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Miércoles, 20 de Junio 2018
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- Sietemesino

Por: Jaime García Elías

- Sietemesino

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Si, como dicen, “para ser torero lo primero que se necesita es parecerlo”, vale deducir que “para ser Presidente —perdón por la rima—… por lo consiguiente”.

-II-

José Antonio Meade Kuribreña, hoy por hoy, no parece Presidente. Su imagen actual no proyecta la personalidad de Primer Mandatario que, en las circunstancias que hasta hace unos años —en los tiempos de la “dictadura perfecta” que imperó en México durante siete décadas— se tenían por normales. Su sonrisa tímida contrasta con la seguridad en sí mismo que debería emanar de quien aspira a ser Jefe de la Nación en un país pujante, pese a todo. Su historial, para el ciudadano común, es irrelevante. Que los valedores que a partir de su “destape” han saltado hasta debajo de las piedras, sostengan y hasta juren que ha demostrado ser un funcionario capaz, no hacen del hoy precandidato priista el favorito para ganar la elección presidencial del año próximo. Que él mismo sostenga que durante sus 20 años como servidor público se desempeñó “con integridad y honradez”, difícilmente sería argumento suficiente para convencer a los ciudadanos, si mañana fueran las elecciones, de votar por él… Ni siquiera sus apellidos son de los que abundan en el directorio telefónico.

-III-

Meade, como precandidato, es un proyecto apenas. Es una hoja en blanco. La maquinaria gubernamental tiene plazo de aquí al primero de julio de 2018, para que el personaje gris que El Gran Elector se sacó de la manga el lunes pasado, remonte, a partir prácticamente de cero, en las encuestas; para confeccionarle un discurso; para construir una imagen; para que el sietemesino se logre, en suma.

En ese breve lapso, Meade y el aparato que lo acompaña tendrán que elaborar, proyectar y “vender” a los ciudadanos que irán a las urnas, primero, la necesidad de que lo hagan, y luego, un programa de Gobierno seductor, atractivo, capaz de obtener votos… aunque no necesariamente creíble.

No necesariamente creíble, en efecto, porque los ciudadanos con algunas horas de vuelo han aprendido, a la vuelta de tantos desengaños, que las promesas de candidato no necesariamente se transforman en realidades de gobernante, y los de nuevo cuño difícilmente comulgan con ruedas de molino como la ilusión de que cambiar al gobernante, cambie, ipso facto, para bien, al país.

Colofón: Aun los que no han leído a Lampedusa intuyen que el proyectado para mediados de 2018 será un ejercicio gatopardesco: “Cambiarlo todo… para que todo siga igual”.

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