Martes, 04 de Agosto 2026

'Nadie nos va a extrañar': el examen final antes de crecer

Samuel Kishi y los guionistas Adriana Pelusi y Gibrán Portela explican por qué la segunda temporada de “Nadie nos va a extrañar” apuesta por profundizar en el crecimiento de sus personajes

Por: Héctor Fernando Navarro Vázquez

“Nadie nos va a extrañar” llegará a Prime Video el próximo 7 de agosto. ESPECIAL/PRIME VIDEO

“Nadie nos va a extrañar” llegará a Prime Video el próximo 7 de agosto. ESPECIAL/PRIME VIDEO

Antes del estreno de la segunda temporada de “Nadie nos va a extrañar”, Samuel Kishi reconoce que el verdadero impulso de la serie no vino de una campaña de promoción, sino del entusiasmo de los espectadores, que la convirtieron en un fenómeno de recomendación. Para el director, esa conexión genuina con el público definió el rumbo de la nueva entrega, que llegará a Prime Video el próximo 7 de agosto.

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A diferencia de muchas series que prolongan su historia impulsadas por el éxito de audiencia, la serie enfrenta su segunda temporada con un reto distinto: demostrar que una continuación puede surgir de las preguntas que dejó la primera entrega y no de la necesidad de repetir una fórmula.

Para Samuel Kishi y los guionistas Adriana Pelusi y Gibrán Portela, el mayor desafío fue preservar la honestidad narrativa que conectó con el público, mientras sus protagonistas dejan atrás la adolescencia y enfrentan un México de los años noventa marcado por crisis, pérdidas e incertidumbre. Más que apelar a la nostalgia, la nueva temporada se propone explorar qué significa crecer cuando las certezas comienzan a desmoronarse.

     

En entrevista con EL INFORMADOR, el director tapatío habló sobre las expectativas que rodean la segunda temporada. “Me siento muy contento con el estreno de la segunda temporada, con nervios, con incertidumbre, pero también muy agradecido de cómo la serie ha conectado con un público muy fiel. Desde la salida del tráiler y del póster hemos recibido muy buenos comentarios. Había incertidumbre de si valía la pena una segunda temporada, pero esas dudas se han ido disipando porque la gente la ha abrazado nuevamente”, señala.

Kishi considera que la recepción de la primera entrega respondió a una historia construida desde la honestidad y no desde una estrategia para satisfacer tendencias.

“Fue una serie que conectó con el público de una manera muy orgánica. Tiene que ver con la honestidad de su hechura, con las actuaciones, con la química de los chicos y con que distintas generaciones se han visto reflejadas en la historia. Es un coming of age con el que todas y todos nos podemos identificar".

ESPECIAL/PRIME VIDEO 
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Aunque el cierre de la primera temporada elevó las expectativas, asegura que el equipo creativo evitó convertir esa presión en el motor del proyecto.

“Nunca partimos de llenar expectativas ni del nerviosismo. Partimos de contar esta historia con mucho amor y mucha honestidad. Si uno hace una serie esperando todos los aplausos y todas las aprobaciones, parte de un lugar equivocado. La naturaleza de esta serie siempre ha sido contar las cosas con honestidad".

Durante el rodaje, explica, la brújula era comprobar que las escenas despertaran emociones entre quienes las estaban realizando.

“Cada vez que hacíamos una secuencia nos preguntábamos si estábamos sintiendo algo, si nos importaba lo que estaba ocurriendo. Los primeros espectadores éramos nosotros. Si nos emocionábamos, sabíamos que íbamos por buen camino", expresó.

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Uno de los elementos que regresan es la reconstrucción de la vida cotidiana de los años noventa. Para Kishi, la nostalgia  funciona como una herramienta para hablar de la forma en que las personas se relacionaban antes de la tecnología actual.

“Se conserva toda esa energía y esa sensación de lo que hacíamos antes de las redes sociales, de cómo socializábamos, de la incertidumbre de hablar por teléfono y que contestara el papá o la mamá. Todo eso sigue presente, pero ahora también incorporamos un contexto social más amplio".

El director adelanta que la nueva temporada incorpora con mayor fuerza el entorno que atravesaba México en aquella década.

“Nos arriesgamos a mostrar un México de los noventa atravesando crisis económicas y distintos cambios sociales. Ese contexto se convierte prácticamente en otro personaje dentro de la historia".

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La serie también profundiza en las consecuencias emocionales que dejó el desenlace de la primera temporada. Kishi considera que, aunque en los años noventa la salud mental era un tema poco discutido, era necesario abordarlo desde la perspectiva de los personajes.

“Antes todo se resumía en un ‘échale ganas’. Muchas veces ni siquiera podías expresar que estabas triste o deprimido. Lo que hace la serie es mostrar cómo estos chicos van encontrando redes de apoyo y de cuidado sin tener toda la información que hoy existe sobre salud mental”.

Añade que la historia se pregunta cómo enfrentar pérdidas, incertidumbres y el paso hacia la vida adulta.

“¿Qué hacemos cuando ocurre algo tan doloroso como perder a un amigo? ¿Qué hacemos con el miedo al futuro? Ellos encuentran respuestas en la amistad y en las redes de cuidado que construyen entre ellos”.

Aunque la serie no es autobiográfica, Kishi reconoce que dirigirla implicó reencontrarse con recuerdos de su propia adolescencia.

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“La ley del poste, los tazos, los juegos en el recreo, la música, estar acostado viendo el techo mientras escuchabas un disco… todo eso me permitió jugar narrativamente”, comenta.

