Las plantas potabilizadoras que abastecen a la Zona Metropolitana de Guadalajara arrastran rezagos de mantenimiento y modernización, principalmente en Miravalle, lo que ha derivado en agua contaminada, con olor y color que llega a, al menos, 342 colonias. Aunque existen inversiones y rehabilitaciones recientes, informes estatales reconocen deterioro de filtros, infraestructura que superó su vida útil y limitaciones para aprovechar las fuentes de abastecimiento.El Plan Estratégico de Gestión Integral del Agua admite deterioros en la Planta Potabilizadora Número 1 (PP1), disminución en capacidad de filtros y una vida útil que ya fue superada. En 2022 se invirtieron poco más de 67 millones de pesos en la rehabilitación y modernización de estos equipos; tres años después se destinaron más de 36 millones para la construcción de un sistema de izaje y un tanque de retro lavado. Sin embargo, el gobernador Pablo Lemus reconoció que el estado actual del sistema requiere siete mil 500 millones de pesos.Aunque contaba con una capacidad para procesar hasta nueve mil litros por segundo, la PP1 opera con niveles cercanos a los cinco mil litros. Recibe agua de Santiago–Atequiza–Las Pintas; el Gobierno estatal identifica este sistema de abastecimiento como el problema por el cual miles de viviendas en la metrópoli reciben agua contaminada, pues se han detectado descargas irregulares.Las otras plantas potabilizadoras de la ciudad presentan la misma situación. Las Huertas recibió mantenimiento durante los operativos de Semana Santa de 2022 y 2023, que incluyeron el sistema Chapala-Guadalajara, Miravalle, estaciones de bombeo y macrotanques. Fueron inversiones de 8.7 y cerca de siete millones de pesos, respectivamente, aunque no se desglosó cuánto recibió la planta. En enero de este año fue incluida en 36 acciones en cinco instalaciones para limpiar tanques, canales y clarificadores, mantener bombas y sustituir piezas.La planta de San Gaspar, sistema que el Gobierno del Estado considera necesario intervenir para mejorar la calidad del agua, recibió en 2025 9.94 millones de pesos para ingeniería básica para su ampliación y un estudio de preinversión. En 2023 se reportaron 14.5 millones para ampliar la generación, almacenamiento y dosificación de dióxido de cloro. En 2022 fueron 70.71 millones para mejorar nueve filtros e instalar un sistema de inyección de dióxido de cloro para controlar fierro y manganeso. En 2019 hubo obras en tanques, clarificadores y equipos periféricos por 33.27 millones, pero el Estado reconoce que el sistema requiere una inversión de tres mil millones de pesos.Ambas potabilizadoras iniciaron operaciones en 1991. Las Huertas, según el Imeplan con datos del SIAPA de 2022, procesa cerca de mil 300 litros por segundo –por debajo de su capacidad de diseño de dos mil litros-; San Gaspar tiene una capacidad efectiva de tratamiento de dos mil 300 litros por segundo.La planta potabilizadora Toluquilla es operada por FYPASA. La auditoría del SIAPA de 2023 identifica a Operadora de Ecosistemas como la empresa contratada para producir, potabilizar y entregar mil litros por segundo. En la revisión de fuentes públicas no se localizaron reportes que detallen trabajos de mantenimiento e inversiones entre 2022 y octubre de 2026. Arturo Gleason, especialista en agua y ciudad y académico de la Universidad de Guadalajara, señaló que las administraciones privilegiaron proyectos de abastecimiento, como las presas Arcediano y El Zapotillo, mientras dejaron de lado la operación, el mantenimiento, la actualización y el monitoreo del sistema. Explicó que la PP1 de Miravalle, construida en 1956, tuvo ampliaciones para responder al crecimiento de la metrópoli, pero sostuvo que por su antigüedad y el desgaste por su uso presenta mayor deterioro que otras plantas potabilizadoras de la ciudad.El académico advirtió que no hay información actualizada sobre las condiciones de las redes y los tanques de almacenamiento y señaló que traer más agua mediante nuevas obras no garantiza resolver la problemática si el líquido vuelve a contaminarse al ingresar al sistema de distribución. La falta de mantenimiento también afecta a las demás plantas potabilizadoras, sin embargo, distinguió el caso de Miravalle porque recibe el 60% del abastecimiento de agua del lago de Chapala, lo que implica mayor utilización de los equipos.Gleason planteó que ese diagnóstico defina los proyectos necesarios y sus prioridades. También señaló que deben analizarse las variaciones de presión y caudal en las redes para conocer su comportamiento ante los tandeos.Por