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Domingo, 16 de Diciembre 2018

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- Cinco millones

Por: Jaime García Elías

- Cinco millones

- Cinco millones

Ni es lo mismo “Los Tres Mosqueteros” que “Veinte años después”, ni es lo mismo “El Tapatío Un Millón” que el tapatío cinco millones. Al primero, Juan José Francisco Gutiérrez Pérez, hijo de un modesto cartero, se le recibió el 8 de junio de 1964 con fanfarrias y cohetes. Su nacimiento sería –se dijo entonces– un parteaguas en la historia de Guadalajara. Si Neil Armstong, al convertirse en el primer terrícola que ponía un pie en la Luna, diría, cinco años después, que el hito era “un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”, el nacimiento de El Tapatío Un Millón marcaba el gran salto que sus paisanos de entonces pedían a gritos: de “rancho grande” a metrópoli…

-II-

El nacimiento del tapatío cinco millones –así: con minúsculas– ocurrió el martes pasado. Nadie organizó festejos en su honor ni promovió homenajes para sus afortunados padres. No se publicó el acontecimiento en los periódicos. Nadie se tomó la molestia, siquiera, de registrar y difundir los nombres de sus padres. No se supo con exactitud en cuál de los nueve municipios que integran la Zona Metropolitana de Guadalajara vio la luz primera. Vaya: ni siquiera se supo si fue niño o niña… Pasó –literalmente– de noche.

A “El Tapatío Un Millón” se le asoció con la designación del primer cardenal mexicano (el arzobispo José Garibi Rivera), con la irrupción del primer “Campeonísimo” del futbol mexicano (el Guadalajara) y la coronación del primer mexicano como campeón mundial absoluto de boxeo (José Becerra). Una canción de la época lo proclamaba así: “Jalisco tiene tres cosas / que hacen la Tierra temblar: / su equipo Guadalajara, / Becerra y el Cardenal”. Guadalajara aparecía en el mapamundi.

-III-

La población de Guadalajara (el municipio) ha tenido un decremento gradual en las últimas décadas, a medida que sus habitantes tienden a desparramarse hacia los municipios vecinos y muchos inmigrantes se asientan en la periferia. El crecimiento de la mancha urbana, por desordenado y anárquico, ha ocurrido en detrimento de la calidad de vida de sus habitantes. Los pronósticos de algunos urbanistas, en el sentido de que la urbe dejaría de crecer en unos años, hasta ahora han sido burlados por los hechos. Los planes que apuntan a que ese proceso de degradación se frene y se revierta, están a la mitad del camino entre las promesas de los políticos –que pocas veces se cumplen...– y la ciencia ficción.
 

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