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Domingo, 26 de Mayo 2019
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- Contingencias

Por: Jaime García Elías

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Pregunta: ¿sirven de algo medidas como las que toman las autoridades a raíz de contingencias ambientales como las que sistemáticamente aquejan a los habitantes de la Ciudad de México -y que a últimas fechas se han agudizado- o como las que ocasionalmente padecen los de Guadalajara y anexas a raíz de los incendios forestales en el Bosque de La Primavera?

Respuesta: sí, ciertamente sirven de algo…

Otra pregunta: ¿tales medidas son de eficacia inmediata y de utilidad en el mediano o largo plazo?

Respuesta: no; rotunda y categóricamente, no.

-II-

Casi todas las medidas que disponen las autoridades en casos como los que se indican, son meros paliativos. Muchas de las recomendaciones usuales en tales circunstancias, son inaplicables. La de preferir el transporte colectivo al vehículo particular, por ejemplo, es ilusoria: si un porcentaje significativo de automovilistas optara, en efecto, por el transporte público, éste, que de ordinario opera al límite o por encima de su propia capacidad, sería insuficiente para satisfacer esa demanda. La de restringir la circulación de automóviles mediante esquemas como el programa “Hoy no circula”, generó, desde el principio (“Hecha la ley, lecha la trampa”, reza el adagio…), reacciones perversas; verbigracia, la adquisición de un segundo automóvil, no necesariamente nuevo, no necesariamente “no contaminante”… y que, además, circula regularmente los días que puede hacerlo sin quebrantar la norma restrictiva.

En el caso de Guadalajara, restringir el acceso de ciclistas al Bosque de La Primavera, difícilmente reducirá los incendios forestales, puesto que no son los inofensivos ciclistas los principales agentes -accidentales o intencionales- de tales conflagraciones.

-III-

En el fondo del asunto está la regla de que, en los países del Tercer Mundo, sin llegar al extremo de sostener que las grandes ciudades son insostenibles, la experiencia demuestra que sus habitantes tienen que pagar precios cada vez más altos por las bondades que aquéllas les reportan. A cambio de empleos (insuficientes y precarios muchos de ellos) y servicios públicos (ídem), tienen que soportar el calvario cotidiano de la inseguridad y las distancias.

La solución radical estriba en frenar el crecimiento desordenado de las grandes ciudades, promover las ciudades medias -de, a lo sumo, un millón de habitantes-, impulsar la creación de fuentes de empleo y dotarlas de servicios (escuelas, hospitales…) que las hagan atractivas para sus moradores y frenen la migración hacia las primeras como medida desesperada de sobrevivencia.

Eso dicen los urbanistas. Lamentablemente, las decisiones, en esta materia, no las toman los urbanistas… sino los políticos.

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