Domingo, 11 de Octubre 2026
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Cultura

Teatro para bebés: una experiencia que va más allá del escenario

El Festival Internacional de Teatro para la Primera Infancia apuesta por propuestas artísticas para las primeras infancias y por actividades que integran a madres, padres, docentes y comunidades de Guadalajara

El Informador

El teatro para bebés, niñas y niños pequeños busca salir de las salas convencionales. En su undécima edición, el Festival Internacional de Teatro para la Primera Infancia (FITPA) llevará del 16 al 25 de octubre espectáculos y actividades de formación a distintos espacios de Guadalajara y su zona metropolitana. La programación incluye seis puestas en escena y 15 funciones.

Isamar Buenrostro, integrante del equipo del FITPA y actriz en una de las obras de esta edición, señala que el festival ha buscado ampliar sus redes de colaboración para construir una programación que acerque las artes escénicas a públicos de distintas edades y contextos.

“Tenemos un total de 15 funciones en distintos espacios, de seis puestas en escena, dos de ellas internacionales”, explica en entrevista con EL INFORMADOR.

La programación contempla propuestas de México y España, con funciones en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, El Globo, Museo de la Niñez, así como actividades en centros comunitarios y otros espacios. Entre los montajes internacionales figura “Amamá”, de España.

Buenrostro destaca que una de las características que debe compartir una propuesta escénica dirigida a bebés y niñas y niños pequeños es una relación distinta con el público.

“Principalmente, debe tener una mirada sensible hacia el universo de la infancia, una búsqueda por un acercamiento lo más horizontal posible”, afirma.

La relación con el público, agrega, está por encima de la dimensión técnica de una puesta en escena. Aunque existe un trabajo de producción y un rigor escénico, el festival pone especial atención en el vínculo entre intérpretes y espectadores.

“Debe importar siempre más la relación con el otro, con el compañero de escena y con los espectadores que están ahí”, señala.

El FITPA también plantea que la experiencia no termina cuando concluye una función. Por ello, su programa incorpora talleres dirigidos a madres, padres, docentes, creadores y otras personas que forman parte del entorno de la primera infancia.

Buenrostro explica que el festival entiende estas actividades como una forma de acompañar la experiencia artística desde otros ámbitos.

“Una de las premisas de FITPA es ser un espacio para la crianza, un espacio de convergencia entre las artes y la crianza respetuosa. Entonces, precisamente buscamos acompañar eso: que no se quede solo como una experiencia artística y cultural, sino que también haya un espacio más pedagógico y de aprendizaje”, apunta.

El FITPA llevará seis puestas en escena y 15 funciones a distintos espacios de Guadalajara y su zona metropolitana, del 16 al 25 de octubre. ESPECIAL

El programa incluye actividades como “BB con Tacto: caricias e historias para conectar”, yoga para niños y familias, y el taller Metodologías lúdicas y creativas para la primera infancia, además de otras propuestas dirigidas a quienes trabajan o conviven con bebés.

La intención, explica Isamar, es que las herramientas adquiridas durante el festival tengan continuidad más allá de las fechas de programación.

“Se buscan estos talleres que acompañan desde padres y madres de familia hasta maestras y maestros, como toda la red de personas que formamos parte de la comunidad que también está cerca de los bebés”, comenta.

Otro de los objetivos de esta edición es llevar las actividades a espacios donde el acceso a una sala de teatro no necesariamente forma parte de las posibilidades cotidianas de las familias. Por ello, el festival contempla funciones especiales de entrada libre en espacios comunitarios.

Buenrostro enfatiza que buscan ampliar los espacios donde se presentan las obras y propiciar una discusión sobre el acceso a las artes.

“Sabemos que puede haber actividades a las que no todas las familias puedan asistir, pues para muchas personas quizá no sean una prioridad, y se entiende, pero aun así sigue siendo un derecho”, sostiene.

Por segundo año consecutivo, el festival comenzará sus actividades en un espacio distinto de una sala teatral. La inauguración será el 16 de octubre en Casa Hogar La Esperanza, con el taller “Una flota de papel”, impartido por A la Deriva Teatro y dirigido a las niñas y los niños que viven en esta institución.

También habrá funciones gratuitas de “Nantli, la tierra espera”, de A la Deriva Teatro, en El Globo, Museo de la Niñez; “Mikaela y Alonso descubren el mundo del yoga”, de Marandina, en Kóokay - Centro Cultural Comunitario; y “En el río, río”, de Dionisiacas Colectivo Teatral, en el Centro Cultural Santa Cecilia.

“Lo que buscamos es ir a distintos espacios, a distintas comunidades, para llevar tanto las funciones como los talleres y tratar de democratizar las artes y todos estos acercamientos”, explica Isamar.

El FITPA tendrá, además, funciones en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, donde se presentarán “En el río, río”, “Aprender y olvidar”, “Primaveras”, “Amamá” y “Aburrido”. “Primaveras” es un estreno en el que Buenrostro participa como actriz.

Para las familias que todavía consideran que un bebé es demasiado pequeño para acudir al teatro, Isamar propone entender la experiencia desde otra perspectiva: no necesariamente como algo que el niño tendrá que recordar, sino como una vivencia que ocurre en el presente e involucra los sentidos.

