Miércoles, 27 de Enero 2021

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2020: el año que quisiéramos olvidar, pero no debemos

Por: Rubén Martín

2020: el año que quisiéramos olvidar, pero no debemos

2020: el año que quisiéramos olvidar, pero no debemos

Desde las primeras semanas de iniciada la cuarentena en México, allá por el lejano mes de abril, escuché y leí a varios conocidos decir que “ojalá ya se acabe este año”. El deseo iba aparejado a la desesperación e incomodidad de estar viviendo una situación totalmente inesperada y sorpresiva como fue el parón casi total de actividades no esenciales en todo el mundo, el confinamiento y las escenas escalofriantes de las calles, avenidas plazas y centros comerciales totalmente vacíos.

El año 2020 nos trajo una pandemia, la del Covid-19 provocado por el virus SARS-CoV-02, de proporciones inimaginables que provocó un parón de las actividades humanas que alcanzó a más de la mitad del planeta. Desde la pandemia conocida como la Influenza española de los años 1920 y 1921, la humanidad no vivía una emergencia sanitaria de estas proporciones. 

Y con la pandemia, los gobiernos de todo el mundo decretaron medidas de emergencia sanitaria que nos obligaron a guardarnos y distanciarnos socialmente como nunca o habías imaginado. Además, algunos gobiernos aprovecharon la pandemia para limitar los derechos de movimiento y desplazamiento de las personas, creando condiciones de aislamiento semejantes a las que se decretan en conflictos armados. 

Además de los impactos sanitarios, las extremas medidas sanitarias y del parón casi mundial de actividades, se creó un escenario de miedo e incertidumbre que a su vez generó impactos severos en la salud mental de millones de personas.

Por eso se repetía hasta el cansancio a lo largo del 2020: “ojalá ya se acabe este año”.

Y el año se acaba pero lamentablemente la pandemia seguirá aquí a lo largo de todo el 2021 y probablemente hasta el 2024 en los países más pobres que no tendrán derecho a la vacuna sino hasta dentro de dos años, debido al acaparamiento de los países ricos.

En México, si se llegan a cumplir los contratos que el gobierno ha firmado con los laboratorios y se cumple el plan de vacunación proyectado, será hasta fines de 2021 y probablemente hasta el primer semestre de 2022 cuando toda la población tenga garantizada la vacuna.

De modo que el fin del terrible 2020 no termina con la pandemia, ni con la cuarentena, ni con las medidas de distanciamiento social, lo que quiere decir que la vuelta a la ansiada vieja normalidad está lejos de hacerse realidad. 

Y más vale que nos preparemos para ello, para una situación de emergencia que está lejos de terminarse y para seguir viviendo en condiciones de incertidumbre y de alteración de la normalidad tal como la conocíamos.

Con el deseo de que el 2020 se acabe y con él, el tren de malas noticias, también está el deseo de olvidar este año, considerarlo un bache o una anomalía indeseable en nuestras vidas. Y ojalá esa fuera la mejor decisión. Simplemente olvidarnos de este año terrible, pero lamentablemente eso no será posible.

No es posible porque lo que alteró por completo la vida de los habitantes de todo el planeta no fue un año, no fue una marca en nuestro calendario, no fue una desafortunada vuelta al sol. No. Lo que nos trajo una pandemia y una alteración severa e incomoda de nuestras vidas no fue el 2020 sino un sistema socio-histórico, el capitalismo, que supura crisis y malestares desde hace años. 

Lo que nos trajo la pandemia y la cuarentena extrema, el contagio de casi 20 millones y la muerte de 1.8 millones de personas en todo el mundo es un modelo de producción y consumo orientado a la ganancia de los poseedores del capital. 

Este sistema que expande las fronteras de la agricultura industrializada y de las actividades extractivas sin importar que en su camino devaste bosques, selvas y la agricultura tradicional es el responsable de la invasión de ecosistemas y se seres vivos que de modo inesperado entran en contacto con las actividades humanas. Y de este modo se producen las zoonosis y con ellas las mutaciones e interacciones con virus hasta entonces desconocidos para el ser humano. 

El problema es un modelo social y de producción, el capitalismo, orientado hacia el consumismo, que con el fin de satisfacer deseos provocados por la maquinaria publicitaria, crea cadenas de producción y distribución de productos que consumen y despilfarran enormes cantidades de energía y con su consumo, la producción de desechos que están alterando el clima del mundo como nunca antes en 12 mil años de civilización humana. 

Vivimos en un sistema de producción y consumo, la moderna sociedad capitalista, que consume y explota más recursos de los que puede producir. Es un sistema social depredador y devastador de la vida, humana y no humana. Es un sistema social que empuja a las especies hacia su extinción. 

Así que el problema no es el 2020, y el problema no es que el año termina y lo podemos olvidar. No podemos olvidarlo porque sería ignorar quienes somos y en qué sociedad vivimos.

El problema es el capitalismo como sistema social orientado a la ganancia de algunas pocas corporaciones o personas. Y ningún Dios o plegaria nos salvará de su destrucción. Solo la voluntad y la acción política de la sociedad organizada y el deseo de crear otro mundo posible nos puede sacar de la barbarie en la que estamos metidos. No olvidemos que el capitalismo nos trajo esta pandemia y la cuarentena. Debemos cambiar este sistema si no queremos pandemias más destructivas que esta que nos trastocó la vida en este inolvidable 2020.

rubenmartinmartin@gmail.com / @rmartinmar

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