Sábado, 27 de Noviembre 2021
Gente Bien | Columna

Belleza, ¿superficial?

Gracias a las notas y entrevistas que hice de belleza cambió mi percepción sobre la vanidad y entendí que va ligada a la autoestima 

Por: Aracely Aguilera

Photo by Tamara Bellis on Unsplash

Photo by Tamara Bellis on Unsplash

En mi época de preparatoria siempre pensé que la vanidad era una tontería, que si te querían pues que te quisieran y aceptaran así como eres. Entonces lo mismo me daba irme en pants que en jeans. Pero eso es fácil verse bien cuando tienes 16 años y no necesitas mas que un brillo labial para salir a la calle.

Con el tiempo, nuestra percepción de la vanidad puede ir cambiando / Photo by Feeh Costa on Unsplash

Con el tiempo fui pensando diferente. Al entrar a la universidad tuve que cambiar un poco mi manera de vestir, no tanto pues porque había una división muy particular y divertida dependiendo del edificio de las licenciaturas. Es decir, estaba primero el edificio de las carreras administrativas, entonces veías todo un outfit ejecutivo entre las estudiantes o no faltaban los de corbata que seguramente trabajaban en el banco o algo relacionado. Este era el edificio 2, con toda la elegancia y el buen vestir.  

Yo me ubicaba en el área de Humanidades, ¡qué cosa! Era del cielo a la tierra, bien podías ver llegar a alguien en patineta a la escuela; obviamente cabelleras de colores, no sólo en mujeres sino también en hombres; looks relajados, cómodos, gente en los jardines platicando, vestuarios alternativos y en verdad, habría creatividad en todos los espacios. Era inevitable. Eso me hacía sentir cómoda, a gusto, sin presión de ningún tipo.

Un área que nunca entendí y de la que jamás me sentí parte fueron las ingenierías. Se respiraba el conocimiento y el contacto con seres superiores (lo digo de broma) que amaban las matemáticas y cuadrados cuadrados sí eran, al igual que sus camisas (jajajaja) es que casi todos así las traían, sin faltar una chamarra y lentes. Así es como los recuerdo y jamás tuve un amigo ingeniero (amiga sí y es la más eficiente en todos los aspectos, así que mejor no opino).

Entre todas las clases que tomé en la universidad, las cuales me parecían fascinantes, estaba por ejemplo fotografía, análisis cinematográfico, televisión, historia del arte y más, hubo una que me llamó la atención y era “Etiqueta laboral”, yo decía, qué es eso, para qué me sirve. En fin. La tomas porque no hay opción y creo que aprendí más de lo que esperaba. Ella nos decía, entre otras cosas, que debías saber qué ponerte para ir a una entrevista (laboral o periodística) y que de la manera en que vistes es tan determinante que sólo al mirarte sabrán si te podrán tomar en serio o no. Dicen que nunca hay una segunda oportunidad para una primera impresión y creo que tienen razón. La ropa que elijes son mensajes que mandas a los demás. Hasta la manera en que llegas vestido a una posada laboral o lo mucho que puede decir de ti un escote, sobre todo si tendrás una entrevista. ¿Cómo quieres que se fijen en tus conocimientos al tener un gran escote frente a ellos?  Supongo que también se trata de sentido común. Me costó entenderlo pero es cierto.

Fui comprendiendo que no es lo mismo salir con la “cara lavada” a los 17 que a los 40 años. No es. Otra de mis revelaciones fue saber que la vanidad está conectada con algo muy delicado e importante que es el autoestima. Eso me derrumbó, por completo. Jamás lo hubiera ligado. Lo digo en serio.

Photo by Alexis Fauvet on Unsplash

Una vez entrevisté a una señora que tenía un negocio de uñas. En la que verdaderamente no esperaba nada emocionante. Ella me dijo que comprobaba cómo cambiaba el autoestima de sus clientas al llegar y al salir. Que arreglarse las uñas o no, puede cambiar no sólo el autoestima sino la seguridad. Con las manos hablamos, nos expresamos y hasta el hecho de firmar, con unas uñas lindas, te da un plus. ¿Es banal? Sí, pero es cierto. Alguien me dijo que yo platicaba con las manos y no me había dado cuenta, entonces, esta señora de las uñas me hizo fanática de esto, ahora no me siento bien si no tengo unas uñas perfectas y bien cuidadas. Supongo que es parte de la presentación. Lo mismo ocurre con tu cabello arreglado, con tu ropa bien elegida y un maquillaje que te haga lucir. Eso te da seguridad, te sientes bien, te alegra. Cuando trabajas eso es muy importante y te acostumbras, vas adquiriendo cositas en tu closet para ir complementando tus vestuarios, compras un labial, luego ves que te falta un maquillaje, de pronto te haces un corte. Eso aumenta mucho de la seguridad, es parte de sentirte bien aunque sea algo superficial porque impacta directamente en ti, en tu interior.

A veces quisiera destinar más dinero a este arreglo personal de que les hablo, pero no puedo excederme. Lo importante es tener prioridades, equilibrar tus compras y cuidarlas muy bien. Muchas personas que se sienten tristes, decaídas o acaban una relación, acuden al salón de belleza para sentirse mejor, porque además en las estéticas hay psicólogas que no cobran, te escuchan, mientras te hacen un corte o manicure. Son adorables. Yo también he caído en contarles cosas que luego pienso, ¿cómo le dije eso? ¿qué me pasa? Pero es parte de su trabajo, supongo, escuchar y mejorar tu imagen.   

AA 

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