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Jueves, 14 de Diciembre 2017

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Cotidianas buenas noticias para Guadalajara

Cotidianas buenas noticias para Guadalajara

Cotidianas buenas noticias para Guadalajara

La ciudad funciona, sigue su marcha, en general los servicios cumplen su cometido: pasa el carretón de la basura, la mayoría de las lámparas prenden, los parques y camellones han mejorado, las ciclovías van muy bien. Tenemos todos problemas de seguridad, ése es el gran pendiente.

Los barrios, muchísimos, operan bien en general y mucha gente vive contenta, es solidaria con el vecindario, la gente se cuida entre ella, los entornos tienen comúnmente bastante buena arquitectura y calles razonables, menos cuando no.

El tráfico es un desastre por el crónico abuso de la utilización de los coches y la carencia de más espacio en calles que no fueron proyectadas para estos excesos (y en muchas, cuando fueron dispuestas, era imposible prever la explosión descontrolada de habitantes y tráfico). Pero viene ya la Línea 3 del Tren Ligero que mucho alivianará este problema. Y cada vez más gente toma el tren o la bicicleta o camina dejando sus coches en su casa.

Muchísimos jóvenes están dando la merecida espalda a los “cotos” y están mudándose a zonas centrales de la ciudad. No son tontos. Varios barrios están floreciendo con este fenómeno sin que haya ese mito urbano que llaman “gentrificación”. La ciudad puede ser más práctica, económica, divertida y variada para los jóvenes y para todos. Algunas de las esculturas urbanas en proyecto van a valer la pena. Cada vez parece haber más turismo. (Simplemente, cada vez son más numerosos y frecuentes los grupos que vienen a ver la obra de Luis Barragán). Ya no es, ni con mucho, tan usual que se demuelan fincas patrimoniales.

El Paseo Alcalde podrá ser la oportunidad de revitalizar una amplia franja del corazón de Guadalajara y barrios aledaños. El nuevo Planetario es una buena noticia también. Las obras oficiales se socializan y concilian con la gente como nunca antes. El Zoológico y la Expo Guadalajara son ejemplares a nivel nacional.

Un optimismo razonablemente documentado siempre será mejor que un más o menos “docto” pesimismo. Es el principio básico de las ciudades, el cimiento de su funcionamiento. Sin un razonado optimismo las ciudades ni se construyen ni se mantienen fuera del desastre. Ni se levantan tres ladrillos, ni se hacen infraestructuras o arquitectura, ni pasa el panadero con su canasta, ni se abren los mercados –de los que muchos son muy vigentes y muy bonitos–, ni se echa a andar ninguna nueva empresa o un nuevo pequeño negocio.

Y, precisamente por ese optimismo, hay tanto por hacer… tenemos aún muy graves carencias e injusticias, que han disminuido relativamente pero que hay que combatir a fondo y sin tregua. Pero, documentándose, basta ir a muchos barrios de la periferia para comprobar los grandes avances de 20 años para acá. Pero, antes de seguir vociferando, hay que darse en serio la vuelta.

Algo que sucede es que el pesimismo a ultranza curiosamente da “prestigio” político o mediático o “intelectual”. Hay sectores significativos que administran su pesimismo de supuesto buen tono para lucrar. Esto es claramente tóxico para todos. Se ocupa ser crítico siempre, pero lúcido, leal y justo también con Guadalajara.

Así que, como se habría leído, hay buenas noticias para todos los tapatíos, menos las franjas poblacionales por las que hay que trabajar muy duro y de a de veras, en vez de decir todo el tiempo jeremiadas rentables. Buenas noticias para los tapatíos –los recientes cinco millones– de todos los municipios que componen, indisolublemente, Guadalajara.

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