Domingo, 27 de Septiembre 2026

Evangelio de hoy: La Parábola de los dos hijos

Vale mucho más un "no" inicial seguido de un arrepentimiento sincero, que un "sí" estéril que nunca se traduce en obras de conversión

Por: Dinámica pastoral UNIVA

"Los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él". WIKIPEDIA/«Cristo con la mujer sorprendida en adulterio», de Guercino

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Ezequiel 18, 25-28

Esto dice el Señor: "Si ustedes dicen: 'No es justo el proceder del Señor', escucha, casa de Israel: ¿Conque es injusto mi proceder? ¿No es más bien el proceder de ustedes el injusto?

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere; muere por la maldad que cometió. Cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se aparta de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá''.

SEGUNDA LECTURA

Filipenses 2, 1-11

Hermanos: Si alguna fuerza tiene una advertencia en nombre de Cristo, si de algo sirve una exhortación nacida del amor, si nos une el mismo Espíritu y si ustedes me profesan un afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo todos una misma manera de pensar, un mismo amor, unas mismas aspiraciones y una sola alma. Nada hagan por espíritu de rivalidad ni presunción; antes bien, por humildad, cada uno considere a los demás como superiores a sí mismo y no busque su propio interés, sino el del prójimo. Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús.

Cristo, siendo Dios no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

EVANGELIO

Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: 'Hijo, ve a trabajar hoy en la viña'. Él le contestó: 'Ya voy, señor', pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: 'No quiero ir', pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" Ellos le respondieron: "El segundo".

Entonces Jesús les dijo: "Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él''.

La fe es para la gente común

Muchas veces, escuchamos a mucha gente decir “padre, es que la religión no es lo mío”. O tal vez digan “usted que está más cerca de Dios, rece por mí”, para decir que no pueden ocuparse de vivir de acuerdo con la religión o con la ley de Dios.

En esta parábola, Jesús le está hablando a los doctores de la ley, a los sacerdotes y a los ancianos. Luego de su pequeño cuento, les lanza palabras muy duras: “los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios”. Sorprende la dureza de Jesús. Y les habla así a personas que, por lo menos en principio, buscan a Dios y quieren hacerlo parte de su propia vida. ¿Por qué?

Muchas veces, las personas que afirman “no buscar a Dios” tienen otras preocupaciones: cuidan de su familia, ayudan a otras personas a recuperar la salud –si son médicos– o a aprender cosas nuevas –si son maestros–, dependiendo de su oficio. Son personas que quieren dar a otros lo mejor de sí mismas y buscan que el mundo sea un mejor lugar, que nuestro modo de convivencia mejore, que la vida de otros sea más plena. Cada persona que se decide a dar lo mejor de sí, no necesita ser una persona religiosa porque, dice Jesús, ya se ha adelantado en el camino del Reino de Dios.

Esos pequeños servicios que buscan mejorar nuestra realidad son las acciones que muestran verdaderamente a las personas de fe. Porque, en realidad, la fe no es únicamente una confesión, sino la convicción interna de que podemos vivir como hijos e hijas de Dios. Por eso, las personas comunes que quieren dar lo mejor de ellas mismas se han adelantado en el camino: creen que pueden cambiar el mundo. Creen que pueden vivir, ya desde ahora, en el Reino que el Señor mismo se esfuerza en prepararnos. Sus acciones hablan de una vida divina que habita su propia realidad, aunque por fuera parezca que no son religiosas.

Rubén I. Corona Cadena, SJ - ITESO

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