Viernes, 04 de Septiembre 2026

Raymundo Gómez Flores: ¿cómo inició su emporio empresarial con más de 5 décadas de historia?

De dar mantenimiento a parques en Guadalajara a consolidar gigantes como DINA y Minsa, descubre la historia del visionario que transformó el panorama corporativo mexicano

Por: Citlali Torres Rivera

El empresario jalisciense transformó pequeños negocios familiares en un imperio de la industria automotriz y alimentaria. ESPECIAL

El empresario jalisciense transformó pequeños negocios familiares en un imperio de la industria automotriz y alimentaria. ESPECIAL

Nacido el 24 de junio de 1952 en la vibrante ciudad de Guadalajara, este destacado empresario jalisciense no heredó un imperio consolidado. Su camino hacia el éxito estuvo marcado por el esfuerzo constante, la visión estratégica y una capacidad inigualable para identificar oportunidades en tiempos de cambio.

Sus primeros pasos en el mundo laboral estuvieron muy lejos de las lujosas salas de juntas que frecuentaría décadas después. Durante su juventud, se dedicó al mantenimiento de fuentes y monumentos en el Departamento de Parques y Jardines de Guadalajara, forjando una ética de trabajo inquebrantable.

El verdadero punto de inflexión en su vida personal y profesional llegó en 1968. Tras la lamentable muerte de su padre, Alfonso Gómez Somellera, el joven Raymundo tuvo que madurar rápidamente y asumir responsabilidades que definirían su futuro en el competitivo mundo de los negocios.

Los cimientos de un gigante inmobiliario

Junto a sus hermanos, tomó las riendas de las modestas actividades comerciales de la familia. En aquel entonces, su patrimonio se limitaba a una lavandería y a Panoramex, una pequeña empresa dedicada a ofrecer recorridos turísticos en autobús por la capital jalisciense y sus alrededores.

Lejos de conformarse, la familia demostró una audacia financiera notable al vender algunas de sus propiedades estratégicas. Esta decisión crucial les permitió obtener el capital semilla necesario para incursionar en un sector que prometía mayores rendimientos: el dinámico y siempre creciente mercado de bienes raíces.

Fruto de esta visión a largo plazo, en 1981 fundó el Grupo Inmobiliario G (GIG). Esta compañía se convertiría rápidamente en un referente del sector, marcando el inicio formal de su etapa como un desarrollador a gran escala y sentando las bases de su fortuna.

La dirección estratégica de Gómez Flores llevó a GIG a diversificar agresivamente su portafolio de inversiones. La empresa no solo desarrolló exitosos proyectos de vivienda, sino que también incursionó en la construcción de modernos parques industriales y exclusivos complejos turísticos a lo largo del país.

La era de las privatizaciones y el salto industrial

Sin embargo, el gran salto hacia las grandes ligas corporativas ocurrió a finales de la década de los ochenta. Durante el proceso de privatización de empresas públicas impulsado por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el empresario supo posicionarse como un jugador clave.

En 1989, a través del Consorcio Grupo G, la familia logró adquirir la paraestatal Diésel Nacional (DINA). Esta emblemática fabricante de camiones y autobuses, fundada originalmente por el Estado mexicano en 1951, representaba un reto monumental que requería una reestructuración profunda y urgente.

Bajo su firme liderazgo, DINA no solo se revitalizó financieramente, sino que inició una agresiva etapa de expansión internacional. La compañía incrementó exponencialmente sus exportaciones y, durante los años noventa, logró adquirir Motor Coach Industries International (MCI), consolidando su presencia en Estados Unidos y Canadá.

La ambición del empresario jalisciense no se detuvo en la industria automotriz. En 1993, aprovechando nuevamente el clima de privatizaciones, el consorcio sumó a su creciente portafolio a Minsa, transformándola rápidamente en uno de los gigantes más importantes de la harina de maíz a nivel global.

Un legado que trasciende los negocios

A lo largo de su prolífica vida, su influencia directiva se extendió a otras grandes compañías de renombre. Tuvo participaciones destacadas en corporativos como Grupo Almer y Estrella Blanca, demostrando una versatilidad excepcional para gestionar negocios en sectores tan diversos como la logística y el transporte.

Además de su exitosa faceta corporativa, Gómez Flores sintió el llamado del servicio público e incursionó en la política mexicana. Llegó a ocupar un escaño como senador por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), buscando influir desde el ámbito legislativo en el desarrollo económico de su región.

Su trayectoria de más de cinco décadas fue ampliamente reconocida por el sector privado nacional. Apenas en agosto de 2026, el Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco (CCIJ) anunció que le otorgaría la prestigiosa Medalla al Mérito Industrial, un merecido homenaje a sus invaluables aportaciones.

Hoy, el legado de este visionario perdura no solo en las empresas que transformó, sino también a través de su hija, Altagracia Gómez Sierra. Como actual coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional, ella continúa la tradición familiar de influir positivamente en el rumbo económico de México.

CT

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