Pocas obras exigen tanto de un bailarín como “El lago de los cisnes”. La dificultad no termina en los giros, los equilibrios o las largas secuencias de variaciones. También obliga a construir personajes capaces de transmitir miedo, esperanza, amor y tragedia sin recurrir a una sola palabra. Esa doble exigencia guía la nueva temporada que el Ballet de Jalisco llevará al escenario del Teatro Degollado bajo la dirección artística de Lucy Arce.La compañía ofrecerá seis funciones del clásico de Piotr Ilich Chaikovski entre el 24 de julio y el 2 de agosto, con una versión construida a partir de la coreografía tradicional de Marius Petipa y Lev Ivanov, manteniendo la estructura que convirtió a la obra en uno de los títulos fundamentales del ballet universal. Para Arce, el reto comienza mucho antes del estreno: se encuentra desde la construcción, día con día, de la puesta en escena.“‘El lago de los cisnes’ es uno de los ballets más importantes del repertorio clásico. Se presenta en teatros de todo el mundo y prácticamente todas las grandes compañías lo mantienen vivo”, platica la directora, en entrevista con EL INFORMADOR. “Es una obra difícil porque exige un nivel técnico muy alto, pero además buscamos que tenga una gran calidad histriónica. No basta con ejecutar correctamente la coreografía, necesitamos que la emoción llegue al público y que todos los personajes transmitan con verdad lo que están viviendo”.Ese equilibrio entre virtuosismo e interpretación recorre toda la preparación y los aspectos del montaje. Los protagonistas deben dominar una coreografía considerada entre las más complejas del repertorio del ballet y, al mismo tiempo, construir el conflicto dramático entre el príncipe “Sigfrido” y “Odette” -condenada a vivir bajo el hechizo de “Von Rothbart”- y “Odile, el Cisne Negro”, cuya aparición desencadena el desenlace de la historia.“Un bailarín necesita una técnica muy sólida porque físicamente la obra es muy demandante. Hay variaciones complejas y una enorme carga de trabajo durante toda la función”, explica Lucy Arce. “Pero además tiene que convertirse en actor. No sólo debe bailar bien; también necesita contar una historia”.Estos requisitos son supervisados a detalle por Arce. Durante las sesiones de ensayos -en una de las cuales estuvo presente EL INFORMADOR-, la directora revisa con precisión milimétrica los movimientos de los bailarines. A su lado, Silvia Olivares y Ana Robles, maestras ensayadoras, toman notas, hacen observaciones, señalan alguna postura mal colocada. Los bailarines ondulan en torno a los compases de Chaikovski, y rizan sus cuerpos como si imitaran los movimientos del agua. Sus expresiones faciales no revelan el agotamiento que supone levantarse unos a otros en el aire, sino que se tensan en el dramatismo que la música exige. Si por un instante la dificultad aparece en sus rostros, las tres maestras lo indican sin palabras, los intérpretes recobran la postura, la inspiración, y continúan con lo suyo bajo la mirada complacida de Arce, Silvia Olivares y Ana Robles. Cada bailarín que pasa al frente recibe su respectiva dosis de aplausos, de ellas y de sus compañeros, hombres y mujeres de todas las edades, que esperan su respectivo turno sentados en los largos espacios de madera lustrada. Estiran sus largas piernas, conversan entre sí en posturas inverosímiles, se mueven de un lado para otro con la consistencia de las plumas. Más de un siglo después de su estreno, “El lago de los cisnes” continúa ocupando un lugar central en las compañías de ballet. Arce atribuye esa permanencia tanto a la música de Chaikovski como a la vigencia de los conflictos humanos que atraviesan la historia. “La partitura es maravillosa y forma parte de la memoria colectiva. Todos la hemos escuchado alguna vez, aunque nunca hayamos visto el ballet completo. Además, estos relatos del romanticismo hablan de sentimientos profundamente humanos. Si trasladamos la historia de Odette a la realidad, encontramos emociones que siguen presentes: el miedo, la opresión, el deseo de libertad y la fuerza del amor para enfrentar aquello que parece imposible”.La temporada también representa un ejercicio formativo para el Ballet de Jalisco. En escena participarán 40 intérpretes: los 26 integrantes profesionales de la compañía y 14 aprendices invitados, quienes reforzarán las escenas de conjunto y asumirán distintos papeles a lo largo de las seis funciones. Los personajes principales serán interpretados por elencos alternantes encabezados por Sarah de Miranda, Keyla Meléndez y Angeline Montes como “Odette” y “Odile”, mientras que el príncipe Sigfrido estará a cargo de Argenis Montalvo, Jonathan Cadena y Pablo Pacheco.Los ensayos se desarrollan bajo la dirección de Lucy Arce junto con las maestras Silvia Olivares y Ana Robles, responsables del trabajo cotidiano con los distintos repartos. La existencia de varios elencos implica preparar funciones paralelas sin perder la unidad del montaje. “Tenemos varios elencos y eso representa un reto para las maestras y para mí, porque prácticamente trabajamos muchos ensayos distintos al mismo tiempo”, explica. “Sin embargo, buscamos que todos los bailarines tengan la oportunidad de interpretar personajes nuevos. Aunque existan solistas y cuerpo de baile, muchos integrantes del cuerpo de baile tienen la capacidad de asumir papeles principales. Nos interesa ofrecerles esa oportunidad para que también puedan desarrollarse como solistas”.Para la directora, conservar este repertorio también responde a una responsabilidad con la formación de los bailarines y con el público. A juicio de Arce, después de “El lago de los cisnes”, los bailarines pueden interpretar cualquier repertorio sin temor alguno. “Los grandes clásicos exigen un rigor técnico extraordinario y eso mantiene a los bailarines en un nivel muy alto. Gracias a esa preparación después pueden abordar cualquier otro repertorio con mayor facilidad”, asegura. “Eso no significa restarle valor a las coreografías contemporáneas, porque existen obras nuevas extraordinarias. Simplemente, el nivel de disciplina que requieren los clásicos sigue siendo único”.Arce confía en que la temporada acerque tanto a quienes conocen el ballet como a quienes nunca han visto esta obra sobre un escenario. “A quien nunca ha visto ‘El lago de los cisnes’, le diría que se acerque. Estoy segura de que se va a enamorar. Y quienes ya la conocen saben por qué regresan. Quiero que la gente sienta que el Ballet de Jalisco es su compañía y siga descubriendo el repertorio clásico”, finaliza. Las funciones tendrán lugar los viernes 24 y 31 de julio y los sábados 25 de julio y 1 de agosto, a las 20:00 horas, además de los domingos 26 de julio y 2 de agosto, a las 13:00 horas, en el Teatro Degollado. Los boletos ya se encuentran disponibles a través de Boletomóvil, con precios que van de 300 a 800 pesos. CT