Sábado, 27 de Noviembre 2021

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Andrés, entre imprudente y “maduro”

Por: Salvador Cosío Gaona

Andrés, entre imprudente y “maduro”

Andrés, entre imprudente y “maduro”

El terrorismo de Estado en Venezuela está siendo ejecutado por agrupaciones que ya han pasado a formar parte de la estructura represiva del gobierno de facto, contando con impunidad, aliento, recursos y logística para sus actuaciones. Maduro ha usado la fuerza militar para imponerse él y sus ideas en el Gobierno de Venezuela, mientras que en México, el presidente Andrés Manuel López Obrador, en lo que va de su Gobierno, ha reprendido a miembros de los Poderes Legislativo y Judicial por disentir en temas como la reforma eléctrica y la construcción del aeropuerto de Santa Lucía; y ha echado mano del aparato de Estado para ir por sus “adversarios”, personajes, instituciones y organismos que le son incómodos; algo que debería estar preocupándonos como mexicanos, siendo que esa escuela Bolivariana que tanto celebra y tanta cercanía tiene con prominentes integrantes de la Cuarta Transformación, pudiera ser replicada en nuestro país por el régimen en turno encabezado por el propio López Obrador.

El polémico presidente venezolano ha usado toda clase de ingeniosas frases para amenazar a sus adversarios políticos. Desde tener “el látigo de Cristo en la mano”, hasta “la grúa está lista”, para detener a quienes insistían en llevar adelante un Tratado de cooperación militar interamericana que había aprobado días antes el Parlamento de su país.

De Maduro, un político que se ha aferrado al poder por la fuerza, ya nada nos sorprende. Pero en territorio nacional, no deberíamos acostumbrarnos a los insultos y las ofensas del presidente López Obrador, porque no porque lo haga todos los días deja de ser reprochable el irrespeto con que se dirige a muchos mexicanos, independientemente de sus colores o preferencias políticas, a quienes ha tachado de fifís, aspiracionistas, neoliberales y conservadores, además de muchos otros apelativos.

La vulgaridad, la grosería, la ordinariez en sus actitudes, en sus discursos y posicionamientos, en los que ya son comunes las amenazas, los amagos, y los retos, si bien son una clara muestra de su limitado léxico y capacidad para defender más que sus ideas sus caprichos, también muestran su carencia de argumentos y nos dan la idea de un personaje que se ha ido diluyendo pese al inmenso poder que ostenta.

Y nada más representativo de ello que lo ocurrido la semana pasada cuando más de un centenar de ciudadanos inconformes irrumpieron de forma violenta en un acto que realizaba en Huachinango, Puebla, para reclamar que no habían sido incluidos en los apoyos a los damnificados por el huracán Grace, siendo que también habían sufrido afectaciones en sus viviendas.

Andrés Manuel, al verse interrumpido, se puso de pie, tomó el micrófono, levantó la voz y se dirigió a los manifestantes al puro estilo de “Varguitas” en la película mexicana “La Ley de Herodes” :

“¿Me van a dejar hablar? ¿Me van a escuchar? ¿Van a guardar silencio? ¿Me van a permitir hablar? ¿Me van a respetar?”, repetía en una lamentable escena.

El presidente parece no tener claro aún la investidura que debe proteger, y si bien es bochornoso exhibirse como profesor de jardín de niños al que nadie hace caso, peor aún es asumir actitudes como las que se le han visto en los últimos días; profiriendo amenazas y ofensas en contra de miembros de los poderes Judicial y Legislativo, asemejándose preocupantemente a la imagen del dictador que tanto daño ha causado al pueblo venezolano.  

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