Miércoles, 28 de Septiembre 2022

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La normalización del crimen organizado

Por: Diego Petersen

La normalización del crimen organizado

La normalización del crimen organizado

Dos tomas de postura distintas que dejan ver la normalización que la clase política ha hecho del crimen organizado. La primera del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, que dijo que no habían hecho detenciones tras los bloqueos y quemas que se realizaron en la Zona Metropolitana de Guadalajara para no complicar más las cosas. La segunda de la alcaldesa de Tijuana, Monserrat Caballero, que le pidió atentamente a los miembros del crimen organizado que cobren sus facturas, pero sin afectar a terceros. El primero es un velado abrazo, de los que le gustan al Presidente. El segundo es un burdo mensaje de hagan lo que tienen que hacer pero sin fastidiar de más.

En ambos casos hay un mensaje implícito que es terrible: la normalización y convivencia de las autoridades legítimas con el crimen organizado. Hay una diferencia no menor: el gobernador de Jalisco considera que aplicar la ley le genera conflictos; la alcaldesa Caballero ni siquiera se lo plantea.

Es perfectamente comprensible que en una situación de crisis, como la que vivimos la semana pasada en Zapopan, la prioridad sea salvaguardar a la población civil. A lo que no puede renunciar el Gobierno es a ir por ellos al día siguiente, a usar toldos los recursos del Estado para desmantelar las células que el cartel tiene en las colonias de la ciudad. Para eso, al menos eso nos dijeron, es el C5, para rastrear de dónde salieron y a dónde fueron los autos que vimos todos.

Lo de la alcaldesa de Tijuana es mucho más torpe, perverso y delicado. De entrada dirigir el mensaje al crimen organizado es de una insensibilidad o cinismo descomunal. Quiero pensar que la señora, que creció en Tijuana en los peores años de control del cartel, ha normalizado la presencia de los grupos delincuenciales y los ve como parte de la vida cotidiana. Lo que no puede alguien que dice haber estudiado leyes y ser alcaldesa es mandar el mensaje de “cobren lo que tengan que cobrar” y hacerlo además flanqueada por el secretario de seguridad ciudadana del municipio y por el encargado de la Guardia Nacional en la zona.

La normalización del crimen organizado, no perseguir a los criminales para que no se enojen y suplicarles que cobren haciendo el menor daño posible, es más que una pifia; es una derrota cultural. La política de abrazos, no balazos es sólo parte de esta normalización que es sin embargo mucho más profunda y viene de muchos años atrás. Cada vez que por miedo o conveniencia hemos permitido que el crimen organizado conviva con las autoridades en los juzgados, las prisiones, los gobiernos; cada vez que hemos tolerado el dinero sucio en los negocios, en las iglesias, en las obras de beneficencia, hemos puesto un ladrillo en ese muro que hoy nos tiene atrapados.

Diego Petersen Farah

diego.petersen@informador.com.mx

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