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¿Recuerdas estos sonidos? La banda sonora de crecer en el México de los 90 y 2000

Desde el pregón del fierro viejo hasta los intros de Canal 5, este es un viaje auditivo por la nostalgia de toda una generación

Por: Oralia López

Aquella combinación de silbatos, pregones, canciones y voces de televisión terminó formando un paisaje sonoro propio de una época. EL INFORMADOR / ARCHIVO

Aquella combinación de silbatos, pregones, canciones y voces de televisión terminó formando un paisaje sonoro propio de una época. EL INFORMADOR / ARCHIVO

¿Recuerdas estos sonidos? El camión del gas, la campanita de los helados, el pregón del fierro viejo y las canciones de la tele fueron parte de la banda sonora de crecer en el México de los años 90 y 2000, una época en la que la calle y la televisión acompañaban buena parte de la infancia.

Los sonidos que llegaban desde la calle

Antes de que las plataformas digitales concentraran buena parte del entretenimiento, la calle tenía su propia banda sonora. Algunos sonidos anunciaban que algo estaba por llegar, mientras otros simplemente formaban parte de la rutina de las colonias.

Uno de los más reconocibles era el sonido del camión del gas LP. El sonido agudo y estridente de empresas como Z-Gas con su "¡Zeta, zeta, zeta gas!" podía escucharse a distintas horas y era una señal conocida para quienes esperaban el servicio.

También estaba la campanita de los carritos de helados o la peculiar melodía con la que se acompañaban algunos vendedores al transitar por las calles. Bastaban esas notas para identificar y saber que era el momento de salir a la calle.

Otro sonido difícil de confundir es el del fierro viejo. El pregón de "Se compran colchones, refrigeradores, estufas, lavadoras..." se convirtió en una de las expresiones más características del paisaje urbano mexicano.

A estos sonidos se sumaban el silbato del afilador de cuchillos, producido con un chiflo de tono ascendente y descendente ("¡Fiuuu-fiiiiiú-fiuuu!"), y el potente escape de vapor del carrito de los camotes, especialmente reconocible al caer la tarde ("¡¡¡¡¡PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!").

La televisión también creó una identidad sonora

Para quienes crecieron durante los años 90 y 2000, la televisión fue otra fuente de sonidos inseparables de la vida cotidiana. Un comercial, una entrada de caricatura o la voz de un identificador de canal podían reconocerse desde los primeros segundos.

Entre los comerciales más recordados aparece Duvalín, con su conocida frase: "A Duvalín no lo cambio por nada".

También están los anuncios de Juguetes Mi Alegría, cuyo mensaje "Con juguetes Mi Alegría, aprendemos y jugamos" quedó asociado a temporadas como Navidad y el Día del Niño.

En la televisión abierta, el Canal 5 tuvo una identidad sonora propia. Para quienes seguían su programación, la voz de Melquiades Sánchez diciendo "Canal 5, al servicio de la comunidad..." era inconfundible.

La programación infantil estuvo acompañada por melodías que podían identificarse desde los primeros compases.

La entrada de Dragon Ball Z, con "Cha-La Head-Cha-La" y "El poder nuestro es", se convirtió en uno de los temas asociados a la serie. Algo similar ocurrió con Pokémon y la frase "Tengo que ser siempre el mejor, mejor que nadie más...".

En Bob Esponja, el silbato de barco que aparece al inicio del tema de entrada basta para reconocer la serie incluso sin necesidad de ver la pantalla ("¡TUUUU-TUUUU!" o "¡PUIÍÍÍ-PUIÍÍÍ!").

El programa chileno 31 Minutos también dejó canciones como "Bailan sin cesar" y "Yo nunca vi televisión", mientras que El Chavo del Ocho tiene entre sus elementos más reconocibles la música de entrada.

     

A esto se suman sonidos como la "garrotera" y el conocido "pipipipipipi", expresiones que forman parte del universo de la serie.

Todos estos sonidos pertenecieron a escenarios distintos: la calle, la escuela, la televisión y las tardes en casa. Algunos anunciaban la llegada de un vendedor; otros marcaban el inicio de un programa o acompañaban los comerciales de determinadas épocas.

Para quienes crecieron en los 90 y 2000, aquella combinación de silbatos, pregones, canciones y voces de televisión terminó formando un paisaje sonoro propio de una época.

-Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor-

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