Domingo, 05 de Diciembre 2021

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“Algunos estanquillos”

Por: Carlos Enrigue

“Algunos estanquillos”

“Algunos estanquillos”

Aunque usted no me crea, he estado recordando algunas particularidades de nuestra Guadalajara vieja, de aquella provincianísima Guadalajara que vista desde ahora, que somos una ciudad de grandes centros comerciales, se verá como una curiosidad. En aquel tiempo, si usted pretendía ir de compras, tenía que arreglarse, porque se consideraba medio bárbaro ir al centro sin estar arreglado, esto es, guapeado. Y le estoy hablando de la época en que la ciudad empezaba a desparramarse, pero todavía el centro tenía su mucha categoría.

Sin embargo, ya comenzaban a instalarse algunas tiendas como las Maxi, de la familia Moragrega, de las cuales vívidamente recuerdo una situada en Libertad y Lafayette, que cuando menos es el primer supermercado que yo recuerde y que, en su momento, era considerado la máxima modernidad y cuya principal característica era que el consumidor se atendía solo porque no había una relación personal, como en el resto de las tiendas.

Ante el embate de los que serían el principio de los centros comerciales, sobrevivían pequeños estanquillos, de los que recuerdo claramente el de don Ranulfo, ubicado en la calle Libertad, junto a donde ahora está el café de Lulio, en que éste y después su hijo José, despachaban prácticamente todos los productos que pudiera imaginarse. A mí me impresionaba uno, la lubricidad que tenía su cajón del dinero, que se abría y cerraba con una facilidad asombrosa. Y la segunda cosa, como buen tragón que soy, unos sencillísimos lonches de jamón y panela con mucha crema, que ahí se preparaban, que mil años después los sigo recordando y como el perro de Pávlov, salivo de recordar la delicia que eran.

Otra tienda clásica de aquel tiempo y que mantiene ahora la altísima calidad que siempre ha tenido, era la hoy Carnicería La Azteca, que no me acuerdo si entonces se llamaba así, pero que todos la conocíamos como la carnicería de don León y que estaba ubicada en un sitio muy cercano a donde está ahora, que es Morelos y Progreso; usted mismo puede constatar su calidad actualmente y, si va a ir, le voy a hacer un par de recomendaciones. Una de mis comidas favoritas -que como se imaginará, son muchas- y que ahí venden, es la carne adobada, que cuando menos yo no he probado ninguna otra que me guste tanto como esa. Pero no es lo único, también podrá usted adquirir unas pacholas, reales, no como ahora que en muchos sitios se las quieren dar como si fueran hamburguesas aplanadas; las de ahí son plenas de sabor y verdaderamente espectaculares. Qué decir de un chorizo y longaniza que espero que usted goce en el mismo nivel que yo lo recomiendo. Desde luego que don León falleció hace como mil años, pero aún es atendida por sus descendientes y con la misma calidad.

Recordar ese par de estanquillos, ha sido muy grato en esta época de centros comerciales masivos e impersonales, que tal vez buscan quitar la provincialidad de la ciudad, si bien es cierto que no todo tiempo pasado fue mejor, excepto en el recuerdo, donde sí mejora.

@enrigue_zuloaga

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