Cuando octubre llega a Guadalajara, la ciudad comienza a cambiar de rostro. El cempasúchil aparece en calles y mercados, las catrinas toman los escaparates y los colores del Día de Muertos se apoderan de distintos espacios. Sin embargo, en el Parque Ávila Camacho, frente a Plaza Patria, la transformación adquiere una dimensión distinta.Al caer la noche, las luces iluminan senderos donde aparecen personajes, altares, cementerios, pueblos imaginarios y escenarios inspirados en el inframundo. El recorrido forma parte de Calaverandia, un parqTaue temático que desde 2018 busca convertir elementos de una de las celebraciones más representativas de México en una experiencia de gran formato.La historia comenzó ese año, cuando Guadalajara recibió la primera edición del proyecto. Sobre una superficie de 4.5 hectáreas se instalaron más de 20 atracciones que combinaban distintas representaciones de la muerte con recursos de entretenimiento y tecnología. Altares, plazas, cementerios y trajineras formaron parte de una propuesta que trasladó símbolos tradicionales a un espacio diseñado para recorrer y descubrir.La intención no era únicamente reproducir la estética de la festividad. Flores, calaveras, catrinas, música y memoria fueron incorporadas a espectáculos y montajes tecnológicos, manteniendo como referencia el significado de una celebración vinculada con el recuerdo de quienes han muerto.Entre las primeras propuestas destacó Alma, un espectáculo multimedia proyectado sobre una cortina de agua. La combinación de iluminación, música y efectos visuales acompañaba una historia relacionada con la muerte y la memoria, convirtiendo uno de los temas centrales de la tradición en una experiencia escénica.La respuesta del público marcó desde entonces el rumbo del proyecto. Al finalizar aquella primera temporada, los organizadores reportaron más de 40 mil visitantes. La cifra confirmó el interés por una propuesta que no dependía de una sola atracción, sino de la integración de diferentes escenarios y formatos alrededor de una misma temática. El crecimiento de Calaverandia tuvo una interrupción en 2020, cuando la pandemia obligó a suspender actividades. El parque permaneció fuera de operación mientras las celebraciones y los espacios de entretenimiento enfrentaban nuevas restricciones.El regreso implicó recuperar la confianza del público y retomar una propuesta que había quedado en pausa. Para la edición de 2022, los organizadores proyectaron una asistencia de 75 mil personas, tomando como referencia la respuesta registrada durante las temporadas previas a la emergencia sanitaria.La reapertura representó así un nuevo capítulo para el proyecto. Más que recuperar el ritmo previo, Calaverandia tenía que demostrar que su fórmula seguía vigente en una ciudad donde el Día de Muertos forma parte cada vez más visible de la agenda cultural y turística.Con el paso de las temporadas, el parque comenzó a modificar escenarios, atracciones y formas de contar sus historias. La escala podía cambiar, pero permanecía una idea central: llevar al espacio público una celebración basada en la memoria y reinterpretarla mediante espectáculo, tecnología y tradición.Desde aquella primera edición de 2018, Calaverandia encontró en Guadalajara un escenario para explorar esa combinación. Cada octubre, sus caminos vuelven a iluminarse y la ciudad incorpora, durante algunas semanas, un paisaje donde la muerte no aparece únicamente como despedida, sino también como memoria, identidad y celebración. Para 2024, Calaverandia llegó a su quinta edición con una propuesta más amplia y sofisticada. Tania Cortés, directora del proyecto, explicó entonces a EL INFORMADOR que el reto estaba en renovar la experiencia sin perder los elementos que el público ya identificaba con el parque.La edición, realizada del 25 de octubre al 18 de noviembre, reflejó ese equilibrio. El Gran Altar combinó música, iluminación y espectáculo; El Cementerio sumó recursos interactivos y nuevos espacios para fotografías; Omitlán conservó su perfil familiar y El Inframundo profundizó en los imaginarios relacionados con la muerte y el más allá.La tecnología ya no funcionaba únicamente como efecto visual. Se había convertido en una herramienta para contar las historias y ampliar la experiencia.El cambio también podía medirse en el público. Cortés señaló que los visitantes foráneos habían pasado de representar alrededor de 6% en los primeros años a 33% para 2024. La llegada de personas de otras ciudades y estados se sumaba a visitantes internacionales procedentes de países como Canadá, Francia, Países Bajos y China. Más de 80 mil visitantes asistieron ese año. Para 2025, Calaverandia había consolidado su escala y ampliado su universo. La sexta edición ocupó más de cinco hectáreas y ofreció más de 30 atracciones y experiencias, entre espectáculos multimedia, instalaciones, música, gastronomía y tecnología interactiva.Alma volvió como uno de los montajes principales, con una producción multimedia 4D proyectada sobre una pantalla de agua de 30 metros de altura. El Gran Altar, de más de 15 metros, también ocupó un lugar central.La temporada sumó El Limbo, dedicado a los alebrijes, mientras Omitlán, El Cementerio y El Inframundo mantuvieron sus respectivos espacios dentro del recorrido.La renovación también se reflejó en el alcance del proyecto. Para entonces, la organización reportaba más de 400 mil visitantes acumulados desde 2018 y personas procedentes de más de 15 países.Calaverandia había dejado de ser una experiencia exclusivamente local. Su crecimiento la colocaba también como uno de los atractivos de temporada de Guadalajara. Para 2026, Calaverandia se prepara para volver a encender el Parque Ávila Camacho con su séptima temporada. El proyecto apuesta nuevamente por renovar el recorrido sin abandonar los espacios que ya forman parte de su identidad.El Gran Altar y la Plaza tendrán nuevas propuestas, mientras Omitlán y El Limbo incorporarán experiencias adicionales. También está previsto el regreso de Alma y Taü, junto con El Cementerio, El Inframundo y el Lago de las Trajineras.Entre las novedades anunciadas destaca una Catrina de 15 metros que se instalará sobre el lago, uno de los elementos monumentales de la próxima edición.La temporada aún está por comenzar, pero el rumbo es claro: Calaverandia sigue creciendo a partir de la renovación de sus escenarios, la incorporación de nuevas tecnologías y la búsqueda de otras formas de contar una celebración que, después de varias ediciones, ya tiene un lugar propio en el calendario de Guadalajara. La evolución de Calaverandia no sólo se mide por el tamaño de sus instalaciones o el número de atracciones. También está en la manera de transformar elementos tradicionales en experiencias contemporáneas: un altar que se convierte en escenario, un relato sobre el más allá que se vuelve recorrido o una catrina que adquiere dimensiones monumentales.Esa combinación entre espectáculo y tradición ha permitido que el proyecto renueve su propuesta temporada tras temporada sin perder sus principales referentes.Con los años, Calaverandia se incorporó al calendario de octubre y noviembre de Guadalajara y convirtió al Parque Ávila Camacho en uno de los escenarios de temporada más reconocibles de la ciudad. Durante unas semanas, el espacio cambia de ritmo y recibe a visitantes atraídos por una experiencia que combina Día de Muertos, tecnología, arte y entretenimiento. CT