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Viernes, 19 de Abril 2019

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* Demasiado incienso

Por: Jaime García Elías

* Demasiado incienso

* Demasiado incienso

La victoria de México sobre Chile, el viernes, en el debut de Gerardo Martino como timonel del “Tri”, es el “palo dado”, que ya ni Dios quita…

Por supuesto, el resultado es de celebrarse… no obstante los indicios de que la victoria nubló el juicio de algunos analistas. Eso de malo tienen los triunfos: embriagan; inducen una euforia que deforma los hechos, dificulta el análisis objetivo y aleja de la realidad.

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Que se ahuyentaran los fantasmas de la derrota y aun de la catástrofe conforme se fueron desvaneciendo, felizmente, los temores de que pudiera repetirse la infausta historia del 7-0 adverso de hace casi tres años en Santa Clara, en ocasión de la Copa América Centenario, motivó manifestaciones triunfalistas: quizá más  de las deseables.

Por supuesto, la victoria del “Tri” fue nítida en el marcador (3-1) y lícita en la forma. No quedó, en ese aspecto, ninguna duda…

Sin embargo, sin pretender llevar el análisis del partido a la fórmula de “lo que hubiera podido ser” si, por ejemplo, Ochoa y Moreno no hubieran cerrado el paso a los remates de Vidal y Castillo, en el primer tiempo, o si el árbitro no hubiera marcado el penalti que permitió a Jiménez poner a los mexicanos en el camino de la victoria en el segundo, hay que reconocer, a fuerza de ser objetivos, que México tuvo en la etapa complementaria la fortuna que Chile no tuvo en la inicial.

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Las circunstancias favorecieron al “Tri”, evidentemente… sin necesidad de que el suyo fuera un partido redondo. Lo más encomiable, así, independientemente del resultado, fue que el seleccionado mexicano se viera ordenado; que jugara sin complejos; que supiera resolver, en el aspecto defensivo, los apremios -pocos, por lo demás- que el adversario le generó… y supiera convertir en goles, a su vez, las situaciones propicias que se le presentaron cuando la Rueda de la Fortuna dio la vuelta.

Si hubo, entre los analistas, manifestaciones triunfalistas a granel tras la calificación aprobatoria del primer examen -acaso porque es muy humana la tendencia a subirse al carro de los vencedores-, quizá lo más positivo de la historia es que ni Martino, ni los jugadores, ni los dirigentes de la Selección, hasta donde se tiene conocimiento, permitieron que el licor de la victoria los emborrachara… ni que el incienso -humo al fin- de los elogios les llenara la cabeza.

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