Lunes, 05 de Octubre 2026

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Las noches en que las multitudes hicieron historia

De las primeras grandes concentraciones en La Minerva a las 270 mil personas que acompañaron a Alejandro Fernández, Jalisco ha convertido conciertos y espectáculos públicos en fenómenos capaces de transformar una ciudad entera

Por: El Informador

El 17 de junio de 2026, Maná regresó a Guadalajara y reunió a más de 170 mil personas frente a La Minerva. EL INFORMADOR/ Archivo

El 17 de junio de 2026, Maná regresó a Guadalajara y reunió a más de 170 mil personas frente a La Minerva. EL INFORMADOR/ Archivo

Hay noches en que Guadalajara deja de ser ciudad para convertirse en multitud. Las calles, avenidas y estadios se transforman en escenarios, y miles de personas se reúnen alrededor de la música. Jalisco conoce bien esas noches; algunas, por su magnitud, quedan en la memoria.

El 25 de junio de 2026 fue una de ellas. Alejandro Fernández regresó a La Minerva para ofrecer “La Serenata Más Grande del Mundo”, acompañado por Julión Álvarez, Alfredo Olivas, Alex Fernández y Camila Fernández. La respuesta fue multitudinaria: más de 270 mil personas, de acuerdo con la cifra reportada por las autoridades y difundida por EL INFORMADOR.

La música terminó, pero la escena todavía continuaba al día siguiente. Personal de limpieza retiró 52 toneladas de basura de la zona y sus alrededores. La multitud se había marchado. La ciudad todavía estaba procesando lo ocurrido. No era la primera vez que La Minerva veía una concentración de esa magnitud.

El monumento más emblemático del poniente tapatío ha sido, durante décadas, punto de celebración deportiva, escenario de manifestaciones y lugar de encuentros políticos. Pero también se convirtió en uno de los grandes espacios para la música al aire libre. Su historia reciente está ligada a una pregunta que Guadalajara ha respondido una y otra vez: ¿qué ocurre cuando una ciudad decide convertir uno de sus espacios públicos en escenario?

Una de las primeras respuestas llegó en 2009, con Jalisco en Vivo. El proyecto apareció después de la crisis sanitaria provocada en México por la influenza A H1N1. Alejandro Fernández impulsó entonces un concierto gratuito que, además del entretenimiento, buscaba transmitir un mensaje de confianza y promover a Jalisco.

La presentación congregó en Guadalajara a cerca de 100 mil personas, según la cifra reportada posteriormente por EL INFORMADOR y atribuida a autoridades de seguridad.

La magnitud de aquella noche estableció un precedente. La Minerva no sólo podía albergar a una multitud: podía convertirse en el centro de una celebración que rebasaba los límites del escenario y se extendía por las calles.

Un año después, en 2010, Jalisco en Vivo regresó. Esta vez fueron aproximadamente 150 mil personas las que acudieron para escuchar a Chayanne, Marc Anthony, Jenni Rivera, Emmanuel y Lucero. La lluvia interrumpió temporalmente el espectáculo, pero no consiguió dispersar al público. La gente permaneció.

Aquella noche tuvo además un componente solidario: se reunieron 10 toneladas de alimentos para apoyar a los damnificados por el huracán Karl.

La imagen resulta difícil de olvidar: una multitud empapada, esperando que regresara la música. Porque algunos conciertos dejan de ser solamente espectáculos cuando el público decide que tampoco quiere irse.

La tercera edición de Jalisco en Vivo, en 2011, confirmó la capacidad de convocatoria que había adquirido el encuentro. Alrededor de 150 mil personas volvieron a reunirse frente a La Minerva. El programa incluyó a Diego Torres, Julieta Venegas, Carlos Vives, Luis Fonsi y Ana Torroja, pero la noche tenía reservado un cierre especial. Vicente Fernández.

El espectáculo se prolongó durante aproximadamente diez horas y terminó de madrugada. Para entonces, La Minerva había adquirido una nueva identidad. Ya no era únicamente el lugar donde Guadalajara celebraba sus triunfos deportivos o sus acontecimientos públicos.

Era también el lugar donde Guadalajara se reunía para escuchar.

La historia de las grandes multitudes, sin embargo, no se quedó en La Minerva.

En 2012, el festival 212 RMX llevó la música a la avenida Chapultepec. La propuesta era distinta: 47 grupos distribuidos en cuatro escenarios y una asistencia aproximada de 80 mil personas.

La avenida dejó de ser un lugar de paso para convertirse, durante unas horas, en un lugar para quedarse.

Ese cambio explica buena parte de la relación entre Guadalajara y sus grandes eventos musicales. No se trata solamente de llevar a miles de personas a un concierto. Cada concentración modifica temporalmente el espacio que la recibe. Una glorieta puede convertirse en foro; una avenida, en festival; un monumento, en punto de reunión.

Una ciudad que se desborda

Los estadios ofrecen otra posibilidad: recibir a una multitud que llega una y otra vez.

En 2025, Shakira llevó su gira Las Mujeres Ya No Lloran al Estadio AKRON y agotó cuatro fechas. En conjunto, las presentaciones reunieron a más de 200 mil personas, de acuerdo con EL INFORMADOR.

La cifra corresponde a cuatro conciertos distintos y, por ello, no es directamente comparable con las concentraciones de una sola noche en La Minerva. Pero muestra otra dimensión de la convocatoria: no la multitud reunida al mismo tiempo en un espacio abierto, sino miles de personas que regresan durante varias noches para ver al mismo artista. Cuatro fechas. Cuatro estadios llenos.

Guadalajara volvía a aparecer en la ruta de los grandes espectáculos internacionales.

Y entonces llegó junio de 2026. Ocho días antes de la serenata de Alejandro Fernández, La Minerva volvió a convertirse en un gigantesco coro. El 17 de junio, Maná regresó a la ciudad donde comenzó su historia. El concierto gratuito formó parte de las actividades de Jalisco en torno al Mundial y reunió, según las autoridades, a más de 170 mil asistentes.

La cifra tenía un significado particular. Maná no era simplemente una banda invitada: era una banda de Guadalajara.

Décadas después de comenzar su trayectoria, el grupo regresaba para encontrarse con varias generaciones reunidas frente al mismo monumento. Una banda nacida en la ciudad, canciones conocidas por miles de personas y un espacio público convertido en escenario. Ocho días después, La Minerva volvería a desbordarse, con Alejandro Fernández.

Desde los conciertos que comenzaron a ganar espacio en los escenarios tradicionales hasta las avenidas, los estadios y las grandes concentraciones frente a La Minerva, Guadalajara ha ido modificando sus propios límites para recibir a la música.

A veces, basta con cerrar una avenida. Otras, con encender un escenario. Y algunas noches, como aquella del 25 de junio de 2026, parece que toda la ciudad cabe alrededor de una glorieta.

CT

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