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Jueves, 24 de Mayo 2018

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De políticos, víctimas y hostigamientos

Por: Diego Petersen

De políticos, víctimas y hostigamientos

De políticos, víctimas y hostigamientos

La detención del convoy de campaña de Enrique Alfaro el martes por la noche desató una serie de declaraciones y un conato de escándalo político que no llegó a mayores, pero que deja ver algunos errores y omisiones. Eso es lo que realmente importa en este caso.

Si se trata de un hostigamiento, como señala el candidato de MC, Enrique Alfaro, o si éste se hizo la víctima para ganar popularidad, como acusó el gobernador, no es sino el uso político del suceso. Lo importante en todo es cómo sucede algo tan absurdo y potencialmente peligroso como esto.

De acuerdo con la versión del gobernador, la policía detuvo el auto del candidato porque, cito el mensaje, “un convoy, integrado por varias camionetas con hombres armados a bordo, circulaba por una carretera estatal”. La primera pregunta es cómo los policías sabían que los hombres estaban armados. Salvo que tengan sistemas de rayos equis muy sofisticados o que los guardias de Alfaro fueran presumiendo las armas por la ventana (lo cual parece poco creíble) la verdad es que los policías supieron que había gente armada hasta después de detenerlos. Es decir, los detuvieron simple y sencillamente porque les pareció sospechoso, por el delito de portación de camioneta. 

Me queda claro que cada día es más difícil distinguir a un político de un malandro, ambos tienden a mimetizarse en sus formas de comportamiento

Me queda claro que cada día es más difícil distinguir a un político de un malandro, ambos tienden a mimetizarse en sus formas de comportamiento, sus esquemas de seguridad, el tipo de autos que utilizan y, si me apuran, hasta en la vestimenta. Todos nos los hemos topado en restaurantes y no pocas veces dudamos a quién cuidan las guaruras que están en la puerta. Enrique Alfaro no es de los que suelen hacer un desplante con su seguridad, al menos es más discreto. El convoy del martes eran cinco vehículos: una camioneta tipo SUV familiar con el equipo de logística; una Tacoma donde viaja el candidato y su equipo cercano donde no hay nadie armado; una Ram doble cabina con el equipo de seguridad, tres personas, ellos sí armados y dos vehículos compactos de los emecistas del lugar. Ninguno de los autos tiene vidrios polarizados más allá de lo permitido y ninguno es blindado. ¿Qué tan sospechosos son cinco autos juntos? Al parecer muy.

Pero lo grave de este caso es la falta de inteligencia, en los dos sentidos de la palabra. La agenda del precandidato no solo es pública, sino que está, como la de todos los contendientes, registrada ante el Instituto Electoral desde una semana antes. ¿La Secretaría de Gobierno y la Fiscalía no están al pendiente de ello?, ¿no hay un trabajo de inteligencia previo para evitar cualquier incidente?, ¿no sabía la Policía estatal que el convoy de Alfaro iba a circular ese día por esa carretera?, ¿no conocen los mandos regionales las características y las placas de los vehículos de los candidatos? 

La detención arbitraria puede tener una explicación, por absurda que sea. La ignorancia no.

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