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Martes, 21 de Agosto 2018

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Capitalismo obsceno

Por: Rubén Martín

Capitalismo obsceno

Capitalismo obsceno

Imagine una camioneta Suburban con ocho varones. No importa a donde viajan, sino quienes son: imagine que son las ocho personas más ricas del mundo. Esos ocho que viajan en un solo vehículo tienen tanta riqueza acumulada igual que 3,500 millones de habitantes del planeta, lo más pobres. Esta es la imagen de la desigualdad mundial generada por el capitalismo contemporáneo.

Los datos son proporcionados por la organización no gubernamental Oxfam fundada en 1995 y que tiene su sede en Londres. Cada año Oxfam publica un informe sobre la desigualdad en el mundo poniendo el acento en la concentración de riqueza en una minoría de supermillonarios.

Lo hace en el contexto de la cumbre de dirigentes empresariales y políticos que se reúnen en enero de cada año en el Foro Económico Mundial, en Davos Suiza. Los informes de Oxfam se basan, entre otras cifras, en el informe sobre la riqueza global del Credit Suisse. Los datos precisos del reporte de Oxfam son puestos en duda por institutos pro-empresariales. Por ejemplo, en un reporte de la BBC, se señala que los megarricos que concentran una riqueza semejante a la mitad de la población más pobre, no son ocho sino 46. En esencia la crítica no cambia nada: ya sean ocho o 46 los que poseen tantos recursos como 3,500 millones de personas es escandaloso, es obsceno (“impúdico, ofensivo al pudor”: RAE).

En el informe de este año, Oxfam destaca que 82 por ciento de la riqueza mundial generada en 2017 paró en las manos del 1 por ciento más rico del planeta, mientras que el 50 por ciento más pobre (3,700 millones de personas) no participó de dicho crecimiento.

Otro rasgo reciente, igual de obsceno y escandaloso, es que luego de la crisis financiera mundial de 2008, el patrimonio de los más ricos sigue creciendo muy por encima del ingreso promedio de la población mundial. En la década pasada la riqueza de los más mega-millonarios aumentó 13 por ciento, mientras que los ingresos de los trabajadores aumentó sólo 2 por ciento.

Los megarricos no sólo se quedan cada vez con más riqueza mundial, sino que lo hacen cada vez más rápido. El año pasado hubo un megarrico (“milmillonarios” les llama Oxfam) cada dos días; además aumentaron su patrimonio en 762,000 millones de dólares, cantidad diez veces mayor a la necesaria para paliar las carencias de los pobres en el planeta.

Estas tendencias del aumento escandaloso de la riqueza de los más ricos en el mundo habían sido notadas por Emanuel Saenz y Thomas Piketty en un ensayo desde 2006. Luego este último autor francés hizo de esta información un bestseller en el libro El capital del siglo XXI.

Los datos de Oxfam y Credite Suisse y los hallazgos de Saez y Piketty confirman que las políticas neoliberales se convirtieron en un asalto de la élite mundial contra la gran mayoría de la población. Y cambiar ese estado de cosas no se logrará con llamados a los ricos para que cambien su conciencia como pide Oxfam, sino con un cambio del status quo, del sistema capitalista que permite esta concentración de riqueza obscena en tan pocas manos, quitando el derecho a una vida digna a la mayoría de la población. 
 

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