Miércoles, 14 de Octubre 2026

El artista mexicano Gonzalo Lebrija inaugura en Madrid su obra 'El rumor de la discordia'

La obra juega con el simbolismo del caballo, un animal que históricamente se ha utilizado para representar la fuerza y el liderazgo

Por: Tomás Iván García Enciso

El título de la obra proviene de la inscripción 'Que nunca nos separe el rumor de la discordia', cincelada en el frontispicio del Teatro Degollado. EFE / F. Villar

El título de la obra proviene de la inscripción 'Que nunca nos separe el rumor de la discordia', cincelada en el frontispicio del Teatro Degollado. EFE / F. Villar

Un caballo que parece desafiar las leyes de la gravedad se instaló en el corazón de Madrid. La escultura ‘El rumor de la discordia’, del artista mexicano Gonzalo Lebrija, fue presentada este miércoles en la céntrica Plaza del Carmen, donde permanecerá temporalmente como una intervención que invita a mirar de otra manera uno de los símbolos más reconocibles de la tradición escultórica occidental.

Realizada en bronce, la pieza muestra a un caballo suspendido aproximadamente seis metros sobre el suelo. No hay jinete, tampoco silla, y ninguna de sus patas se encuentra en una posición que permita explicar de manera evidente cómo llegó hasta ahí. Solamente una pezuña parece apoyarse sobre el pedestal de hormigón, creando la ilusión de que el animal permanece detenido en un instante imposible.

LEE: Entre palmas y guitarras, el flamenco marca el regreso cultural de España a Siria

Para Lebrija, esta imagen no busca únicamente sorprender por su dimensión o por el desafío físico que plantea. ‘El rumor de la discordia’ habla de la vulnerabilidad humana, una idea que el artista relaciona directamente con una frase inscrita en el frontispicio del Teatro Degollado de Guadalajara, Jalisco, ciudad donde vive y trabaja.

Una frase de Guadalajara que viaja hasta Madrid

La frase completa que inspira la obra dice: “Que nunca nos separe el rumor de la discordia”. Con ella, Lebrija plantea una reflexión que adquiere particular resonancia en un contexto internacional marcado por conflictos, polarización y enfrentamientos.

Durante la presentación en Madrid, el artista explicó que la pieza representa precisamente la necesidad de no permitir que ese “rumor” termine separando a las personas. La escultura, por ello, puede leerse como una representación de un equilibrio que parece estar a punto de romperse, pero que todavía permanece suspendido.

El origen de la frase también conecta la instalación madrileña con una de las construcciones culturales más importantes de Guadalajara. El Teatro Degollado, inaugurado en el siglo XIX y considerado uno de los principales recintos culturales de Jalisco, incorpora esa inscripción en su arquitectura. Lebrija toma esas palabras y las transforma en una imagen tridimensional que ahora puede contemplarse a miles de kilómetros de distancia.

La elección de un caballo tampoco es casual. Durante siglos, la escultura ecuestre fue utilizada para representar poder, autoridad, heroísmo y memoria histórica. Las estatuas de gobernantes y militares a caballo podían comunicar información sobre el personaje representado incluso a través de la posición de las patas del animal.

El caballo ya no representa al héroe

En la tradición escultórica ecuestre, el caballo suele funcionar como extensión del poder de quien lo monta. El jinete domina al animal, dirige su movimiento y aparece elevado sobre el espectador. En muchas representaciones históricas, incluso la posición de las patas del caballo fue utilizada como un código visual para sugerir si el personaje había muerto en combate o si había sobrevivido a sus hazañas.

Lebrija elimina prácticamente todos esos elementos de autoridad. En ‘El rumor de la discordia’ no existe un héroe que domine al caballo. No hay personaje, uniforme, arma ni silla de montar. Solamente permanecen el animal y las riendas, elementos suficientes para recordar que alguna vez existió una relación de control, pero sin mostrar quién las sostiene.

 La obra fue realizada en bronce y elevada sobre un pedestal de hormigón. EFE / F. Villar
 La obra fue realizada en bronce y elevada sobre un pedestal de hormigón. EFE / F. Villar

La ausencia del jinete cambia por completo el significado de la escultura. El caballo deja de ser el vehículo de un personaje histórico y se convierte en el protagonista de una situación desconcertante: está suspendido en el aire, aparentemente sin una explicación física inmediata.

La posición también deja abierta la interpretación. El espectador puede preguntarse si el caballo está a punto de moverse, si acaba de detenerse o si lleva suspendido durante mucho tiempo. No existe una respuesta definitiva, y precisamente esa incertidumbre forma parte de la experiencia que propone el artista.

El animal parece poderoso por su tamaño y por el material con el que fue construido, pero al mismo tiempo transmite fragilidad. Basta imaginar que el equilibrio se rompa para que la escena cambie por completo. Esa tensión entre fuerza y vulnerabilidad es uno de los principales puntos de encuentro entre la imagen del caballo y el concepto que Lebrija quiere explorar.

Una escultura sobre el equilibrio en tiempos de discordia

El caballo suspendido puede entenderse como una metáfora de las sociedades humanas: estructuras que pueden parecer sólidas y poderosas, pero que permanecen expuestas a fuerzas capaces de alterar su equilibrio. La obra adquiere así una dimensión que va más allá de su impacto visual. 

En ese sentido, la frase del Teatro Degollado funciona como una especie de advertencia. La discordia puede comenzar como un rumor, una diferencia o una división aparentemente pequeña, pero puede terminar modificando las relaciones entre las personas.

La ubicación en la Plaza del Carmen añade otra capa a la pieza. En lugar de permanecer dentro de una galería o un museo, la escultura comparte el espacio cotidiano de Madrid con peatones, turistas y habitantes de la ciudad. El encuentro con la obra ocurre, por tanto, fuera del recorrido habitual de una exposición: puede aparecer de manera inesperada durante una caminata por el centro de la capital española.

La instalación fue cedida temporalmente por Thompson Madrid al Ayuntamiento de Madrid, permitiendo que la pieza ocupe durante un periodo el espacio público y establezca un diálogo directo con quienes transitan por la plaza.

LEE: ¿Estamos perdiendo la capacidad de comprender lo que leemos? La advertencia de Alberto Manguel

Con ‘El rumor de la discordia’, Gonzalo Lebrija lleva a Madrid una obra nacida de una referencia profundamente ligada a Guadalajara, pero cuyo mensaje busca trascender su origen. El caballo suspendido entre la tierra y el cielo no representa una victoria ni conmemora a un héroe: permanece solo, vulnerable y aparentemente inmóvil.

Frente a él, el espectador queda obligado a completar aquello que la escultura no explica. ¿Está cayendo o permanece en equilibrio? ¿Está a punto de avanzar o ha quedado detenido? ¿Quién soltó las riendas? Y, sobre todo, ¿Qué ocurre cuando una sociedad permite que el rumor de la discordia se convierta en una fuerza capaz de separarla?

La respuesta no está escrita en el pedestal. Está, como sugiere la propia obra, en el equilibrio que cada persona observa y en la posibilidad de conservarlo.

Con información de EFE

TG

Temas

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones