seguirá siendo en ese sentido un crimen de Estado.

Ayotzinapa es un crimen de Estado no porque haya o no injusticias o porque alguien grite una consigna

Pero el presidente cree que el Estado es él y solo él. Que si él es bueno el Estado es bueno; que si el es o piensa que es justo, el Estado es justo; que si él es o piensa que no es corrupto, ya podemos dar por enterrada a la corrupción; que si él decide algo, es por el bien todos y que, si él habla, habla el pueblo. Sus seguidores podrán decir que son fórmulas retóricas que no tienen importancia, que es pedagogía del poder, pero cuando las instituciones de justicia son suplidas por el voluntarismo presidencial, la historia se cambia por decreto y sobre todo se confunde al Estado con la persona que tiene la representación, hay algo que no está funcionando.

A un año de la llegada del presidente López Obrador y Morena al poder, la desaparición de los estudiantes sigue siendo uno de los pendientes de la justicia y una de las promesas incumplidas y eso no se cambia con una declaración o una perorata dominguera.

(diego.petersen@informador.com.mx)

 

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