Incluso identifica experiencias personales que influyeron en algunas decisiones creativas.

“La mancha de humedad que aparece en la primera temporada funciona como una metáfora de la depresión. En algún momento de mi vida también me enfrenté a esa imagen de mirar el techo. Todos los proyectos, incluso cuando llegan por encargo, los tengo que llevar a un nivel personal. Si no dejo parte de mi ADN, no puedo conmover”.

Esa visión también define su manera de dirigir actores pues sostiene que el proceso siempre parte de la confianza y del trabajo previo.

“La metodología es prácticamente la misma con adolescentes, niños o personas mayores. Lo más importante sucede desde el casting: encontrar personas talentosas, pero también generosas. La actuación consiste en dar y recibir constantemente; por eso es fundamental que exista esa disposición entre compañeros”.

Sobre el elenco juvenil, destaca la disposición con la que enfrentaron el trabajo en el set.

“Los adolescentes tienen mucha energía y la aprovechamos para las dinámicas de trabajo. Aguantan jornadas intensas, quieren aprender de todo el equipo y son muy generosos con sus compañeros".

La segunda temporada retoma la historia durante el último año de preparatoria de los protagonistas y continúa directamente después de los acontecimientos del cierre anterior. Kishi explica que, aunque desde el desarrollo de la serie existía la posibilidad de continuarla, la primera entrega también fue concebida para funcionar por sí sola.

“Siempre se piensa en más temporadas cuando se desarrolla una serie, pero la primera tenía que cerrar de manera sólida por si no existía una continuación".

Ahora, dice, el objetivo era evitar que la nueva entrega se sintiera como una extensión forzada.

“Nos preocupamos porque fuera una continuación orgánica. La segunda temporada nace de las preguntas que dejó la primera y de las consecuencias que viven los personajes al crecer. No queríamos inventar una continuación; queríamos seguir contando la misma historia".

Guionistas apuestan por un crecimiento natural

Si Samuel Kishi encontró en la honestidad la brújula para dirigir la nueva temporada, los guionistas Adriana Pelusi y Gibrán Portela sostienen que ese mismo principio guió la escritura de los nuevos episodios. Más que modificar la esencia de la serie tras la buena recepción de la primera entrega, decidieron acompañar a sus personajes en una etapa distinta de sus vidas.

“Teníamos una idea desde que empezamos a escribir la primera de qué cosas queríamos que pasara si hubiera una segunda. Sabiendo incluso en qué terminaba la primera temporada, sí teníamos claro hacia dónde la llevaríamos. Claro que después conocer las reacciones del público, el trabajo de los actores y ver lo que hicieron Cata y Samuel cambió ciertas cosas o ciertos planes, pero el camino estaba planteado desde antes”, explicó Adriana Pelusi.

Para los escritores, la prioridad fue conservar una mirada cercana a las experiencias que conocen. En esta ocasión, los personajes enfrentarán las dudas y decisiones que aparecen conforme termina la adolescencia.

“Seguimos con esa idea de escribir desde las cosas que vivimos o que podemos explorar de cerca, ahora en esa frontera hacia la vida adulta. También fue muy bonito escribir ya con los actores y los personajes presentes, porque ahora sabemos cómo respiran y cómo reaccionan”, señaló Gibrán Portela.

El guionista agregó que el interés sigue siendo alejarse de los estereotipos y contar emociones reconocibles para el público.

“Queremos explorar esas dudas, esas decisiones que en ese momento parecen definitivas para toda la vida. Seguimos siendo fieles a lo que fue la primera temporada y a las historias que conocemos, porque creemos que desde lo más cercano se puede conectar con muchas personas”.

Pelusi destacó además el diálogo creativo que existió entre el equipo de guion y la dirección durante todo el proceso, una dinámica que considera poco habitual en las producciones audiovisuales.

“Normalmente los guionistas terminan de escribir y desaparecen del proceso. Aquí pudimos hablar con Samuel sobre cómo imaginaba las escenas, qué queríamos nosotros y cómo iba construyendo ese universo. Es raro tener esas conversaciones desde un lugar donde no pesa el ego, sino la intención de hacer algo con lo que todos estemos contentos”.

La escritora añadió que la segunda temporada amplía el universo visual y narrativo construido desde la primera entrega.

“Lo que Samuel construye ahora es un mundo mucho más amplio, con más referencias y con un tono más lúdico. Ese universo fue creciendo gracias a él. Además, algo que se siente en el set es que existe un ambiente donde todos trabajan por el mismo objetivo. Los actores y el equipo creen en el proyecto y eso termina reflejándose en la pantalla”.

Sobre la decisión de mantener la historia en la década de los noventa, Portela explicó que se trata de un entorno que conocen de primera mano y que les permite escribir desde la experiencia.

“Es una época que conocemos. No había celulares y eso hacía que muchas situaciones ocurrieran de otra manera: salir a buscar a alguien, tocar una puerta, esperar una llamada o recorrer la ciudad para encontrar respuestas. Esa forma de vivir nos resulta cercana y desde ahí podemos escribir con más verdad”.

El guionista concluyó que esa mirada personal termina convirtiéndose en un punto de encuentro con la audiencia.

“Hablar de la juventud actual sería más lejano para nosotros. Preferimos partir de lo que vivimos, porque creemos que mientras más íntima sea una historia, también tiene más posibilidades de volverse universal”. 

JM

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