Domingo, 26 de Mayo 2024

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El “Fofo” o la prepotencia en el banquillo

Por: Diego Petersen

El “Fofo” o la prepotencia en el banquillo

El “Fofo” o la prepotencia en el banquillo

“No quiero pasar el resto de mi vida en la cárcel”, lloraba y suplicaba el “influencer” que hizo de la prepotencia una forma de vida. El mismo personaje que cerró el Puente Matute Remus en Guadalajara, nomás porque podía hacerlo, el que presumía haberse enfrentado a golpes con un policía estadunidense, el “Fofo” Márquez, temblaba de miedo y desesperación cuando en la audiencia de vinculación lo hicieron ver un video de él golpeando y pateando infamemente a una mujer de 52 años con la que tuvo un incidente de tránsito. Por poner en riesgo la vida de esa mujer lo acusaron de intento de feminicidio, un delito por el que podría pasar 46 años en prisión.

Márquez, quien se autodescribía como “famoso, poderoso, millonario, con buen cuerpo”. Que se decía Dios pues, argumentaba, “conmigo nadie se puede comparar, no hay ser humano más perfecto que yo”. “Soy joven y gano más que sus papás. Soy intocable y, como les digo, probablemente sus novias los estén engañando conmigo”, presumía. Pues bien, ese dechado de ego inflado dijo estar dispuesto a hincarse para que todas las mujeres que estaban en la sala lo patearan. Como buen prepotente, no entendió que no se trata de una venganza -te pego, me pegas-, sino de hacer justicia.

El “influencer” dice temer por su vida en el penal de Barrientos y, por supuesto, es obligación del Estado protegerlo, como también lo es que quede claro que el joven que se cree Dios es igual ante la ley; que quien se decía intocable, no lo es. ¿De no haber sido un personaje tan famoso quien golpeó a la mujer en la calle sería juzgado con la misma severidad? Me temo que no. Son miles y miles de mujeres las que cada año son golpeadas por sus parejas o sus familiares y no se tipifican como intento de feminicidio, aunque lo hayan sido. Por supuesto que la visibilidad del caso juega en contra del acusado, lo cual no quiere decir que no se esté haciendo justicia. Se castiga el acto, pero el contexto influye, y en este caso el sistema de justicia mexicano está mandando un mensaje a todos los prepotentes que creen estar por encima de la ley.

La prepotencia es una de las formas más acabadas del machismo. Por supuesto que hay mujeres prepotentes, pero en la mayoría de los casos son actos de machismo primitivo: sentirse todopoderoso implica ser irresistible para las mujeres y por lo mismo cualquier negativa la toman como una ofensa. Una buena parte de la violencia contra las mujeres tiene que ver con la prepotencia y es eso lo que está de fondo en este juicio.

El “Fofo” quiso ser icónico y por lo mismo su juicio también lo es. Es la representación misma de la prepotencia la que está sentada en el banquillo. Su proceso, que esperemos que sea ejemplar, será quizá el acto más influyente de su vida.

diego.petersen@informador.com.mx
 

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