Miércoles, 21 de Abril 2021

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* Pecado... y penitencia

Por: Jaime García Elías

* Pecado... y penitencia

* Pecado... y penitencia

La realidad hizo polvo a la teoría. El Monterrey no sólo se levantó de la lona: se salió de la fosa, materialmente; se levantó de sus cenizas, como el Ave Fénix, tras un primer tiempo lamentable, para redondear el repunte espectacular, la metamorfosis que experimentó a partir de la reinstalación de Antonio Mohamed en el puente de mando, y burlar los vaticinios mayoritarios, favorables al América, para convertirse en el campeón del Torneo de Apertura.

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El desenlace de la historia, en la instancia de la serie de penalties, deslució, ciertamente, la coronación de los rayados, aunque no la demerita.
Fue un partido de dos facetas contrastantes. La etapa inicial en que fue demasiado América y poco Monterrey. El primero, un vendaval; el segundo, una mansa brisa…
Indicios claros de que aquello, más que un partido, era la versión futbolera del juego del gato con el ratón, las facilidades que tuvieron Viñas, primero, y Benedetti, después, para hacer los goles. Ambos tuvieron tiempo y espacio para recibir, controlar, pensar, acomodarse y patear al marco.

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En la complementaria se invirtieron los papeles. Los capitalinos sacaron ostensiblemente el pie del acelerador; como si tuvieran la certeza de que la victoria y la consiguiente coronación eran cuestión de mero trámite. El pecado de la suficiencia se pagó con la penitencia del empate en el marcador global. Una dolorosa penitencia que llegó por una vía que no estaba en el programa: un burdo error de Jorge Sánchez, al abanicar el balón como un principiante, y dejarlo a merced de Pabón, quien aprovechó el regalito para ponerlo en los pies de Funes Mori para que el argentino, en plan de puntillero, como en el partido de ida, hiciera el resto.

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Advertidos de que un gol en el alargue sería mortal por necesidad para el equipo que lo admitiera, ninguno quiso correr riesgos… Así y todo, el América forzó dos oportunidades claras en los minutos finales.
Cuando el remate frontal de Viñas se estrelló en el travesaño, hubo que recordar la frase de Antonio Mohamed tras el partido de ida: “La suerte del campeón”: lo que se cumplió en las series de penalties. Ochoa y Barovero, en los marcos, contribuyeron con una atajada cada cual. Sin embargo, la frialdad de Jansen, Funes Mori, Nico Sánchez y Vangioni fue determinante, al prevalecer sobre las dudas de Castillo y Guido Rodríguez.