Viernes, 25 de Septiembre 2026

'Algodón de Azúcar': Alejandro Ibarra Morales vuelve a los secretos de la infancia

La obra escrita y dirigida por Gabriela Ochoa tendrá funciones este 26 y 27 de septiembre en la Sala 2 del Conjunto Santander de Artes Escénicas

Por: Fausto Salcedo

Alejandro Ibarra Morales interpreta a “Magenta”, el hombre que atraviesa esa extraña feria. CORTESÍA

Alejandro Ibarra Morales interpreta a “Magenta”, el hombre que atraviesa esa extraña feria. CORTESÍA

Un hombre sale a comprar un pastel para la celebración del aniversario de sus padres. En algún punto del trayecto pierde el camino. Las calles dejan de resultarle conocidas y termina en una feria abandonada donde tres payasos le ofrecen una posibilidad: puede entrar y recorrer sus atracciones, pero deberá aceptar todo aquello que le propongan. Así comienza “Algodón de Azúcar”, obra escrita y dirigida por Gabriela Ochoa que tendrá funciones este sábado 26 de septiembre, a las 19:30 horas, y el domingo 27, a las 18:00, en la Sala 2 del Conjunto Santander de Artes Escénicas.

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Alejandro Ibarra Morales interpreta a “Magenta”, el hombre que atraviesa esa extraña feria. Lo que inicialmente parece un extravío físico pronto adquiere otra dimensión: cada atracción conduce hacia un episodio de su propia vida y hacia recuerdos que permanecían enterrados. “Cada una de estas atracciones es un recuerdo distinto de la vida de este hombre. Hay recuerdos en los que encuentra mucha alegría y mucho dolor en otros”, explica el actor en entrevista con EL INFORMADOR.

El desconcierto inicial del personaje puede llevar al espectador a preguntarse incluso si padece algún problema de memoria. Ibarra Morales explica que “Magenta” no se encuentra en la vejez, sino en la edad adulta, y que su desorientación responde a una herida distinta. “Es un hombre solitario, al que quizá le cuesta trabajo relacionarse con las personas”, señala. “Se encuentra perdido, pero no sólo físicamente, sino también emocionalmente”.

 CORTESÍA
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Una feria construida con recuerdos

Los payasos conducen a “Magenta” por diferentes momentos de su infancia. Algunos resultan felices; otros fueron guardados precisamente porque volver a ellos significa enfrentarse al dolor. Para Ibarra Morales, esa operación tiene correspondencias con la manera en que funciona la memoria fuera del escenario. “Hay recuerdos que decidimos guardar para que no nos duelan, pero a veces hay recuerdos que decidimos guardar porque realmente eran traumáticos. Es una obra muy divertida, pero también muy profunda, y habla de muchos secretos en las familias y en la niñez que tarde o temprano salen a la luz”.

La feria funciona así bajo una lógica cercana al sueño. Los payasos aparecen y desaparecen, los espacios se transforman y la realidad comienza a confundirse con aquello que “Magenta” recuerda. El actor evita colocar a “Algodón de Azúcar” únicamente dentro de la comedia o del drama. Prefiere pensarla desde el realismo mágico: mientras su personaje conserva un comportamiento reconocible y cotidiano, aquello que lo rodea rompe progresivamente las reglas de la realidad. “Hay una magia. Estos personajes aparecen, desaparecen, son espejismos, pero de alguna manera van narrando y van contando esta historia”, explica.

La apariencia de los propios payasos contribuye a esa ambigüedad. Ibarra Morales recuerda la sensación que experimentaba de niño al observarlos en el circo: una combinación difícil de separar entre diversión y miedo. “Me daba entre terror y alegría. Son algo macabros”, recuerda.

Esa dualidad también atraviesa la propuesta visual de la obra. Vestuario, iluminación y escenografía construyen pequeñas imágenes alrededor de los encuentros entre “Magenta” y sus acompañantes. El montaje se abre así a un recorrido como una sucesión de episodios infantiles trastocados de manera delirante entre el sueño y la memoria.

CORTESÍA 
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Cuando el secreto pertenece a la familia

Conforme avanza el recorrido, “Algodón de Azúcar” abandona la apariencia de un juego. Aquello que “Magenta” necesita recordar está relacionado con una experiencia de su infancia que decidió sepultar y con un secreto que permaneció dentro de su familia. Ibarra Morales evita revelar el acontecimiento concreto sobre el que gira la obra, pero considera que numerosos espectadores podrán reconocer el silencio que lo rodea. Por ello, aunque su apariencia pueda sugerir inicialmente un espectáculo infantil, la producción está dirigida a adolescentes y adultos. La intención tampoco es entregar una moraleja determinada.

“Hay muchos secretos en las familias mexicanas. En este caso se decide mejor callar, guardar, no decir nada. Los padres, las madres, los tíos, todos deciden callar el dolor de un niño”, explica. “Yo no creo en el teatro didáctico”, afirma Ibarra Morales. Para él, una obra puede colocar una experiencia frente al público y permitir que cada persona establezca una relación distinta con aquello que observa.

En el caso de “Algodón de Azúcar”, esa posibilidad se encuentra en el diálogo entre el adulto y el niño que alguna vez fue. “Si la gente ve la historia de ‘Magenta’ y les ayuda a tener un diálogo con su niño interior, con su pasado, de eso se trata ‘Algodón de Azúcar’ y de eso se trata el teatro que nos gusta ver y nos gusta hacer: que te remueva el piso un poquito”.

CORTESÍA 
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Para Ibarra Morales, las funciones también representan su regreso al Conjunto Santander, un escenario que ya ha visitado con otras producciones y que considera especialmente adecuado para este montaje. El actor destaca además el trabajo de Gabriela Ochoa y del resto del elenco, integrado por Carolina Garibay, Romina Coccio y Miguel Romero, además de la participación de Francisco Mena con música en vivo. “Es un trabajo muy fino, muy sutil”, dice sobre la dramaturgia y dirección de Ochoa. “Siento que es un espectáculo que va a disfrutar mucho el público de Guadalajara”.

Después de seis temporadas, “Algodón de Azúcar” llega así a Guadalajara con una feria donde cada juego conduce hacia un recuerdo. Para “Magenta”, entrar implica aceptar una regla aparentemente sencilla: decir que sí a todo. Salir, en cambio, dependerá de su disposición para reconocer aquello que durante años prefirió mantener en secreto. 

JM

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