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Viernes, 19 de Abril 2019

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* Necedad… e injusticia

Por: Jaime García Elías

* Necedad… e injusticia

* Necedad… e injusticia

Que los jugadores de un equipo se declaren comprometidos “a muerte” con su entrenador, incluso en períodos críticos como el que confronta actualmente el Guadalajara, es un lugar común. Es un recurso obligado. Los futbolistas son muy hábiles para defender la chuleta, suscribiéndose a la regla de que es mejor pensar lo que se dice… a correr el riesgo de decir lo que se piensa.

Como quiera, si los descalabros -los dos “Clásicos” de la semana pasada ante el América, particularmente- que tienen al Guadalajara, por ahora, fuera de zona de clasificación para la “Liguilla”, han hecho que los fanáticos se pronuncien por la destitución de José Saturnino Cardozo, es probable que la directiva lo haga, en un sentido o en otro…, al final de la campaña.

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En los primeros años de la “era Vergara”, era común que la guillotina, a la menor provocación, cayera sobre el pescuezo del entrenador. Después, cuando la lista de las víctimas de sus arrebatos ya era larga, el mismo dueño del juguete reconoció públicamente alguna vez haber reaccionado más con el hígado que con la cabeza ante las frustraciones.

Salvo cuando hay claros indicios de que el técnico ha perdido la brújula o el ascendiente sobre el plantel a su mando, lo pertinente es sacar cuentas… al final del ejercicio. Aunque dependen en parte de lo que ellos mismos hagan y en parte de lo que otros -Santos, Puebla, Pachuca y alguno más- dejen de hacer, los rayados aún pueden entrar a la “Liguilla” (lo harían, casi seguramente, si ganan once de los 18 puntos por disputar), y salvar la temporada.

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Adjudicar a Cardozo la paternidad de todos los descalabros sufridos, y particularmente de los más recientes, es una necedad y una injusticia…

Si el América lo superó en toda la línea en los dos partidos de la semana pasada, no fue porque José dispusiera un planteamiento defensivo y renunciara de antemano a la victoria. El Guadalajara no generó acciones ofensivas promisorias, aunque Van Rankin, Ponce, Brizuela y hasta los centrales Pereira y Mier incursionaron sistemáticamente en territorio adversario, pero no por un planteamiento medroso sino por algo que solo con una venda en los ojos no se ve y sólo en nombre del fanatismo no se admite: que la calidad de sus jugadores, a veces, es inferior a la de los adversarios. Punto.

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