Viernes, 21 de Enero 2022

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- Caravanas

Por: Jaime García Elías

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Todos deciden dejar atrás lo poco que tienen -familia, raíces, cultura, unos cuantos tiliches...- en busca de una vida mejor para ellos y sus hijos. Saben que se juegan un albur con el destino, y que éste suele utilizar dados cargados. Pocos ganan. Casi todos vuelven a sus orígenes, frustrados, derrotados, amargados y aún más empobrecidos; no pocos, lisiados: con un brazo o una pierna cercenados por las ruedas de los ferrocarriles en que tratan de abreviar su travesía. Otros perecen en el camino: verbigracia, las 55 víctimas de la volcadura, a inmediaciones de Chiapa de Corzo, del trailer en que más de 150 centroamericanos viajaban hacinados la semana pasada.

-II-


Omisas, pasivas, casi contemplativas hasta entonces, las autoridades mexicanas “tomaron cartas en el asunto” a raíz de la tragedia. Lo hicieron, empero, salvo prueba en contrario, más para efectos mediáticos que con la resuelta intención -valga la analogía- de “tapar el pozo” después de los 55 niños muertos.

Más allá de las ampulosas declaraciones sobre “la cooperación” con los gobiernos de los países centroamericanos -Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, República Dominicana...- que incitan a miles de hombres, mujeres y niños a atravesar todo el territorio mexicano, en patéticas “caravanas”, para acercarse -no necesariamente para llegar- a “La (hipotética) Tierra Prometida”, se anunció “la creación de un grupo de acción contra la red de traficantes de personas, responsable del accidente”: una “red” que seguramente opera desde tiempo inmemorial, que probablemente lo hace con conocimiento y tal vez hasta con la complicidad de las autoridades mexicanas, pero de cuya existencia nunca se había hablado... y a la que evidentemente no se había combatido frontalmente hasta antes del escándalo ocasionado por la tragedia.

-III-

“Atender las causas” de la migración, mediante una acción conjunta de todos los gobiernos involucrados -los de origen, los de tránsito y el de destino-, como ha solicitado el Presidente López Obrador, no sucederá de un día para otro. En el mediano plazo, es posible que el gobierno norteamericano regularice a los once millones de latinos que se estima residen ya ilegalmente en su territorio. La perspectiva de que se facilite la migración de quienes huyen de su propio país por las situaciones de miseria y violencia que confrontan, empero, es remota.

Así, abandonar su país y pasar por México para llegar a su destino (utópico... y muchas veces inalcanzable), ocasionalmente equivale -55 muertes lo confirman- a saltar de la sartén al fuego.

jagelias@gmail.com

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