Jueves, 24 de Septiembre 2026

“Carmina Burana” estremece al Teatro Degollado con música, danza y voces en vivo

El Ballet de Jalisco presentó este jueves una producción que reúne a 180 artistas entre bailarines, músicos, coristas y solistas

Por: Fausto Salcedo

Bajo la dirección musical del español Vicente Pelechano, el montaje permitió escuchar en vivo una partitura que anteriormente había acompañado al ballet mediante una grabación. EL INFORMADOR / A. NAVARRO

Bajo la dirección musical del español Vicente Pelechano, el montaje permitió escuchar en vivo una partitura que anteriormente había acompañado al ballet mediante una grabación. EL INFORMADOR / A. NAVARRO

Las primeras voces bastaron para advertir que esta “Carmina Burana” sería distinta. Detrás de los bailarines, el coro ocupaba buena parte del escenario del Teatro Degollado; debajo, desde el foso, la orquesta comenzaba a levantar la conocida partitura de Carl Orff. El encuentro entre ambas fuerzas modificó por completo la interpretación del Ballet de Jalisco.

La compañía presentó este jueves una producción que reúne a 180 artistas entre bailarines, músicos, coristas y solistas. Bajo la dirección musical del español Vicente Pelechano, el montaje permitió escuchar en vivo una partitura que anteriormente había acompañado al ballet mediante una grabación.

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La diferencia fue evidente. Los movimientos de los bailarines encontraron otra intensidad al relacionarse directamente con la música que surgía desde el foso. Sobre ellos aparecían las voces del coro: graves que llenaban el recinto y agudos capaces de imponerse sobre la orquesta, hasta construir algunos de los momentos más estremecedores de la noche.

El escenario permaneció prácticamente abarrotado. Los bailarines se desplazaban frente al numeroso conjunto vocal, mientras músicos y solistas completaban una producción en la que cada disciplina debía convivir con las demás. La iluminación y la escenografía acompañaron esa acumulación de cuerpos, sonidos y movimientos sin restar protagonismo a la coreografía.

La presencia de los intérpretes vocales reforzó además la dimensión dramática de una obra que transita entre la fortuna, el deseo, el placer y la incertidumbre. EL INFORMADOR / A. NAVARRO 
La presencia de los intérpretes vocales reforzó además la dimensión dramática de una obra que transita entre la fortuna, el deseo, el placer y la incertidumbre. EL INFORMADOR / A. NAVARRO 

El Teatro Degollado también lució lleno. La respuesta del público fue inmediata y, por momentos, difícil de contener. Hubo aplausos incluso cuando la música todavía no había concluido o entre pasajes en los que habitualmente se habría esperado para reaccionar. La emoción terminó imponiéndose al protocolo y las ovaciones aparecieron varias veces a lo largo de la función.

La presencia de los intérpretes vocales reforzó además la dimensión dramática de una obra que transita entre la fortuna, el deseo, el placer y la incertidumbre. Sus intervenciones rompían periódicamente la masa coral para después volver a integrarse a la fuerza colectiva de la partitura.

Pero fue precisamente esa suma la que definió la noche. La coreografía del Ballet de Jalisco ya tenía una vida propia; acompañada por voces y música ejecutadas en el mismo instante, adquirió respiración, tensión y una energía imposible de reproducir de idéntica manera.

Al terminar, el público respondió nuevamente de pie y con aplausos. Sobre el escenario quedaba la imagen que resumía la magnitud del montaje: bailarines, cantantes y coristas recibiendo juntos la ovación, mientras desde el foso la orquesta completaba una “Carmina Burana” construida, esta vez, completamente en vivo.

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