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Sábado, 23 de Junio 2018

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Discursos a los obispos

Por: Armando González Escoto

Discursos a los obispos

Discursos a los obispos

La semana antepasada tuvo lugar la segunda reunión anual de los obispos mexicanos, marcada por dos discursos de diverso origen y contenido, también, de diversa respuesta.

El primer discurso estuvo a cargo del nuncio apostólico en México, directo, crítico, retador, tanto que muchos de los oyentes lo consideraron, y se lo dijeron, poco estimulante.

Un segundo discurso lo pronunció el nuevo gobernador del Estado de México, todo un despliegue de alabanzas y reconocimiento a la acción de la Iglesia en México, mismo que los oyentes deben de haber considerado  muy estimulante.

El nuncio representa al Papa, quien seguramente considera que no están los tiempos para elogios mutuos, ni los resultados de la Iglesia en México son los que cabría esperar. Hay que recordar que el anterior nuncio era de la misma opinión.

El gobernador del Estado de México viene de uno de los procesos electorales más fraudulentos en la historia de esa entidad. Ahí el partido triunfador le apostó a todo y con todo, regalos por año nuevo, donativos, cheques, despensas, ayudas, sobornos, materiales de construcción, reparto de tarjetas, promesas y compromisos, el partido de siempre con métodos renovados para hacer lo de siempre; finalmente dinero tenían, y en abundancia, nada más pensemos en lo que supuso en términos de ganancias no presupuestadas el gasolinazo de principios de año.

Así, mientras el nuncio trata de aguijonear la acción pastoral en el país, el gobernador busca simpatías de cara al próximo proceso electoral federal, y bueno, cada quien debe hacer lo que le toca y los que oyen y observan deben saberlo.

No es fácil que los obispos, formados en otro tiempo y para otra época, como la mayoría de las personas de su edad en nuestro país, puedan   comprender, asimilar, y sobre todo responder a los retos actuales que rebasan ampliamente cualquier perspectiva. Muchos se esfuerzan lealmente en hacerlo todos los días, otros por la edad y la mala salud apenas si sobreviven al trabajo cotidiano, y seguramente habrá quienes viven en otro mundo, en otra esfera, pensando en el ayer o en un mañana prodigioso y providencial en que todo problema será resuelto sin su concurso.

No obstante el señor nuncio deberá saber que el problema de fondo radica en la condición actual de los seminarios, mismos que requieren de formadores de muy alto nivel, y no meros cuidadores del puesto rodeados por camarillas de amigos con igual actitud. Formadores para la creatividad y la autenticidad, que logran dar respuestas rápidas a las preguntas del hombre actual, capaces de construir nuevas formas de vivir la fe en un mundo que la ha perdido; más que celebradores de impecables ritos, comunicadores de vida, de entusiasmo, de empeño en la transformación integral de una realidad cada vez más deteriorada.

Hubo un Zar en la lejana Rusia que al subir al trono con el nombre de Nicolás, recibió un consejo integrado por asesores inteligentes pero críticos, y por asesores leales pero limitados. El Zar despidió a los primeros y se quedó con los segundos. Pocos años después el imperio se vino abajo, y el Zar todavía no lograba entender qué había hecho mal.

armando.gon@univa.mx

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