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Martes, 25 de Septiembre 2018

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Campañas injuriosas

Por: Sergio Aguirre

Campañas injuriosas

Campañas injuriosas

Mucho se ha hablado del neologismo “posverdad”. Se afirma, es un estado de cosas, donde una creencia no correspondiente con la realidad —contrastable con hechos—, se entiende en la opinión pública como verdadera. Dicha opinión en un Estado democrático es fundamental. Porque el voto es a fin de cuentas una opinión basada en la pública. El votante extrae de la opinión pública, la propia. Pero a pesar de lo nuevo del término, esto siempre ha ocurrido. La desinformación en la política es un arma desde siempre utilizada para atacar al contrincante y de todas las formas imaginables. Pensemos por ejemplo, en las labores de inteligencia de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, para hacer creer a los nazis que el desembarco del día “D” (el 6 de junio de 1944), se llevaría a cabo en Calais, en lugar de donde efectivamente ocurrió, en Normandía. Sin esa desinformación las cosas hubieran ocurrido de forma muy diferente. Finalmente la guerra es una extensión de la política.

Las noticias falsas o “fake news”, tampoco son novedad. La novedad es la conformación de la opinión pública actual. Como ya lo he dicho en este espacio, desde antes se ha formado y se sigue formando mediante tres mecanismos. La identificación entre grupos, vía descenso y por medio de la ebullición. Los grupos de referencia señalados son la familia, amigos, partido, religión, etcétera. La vía descendente o en cascada parte de las elites, ya sean económicas, sociales o políticas. Se conduce por los medios de comunicación masiva, para luego ser filtrada o matizada por los líderes de opinión, y así llegar a la masa. La ebullición es al revés. Parte de la masa hacia arriba como reacción del público, formando estallidos de opinión. La diferencia entre el antes y el después está en la frecuencia. Antes, dichos estallidos eran muy contados y eran también matizados por los líderes de opinión. Ahora, con las nuevas tecnologías —redes sociales, blogs y demás plataformas por internet— es más frecuente en comparación con el mecanismo de cascada y los líderes de opinión si acaso cuentan muy poco.

Hoy, la mezcla, los influyentes e influidos, las retroalimentaciones, contradicciones y ojo, las distorsiones, van de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, y hacia los lados (con los grupos de referencia). Pero la ebullición es ahora lo más relevante y cada vez lo es más. Así, se puede hacer correr una mentira vía redes sociales, y aunque el perjudicado lo aclare después en las mismas redes e incluso en medios tradicionales, puede quedar grabada en la opinión pública como si hubiera sido verdad.

En la campaña electoral para el 2018 —ya comenzada de facto—, veremos hartos esfuerzos por crear posverdades para hundir al adversario. La guerra informativa será de todos los días. Usted que lee, podrá distinguir las verdades y las mentiras. Pero el problema (pasa en todo el mundo) es la muy poca calidad de la información e irracional sentimentalismo de las grandes masas, y así deciden su voto. Y esto lo saben los partidos y candidatos —particularmente los populistas para los cuales la mentira es esencial—. Por eso presenciaremos, probablemente las campañas más injuriosas y estrafalarias de nuestra historia.

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