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Domingo, 22 de Julio 2018

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* ¡Bingo…!

Por: Jaime García Elías

* ¡Bingo…!

* ¡Bingo…!

¿Croacia finalista…? ¡Por favor: eso no estaba en el script…!

Inglaterra no llegó al Mundial de Rusia inscrito en el pókar de favoritos. Adquirió esa calidad al darse de alta, por méritos propios, en la cuarteta de semifinalistas... Uno de ellos honró esa calidad: Francia. Otro se ganó a pulso, ayer, la etiqueta de “Equipo Cenicienta” del certamen: Croacia. Su mayor mérito consistió en burlar el pronóstico que para el duelo ante Inglaterra, precisamente, le asignó el papel de casi segura víctima.

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El “pedigrí” no juega, ciertamente, pero pesa mucho en un Mundial de futbol…

Cuando Francia, Bélgica, Inglaterra y Croacia llegaron a la antesala de la Final, los observadores, en automático, repararon en los dos que ya estaban inscritos en el cuadro de honor: Inglaterra, campeón de “su” Mundial en 1966, y Francia, ganador del que fue anfitrión en 1998. (Del título del primero, por cierto, aún se recuerda el “gol fantasma” de la Final ante Alemania, y se sostiene que “si el VAR —ni en sueños en ese tiempo— se hubiera aplicado entonces, probablemente ese gol se habría anulado, y el desenlace de la historia también habría sido diferente”).

Sobre los hechos consumados, a Francia, único sobreviviente de los cuatro escuadrones que llegaron a Rusia con la etiqueta de favoritos, se le ve como lógico finalista. (Alemania, España y Brasil, como es del dominio público, fueron las grandes decepciones)… A Croacia, como el “colado” que comió, bebió y bailó… aunque llegó a la fiesta sin invitación.

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Los balcánicos, ayer, más que levantarse de la lona, se salieron de la tumba. Entraron condenados, como ya se apuntó, al rol de patos. Trippier, a los cinco minutos de partido, con un tiro libre ejecutado en forma magistral, pareció poner la rúbrica del actuario sobre el acta de defunción que ya se llevaba preparada. El resto sería cuestión de mero trámite.

Modric, Rakitic, Mandzukic y socios, sin embargo, se rebelaron. Gradualmente, mientras los ingleses, con ventaja en el marcador, parecían aferrarse a sus añejas fórmulas —el pelotazo y el carrerón: nada que ver con el toque que impera actualmente en la Premier League—, Perisic rompía el acta de defunción, y Mandzukic, ante la sorpresa generalizada, ya en el segundo tiempo de la prórroga, tiró los pedazos a la basura.

Los juglares guardaron silencio. Para cantar esta epopeya no tenían nada preparado.

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