“Van a ser sus primeras experiencias artísticas en conjunto con otras familias, parte de lo bueno de FITPA, toda la comunidad que se genera”, señala. A lo que añade: “Aunque más adelante no se los puedan contar, no se acuerden, van a ver que sí es algo que trasciende”.

Además de las funciones teatrales, el festival ofrecerá talleres para familias, docentes y creadores. ESPECIAL

BENEFICIOS EN LOS NIÑOS

Pequeños espectadores, grandes descubrimientos

Un bebé quizá no pueda contar la historia que acaba de ver en escena, pero puede seguir con la mirada un objeto que se mueve, reaccionar ante una melodía, sorprenderse con una sombra o responder con una sonrisa al gesto de un intérprete. Para disfrutar del teatro no hace falta conocer las palabras: también se puede descubrir una historia a través del cuerpo, los sonidos, los colores y las emociones.

Las artes escénicas dirigidas a la primera infancia parten de esa posibilidad. En lugar de exigir que niñas y niños pequeños comprendan una narración como lo haría una persona adulta, les ofrecen un espacio para explorar, sentir y relacionarse con lo que sucede a su alrededor. La experiencia no depende únicamente de entender el argumento, sino de participar, a su manera, en un encuentro con el arte.

Durante los primeros años de vida, el aprendizaje ocurre también a través de los sentidos, el juego y la interacción con otras personas. Las orientaciones del Departamento de Educación del Reino Unido para la educación inicial reconocen que las experiencias artísticas pueden favorecer la creatividad, la comunicación, la imaginación y la expresión personal. El teatro reúne varias de estas posibilidades en un mismo espacio: una voz puede despertar curiosidad, un movimiento puede provocar una carcajada y un objeto cotidiano puede transformarse, ante los ojos del público, en algo extraordinario.

La experiencia también pasa por las emociones. Antes de poder nombrar lo que sienten, los bebés expresan sus reacciones mediante gestos, miradas, sonidos y movimientos. Una función puede ofrecerles nuevas situaciones que observar y explorar, mientras las personas adultas que los acompañan tienen la oportunidad de reconocer sus respuestas y compartir con ellos el descubrimiento.

En ese intercambio, el teatro se convierte en una experiencia compartida. Madres, padres y cuidadores no solo llevan a los pequeños a ver una obra: también pueden descubrir qué les llama la atención, cómo responden a determinados sonidos o qué elementos despiertan su curiosidad. Después de la función, conversar, jugar o recordar algún momento permite prolongar la experiencia más allá del escenario.

Las historias, las canciones, los ritmos y los diálogos también acercan a niñas y niños al lenguaje. Escuchar nuevas palabras, observar cómo se comunican los personajes y reconocer gestos contribuye a ampliar sus experiencias comunicativas. No significa que una obra produzca automáticamente avances en el habla, sino que puede ofrecer oportunidades para escuchar, observar e interactuar en un entorno distinto al cotidiano.

El teatro estimula los sentidos, despierta emociones y acerca a las infancias al arte. ESPECIAL

La imaginación encuentra, a su vez, un terreno fértil. En el teatro, una tela puede convertirse en un río, una caja puede esconder un universo y un movimiento puede sugerir el vuelo de un pájaro. Estas transformaciones invitan a mirar los objetos de otra manera y se relacionan con el juego simbólico, mediante el cual las niñas y los niños comienzan a representar situaciones, explorar posibilidades y construir sus propias interpretaciones del mundo.

Sin embargo, una función para bebés no consiste simplemente en presentar un espectáculo convencional ante un público más pequeño. Requiere considerar sus necesidades y formas de participación: cuidar la intensidad de los sonidos y los estímulos visuales, adaptar la duración, propiciar una atmósfera acogedora y permitir que cada espectador reaccione de manera espontánea.

Un bebé puede permanecer atento durante una escena y después moverse, emitir sonidos, reír o perder el interés. Nada de eso significa necesariamente que la experiencia haya fracasado. A estas edades, participar no equivale a permanecer inmóvil o guardar silencio. Las propuestas escénicas para la primera infancia buscan abrir un espacio en el que el asombro, el movimiento y la exploración también tengan lugar.

Acercar el teatro a los primeros años de vida implica, además, reconocer que la cultura no es un privilegio reservado para quienes ya pueden comprender una obra o permanecer sentados en una butaca. Las niñas y los niños pequeños también tienen derecho a encontrarse con distintas expresiones artísticas, y ese acercamiento puede comenzar mucho antes de que aprendan a leer o a hablar con fluidez.

Quizá años después no recuerden aquella primera función. No importa. El valor de la experiencia no depende de que puedan reconstruirla de adultos, sino de lo que ocurre mientras la viven: la sorpresa ante una imagen, la emoción que provoca una canción, el descubrimiento de un movimiento o la posibilidad de compartir algo nuevo con otras personas.

Porque el teatro no solo cuenta historias. También abre espacios para sentir, imaginar y descubrir el mundo. Y para eso, nunca es demasiado pronto.