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Miércoles, 23 de Mayo 2018

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Corrupción arraigada

Por: Luis Jorge Cárdenas Díaz

Corrupción arraigada

Corrupción arraigada

Un sistema político medularmente corrupto y clasista, cuyos cimientos son el tráfico de influencias, opacidad, mogigatería, compadrazgo, frivolidad y el valemadrismo irresponsable de millones de mexicanos. No es un partido político, no son los gobernantes, sino todo un tejido social lo que está podrido.

¿Cuál es el remedio para corregir un cáncer social tan profundo? ¿Cómo recomponer una sociedad enferma desde sus raíces? ¿Es acaso una dama la que podrá acabar con todas las fuerzas del mal? ¿Es un político rudo, rústico y amenazador? ¿Es un joven de voz convincente, ideas claras y cultura universal? ¿Es un técnico experto en finanzas, honradez a prueba y buen respaldo político? ¿O acaso es un demagogo mesiánico lo que México necesita para recobrar la salud social?

Estamos perdidos en un mar de confusión. Los partidos políticos no nos ayudan a resolver nuestros problemas de selección del mejor hombre. La violencia inhibe nuestro pensamiento y la sociedad la utiliza como método de protesta, porque la injusticia y la impunidad violan sistemáticamente la ley.

Vivimos una crisis de confianza, no creemos en nuestras autoridades, no creemos en los partidos políticos, no creemos en los sindicatos, no creemos en quienes nos representan. Tenemos cientos de leyes para regular todo aquello que debe ser controlado, pero no tenemos ni los mecanismos ni el elemento humano para hacerlas cumplir.

Los partidos políticos no nos ayudan a resolver nuestros problemas

Por eso somos los ciudadanos los que tenemos que tomar las acciones necesarias para recomponer la sociedad. Las organizaciones empresariales y profesionales han jugado un discreto papel de observadores, pero este es el momento en que deben actuar. Esas acciones deben encaminarse a formar un frente unido de lucha contra la podredumbre; juntos, sociedad y Gobierno, sea quien sea el que encabece a la nación debemos unir fuerzas para restituir la confianza en las leyes y las instituciones, para vivir en armonía.

Tenemos los instrumentos para empezar a corregir los males de nuestra enferma sociedad, se requiere echar a andar la fiscalía anticorrupción para que aquellos servidores públicos a los que se comprueben actos de corrupción, sean separados de su cargo y se les procese. No debe dejarse a discreción el castigo de los delitos leves que son aquellos cuya cuantía sea menor de 160 mil pesos. Un delito es un delito y no importa la cuantía, sin excepciones ni negociaciones políticas partidistas.

En el mes de julio nos enfrentaremos a enormes retos en materia democrática, los tribunales electorales no deberían existir si hubiera honradez de parte de los partidos políticos. Donde hay dinero hay corrupción, por eso debe limitarse el subsidio político a los partidos para que no se formen por interés económico; sino por convicción ideológica. Debemos exhortar al Instituto Nacional Electoral (INE) para que actúe dentro del margen de derecho y obligue a los partidos políticos a obrar con honestidad y alta participación. De su actuación depende el grado de confianza que les debemos prestar en el futuro.

La coordinación  y la paz social que anhelamos los mexicanos  dependen en mucho de estas elecciones de cuyo resultado podemos afianzar la gobernabilidad. Todos debemos tomar nuestra parte de responsabilidad y aceptar el reto de recomponer la sociedad en el que estén involucrados  todos los sectores: el Gobierno federal, los estatales y municipales, los organismos empresariales y profesionales, los académicos, y en especial un llamado a que participen los millennials.
 

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