Viernes, 05 de Junio 2020
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Coronavirus, nacionalismos y regionalismos

Por: Diego Petersen

Coronavirus, nacionalismos y regionalismos

Coronavirus, nacionalismos y regionalismos

Uno de los efectos perversos -y vaya que tiene muchos- del COVID-19 es que ha hecho surgir, desde lo más oscuro de las personas, sentimientos de nacionalismo y regionalismo que tienen siempre esta doble cara: la del motor que mueve a los pueblos a las más grandes epopeyas y la de los más deplorables sentimientos de xenofobia, racismo, discriminación, odio y desconfianza.

Uno de los motores de propagación del virus en todo el mundo es que los países han decidido en su mayoría actuar por su cuenta, cerrar sus fronteras, aislarse y olvidar que si esta pandemia es global es porque el mundo es global. Hoy más que nunca las fronteras son porosas, cuando no imaginarias. Pero los nacionalistas han convertido al cierre de las fronteras en un discurso de protección frente al enemigo que es siempre el otro. En la mayoría de los casos los que propagaron el virus de un país a otro fueron connacionales que viajaron, no extranjeros que llegaron con el virus, pero nunca como ahora los países y sus líderes han regresado a la noción del “masiosare”, del otro como extraño enemigo y portador de males. 

Hoy en Jalisco el descontrol es evidente y la respuesta no puede ser cantar “Ay Jalisco no te rajes”

La otra cara de la moneda son los regionalismos. Nosotros sí hacemos lo que los otros no hacen, nosotros nos protegemos a nosotros mismos sin importar lo que decidan allá en la capital, nosotros somos responsables, no como otros. El regionalismo al que han acudido algunos gobiernos de los estados en el país, particularmente Jalisco, no está claro si ayuda al combate de la epidemia o solo ha generado más desinformación, descontrol de la población y desconfianza en las autoridades federales del salud. El propio subsecretario federal López-Gatell había advertido que adelantar vísperas solo generaría desgaste y reduciría la eficacia de las medidas cuando tuvieran que aplicarse. Hoy en Jalisco el descontrol es evidente y la respuesta no puede ser cantar “Ay Jalisco no te rajes”.

Estamos por vivir lo que quizá sea el momento más complejo para esta generación. Los que nacimos en México  después de los cincuenta (casi 90 por ciento de la población) nunca hemos sabido lo que es un estado de emergencia, no hemos vivido una guerra, un golpe de estado, una guerra civil, un solo día de toque de queda. Hemos, eso sí, vivido muchas crisis económicas, pero me temo que ninguna con la destrucción de capital, de empleo y de escasez como la que estamos por vivir en los próximos meses. Lo que sí sabemos es que no es momento de nacionalismos o regionalismos. Sabemos, más por experiencias ajenas que propias, que de estas crisis no se sale generando desconfianza sino solidaridad; de estas situaciones nadie sale solo sino en comunidad; que estas guerras no las ganan los gobiernos ni los partidos sino los pueblos. 

(diego.petersen@informador.com.mx)

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