Sábado, 22 de Enero 2022

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De ciencia, política y política científica

Por: Diego Petersen

De ciencia, política y política científica

De ciencia, política y política científica

El conflicto entre el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y la directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) subió de tono y de nivel. No solo llegó a la Mañanera, donde el presidente acusó a quienes comparan este problema con el del 68, sino que la directora se negó, por cuarta vez, a dialogar con los estudiantes y estos la desconocieron como interlocutora. 

El conflicto pasó de un problema en el nombramiento de un director de un centro Conacyt a una discusión sobre la política científica del país. Desde antes de tomar posesión como directora del Consejo, María Elena Álvarez-Buylla se lanzó contra lo que ella define como “ciencia neoliberal”, aquella que a su particular gusto e interés no representa un beneficio para el pueblo. En la práctica, la batalla contra la “ciencia neoliberal” no ha significado otra cosa que la toma de control político y administrativo de las instituciones, particularmente de los llamados Centros Públicos Conacyt, la persecución a funcionarios de la administración pasada y el sometimiento de las políticas científicas a los caprichos del presidente (invertir en ventiladores para pacientes con COVID-19 que no funcionaron, crear un vacuna que sigue sin existir) o peor, del fiscal Gertz, al que hizo investigador sin serlo.

El movimiento de estudiantes del CIDE se le salió de las manos a Álvarez-Buylla. La marcha de hoy puede ser una llamarada o iniciar un incendio. En política el error más común son los riesgos mal calculados, minusvalorar la importancia y la capacidad organizativa de los quejosos. Como sea, ella dejó de ser interlocutora y lo único que ha logrado en un mes de conflicto es convertir un problema perfectamente localizado y de carácter administrativo en un asunto de interés público e importancia nacional.

El movimiento de estudiantes del CIDE se le salió de las manos a Álvarez-Buylla. La marcha de hoy puede ser una llamarada o iniciar un incendio

Si la estrategia del gobierno de López Obrador es mandar un mensaje a la comunidad académica y universitaria a través del CIDE -el presidente ha insistido en el aburguesamiento de las instituciones de educación superior y particularmente de la UNAM- y medir la capacidad de reacción de los estudiantes, lo que sigue ya no la es batalla en la opinión pública, Mañaneras contra columnas, como lo ha sido hasta ahora, sino en las calles. 

Más que una batalla ideológica, el discurso contra la comunidad científica es una lucha por el poder dentro de las universidades. Lo que se juega en el CIDE no es el futuro de un centenar de académicos y 400 alumnos, sino la política científica y el control de la educación superior en este país.

diego.petersen@informador.com.mx

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