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Jueves, 19 de Julio 2018

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- Episodio macabro

Por: Jaime García Elías

- Episodio macabro

- Episodio macabro

Puesto en clave de literatura, el tema de un cadáver decapitado, encontrado en los suburbios de una gran ciudad, puede servir de pretexto para abordar los fenómenos que propician un episodio macabro de ese calibre. De hecho, Antonio Tabucchi –quien murió sin alcanzar el Premio Nobel de literatura– escribió “La cabeza perdida de Damasceno Monteiro” para abordar, tangencialmente, asuntos como la crueldad de la Ley del Hampa vigente en el mundo de las drogas, o la corrupción policiaca. En la relativamente corta novela del escritor portugués se abordan temas anticipados en la solapa: el abuso del poder, la tortura, las minorías marginadas y la miseria y la brutalidad humanas.

Nada privativo de la sociedad portuguesa, ciertamente. Nada de lo que Guadalajara (“Ciudad Amable”, recuérdese…) esté exenta.

-II-

La noticia, nuevamente, puso a Guadalajara en el mapamundi de la información. Al lado de las crónicas relacionadas con la Feria Internacional del Libro, la prensa europea dedica un espacio a la nota del día: el hallazgo de dos cabezas cercenadas, la madrugada del martes, en la ciudad que insiste en ser reconocida como un emporio de la cultura –una de las formas más refinadas de la civilización; la antítesis exacta de la barbarie– en México y América Latina.

Que las muertes violentas en Guadalajara y sus alrededores sean el pan de cada día, ya no es noticia. Si –como se comentó ampliamente la semana pasada, a raíz de la trágica muerte de un ejecutivo de una prominente empresa de telecomunicaciones– en 2017 se están rompiendo todos los récords en materia de violencia en México, el episodio de referencia sugiere que la otrora “Perla de Occidente” no es, en ese aspecto, ni un remanso de amor al prójimo ni un oasis de respeto a la vida humana.

-III-

La noticia consiste en que lo ocurrido rompe el patrón del crimen aislado y un tanto fortuito. El suceso implica una sucesión de conductas deliberadas: la selección de las víctimas; la saña con que fueron privadas de la vida; la intención no sólo de enviar un mensaje sino de lanzar un reto, firmado por los remitentes, a las autoridades.

No se trata, por tanto, de una simple muestra de que Guadalajara dejó de ser “Casi el Paraíso” –con la venia de Luis Spota– que fue, sino de una dolorosa señal de que la incapacidad del sistema para atacar el mal de la criminalidad desde su raíz, está haciendo metástasis en la sociedad.
 

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