su parte, Carlos Ornelas, coordinador del Centro de Ciudades Hidroadaptativas de la Universidad Panamericana, ubicó el deterioro de la planta de Miravalle desde hace más de ocho años, cuando, señaló, se dejó de dar mantenimiento preventivo y correctivo a los equipos y comenzaron las limitaciones de recursos para adquirir insumos de potabilización. Detalló que el proceso convencional de la planta responde a las características del agua de hace 70 años, cuando la preocupación era remover la turbiedad. Sin embargo, afirmó que las conducciones reciben actualmente descargas municipales y otros contaminantes que requieren actualizar los procesos de tratamiento. Ornelas señaló que la modernización de la PP1 debe avanzar junto con el bypass de La Calera y el acueducto sustituto desde Chapala, para evitar el deterioro del agua durante su traslado por la conducción a cielo abierto. Consideró necesario que Jalisco, los estados de la cuenca del río Lerma- Santiago y la Federación trabajen en conjunto para sanear el cuerpo de agua y atender las descargas que llegan a Chapala, como parte de una intervención integral.“Tenemos que verlo de forma integral desde donde nace el río Lerma, del Estado de México hasta Chapala, en su cuenca propia también, que estén saneadas las aguas que descargan los municipios”, afirmó.Sobre la atención a las plantas potabilizadoras, sostuvo que el mantenimiento comenzó a tomarse con seriedad hasta que detonó la crisis por mala calidad del agua que reciben, al menos, 342 colonias en la metrópoli. Pidió atender las soluciones sin tintes partidistas y con criterios técnicos; señaló que los jaloneos políticos afectan a los ciudadanos porque detienen o dificultan los avances para resolver la problemática.Análisis ciudadanos independientes detectaron plomo y mercurio en muestras de agua de la Zona Metropolitana de Guadalajara, como parte de un monitoreo cuyos resultados fueron publicados el 5 de octubre. Durante este año, la Universidad de Guadalajara y autoridades sanitarias también presentaron hallazgos de revisiones realizadas en viviendas y puntos de abastecimiento de la metrópoli.El monitoreo ciudadano, iniciado en marzo, acumuló 256 muestras tomadas en 110 colonias de cinco municipios, informó María González Valencia, directora del Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario, durante la presentación del diagnóstico del Consejo Social y Científico por el Agua. Las revisiones abarcaron Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y algunos puntos de Tlajomulco.32 muestras presentaron plomo y 17 mercurio; además, se reportó aluminio en 15 y hierro en nueve. González Valencia identificó 19 colonias con exposición a plomo y mercurio. También señaló la detección de coliformes fecales en seis puntos de cuatro colonias y de coliformes totales en Guadalajara y Tonalá.Otro análisis fue presentado por especialistas de la Universidad de Guadalajara el 18 de marzo. Aída Alejandra Guerrero de León, jefa de la Unidad de Análisis Ambiental del Instituto de Energía Renovable del Centro Universitario de Tonalá, informó sobre una revisión de agua del fraccionamiento Del Moral, en ese municipio, donde encontraron características de olor y color que calificó como inaceptables.La investigadora explicó que analizaron microorganismos presentes en el líquido y observaron algas y restos vegetales. Señaló que esos hallazgos evidenciaban falta de tratamiento y planteó ampliar las investigaciones para generar información sobre los riesgos.Por su parte, en 53 de los 242 registros de muestreo domiciliario publicados por el SIAPA para enero-junio de 2026, la turbiedad superó el límite de tres unidades establecido por la NOM-127-SSA1-2021. El valor más alto fue de 7.5 unidades, registrado el 27 de enero: dos veces y media el parámetro permitido. También aparecen resultados de siete unidades el 29 de enero y de 6.3 el 9 de febrero.En cloro libre residual, nueve registros quedaron fuera del intervalo de 0.2 a 1.5 miligramos por litro establecido en la NOM-127-SSA1-2021. Siete presentaron un valor de cero, mientras otros dos alcanzaron tres miligramos por litro, el doble del máximo permitido: uno corresponde al 8 de mayo y otro al 3 de junio.Respecto al color verdadero, 15 resultados superaron el límite de 15 unidades de platino-cobalto. El mayor valor publicado fue de 25 unidades, en un registro del 25 de junio. En los 242 registros, los coliformes fecales aparecen como no detectables. El análisis también presenta temperatura y color aparente, pero no incluye resultados de plomo, mercurio u otros metales.