Miércoles, 29 de Enero 2020

"Nunca fui el mejor dibujante de mi clase"

Liniers se ha convertido en uno de los ilustradores más destacados a nivel internacional junto con su popular personaje “Macanudo”

Por: Norma Gutiérrez

Liniers. El ilustrador argentino dejó su huella en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, en el marco de la FIL 2019. EL INFORMADOR / F. Atilano

Liniers. El ilustrador argentino dejó su huella en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, en el marco de la FIL 2019. EL INFORMADOR / F. Atilano

Al explorar el legado de la gráfica argentina es imposible no tener como referencia a Ricardo Siri “Liniers”, ilustrador nacido en Buenos Aires, quien ha llevado sus trazos a los escaparates más importantes del dibujo y la imprenta a través de “Macanudo”, historieta en la que el optimismo ha sido la base para dar un vuelco al humor ante las complejidades y tragedias del mundo.

En Argentina, la palabra macanudo es sinónimo de lo que en México se entendería como algo “chido”, con onda, y ofrecer un respiro de humor y gracia cada mañana entre las noticias devastadoras de los periódicos era el objetivo de Liniers hace 18 años, justo cuando el universo de “Macanudo” comenzaba a presentar las aventuras de sus protagonistas: “Enriqueta” y su gato “Fellini”, la monstruosidad adorable y tierna de “Olga” o las ocurrencias y travesuras de sus duendes y pingüinos.

El trabajo de Liniers ha escalado conquistando lectores en América Latina, Europa y el mercado anglosajón, también puso en marcha su propia editorial “La editorial común”, ha sido considerado en estrados como el Society of Illustrators en Nueva York, ilustrado portadas de la revista The New Yorker, ser fichado por la editorial Toon Books y ha recibido premios como el Inkpot Award o el Eisner (equivalente a los Premios Óscar en la ilustración) por su libro “Buenas noches, Planeta”, por ejemplo.

“Mi fantasía más gigantesca era que me publicaran en Uruguay, decirle a mis padres que mis historietas habían llegado ahí, que sería mi éxito internacional, esa era mi fantasía máxima. Todo lo que ha pasado después me lo tomé como algo extra, algo inesperado que no he pedido más, disfruto lo que tengo”.

Liniers no tiene guiones. En donde dibuje o se encuentre, no duda en explicar las cualidades del dibujo como un detonante creativo, ya sea en el terreno profesional o como un simple gusto personal; él anima a tomar cualquier lápiz y confiar en los garabatos que surjan y alimentarlos con las referencias de la vida, de lo cotidiano.

“Siempre todo lo que uno ve, lee y escuchan entra como a un laboratorio cerebral y después el reto es encontrar algo que sea personal, trabajar desde la honestidad. Hacer lo que se tenga que hacer como salga”.

-Eres un artista que prácticamente diario dibuja, siempre, ¿cuál es el origen de tu creatividad?

-Desde hace 18 años que estoy publicando Macanudo y la verdad mi miedo era que a los dos o tres meses me quedara sin ideas cuando empecé a publicar todos los días. Después vi que pasaron tres meses y seguían apareciendo ideas, así han pasado los años y sigo disfrutando. Cuando me siento a dibujar es por la misma razón por la que los lectores se sientan a leer, yo quiero ver qué más pasará.

-Abogas por la sorpresa, que tus personajes ofrezcan eso a los lectores, descubrir sobre la marcha qué más vendrá, pero ¿qué es lo que no veremos en tu carrera y personajes?

-Me ofrecieron que otras personas dibujasen mis historietas para poder hacer más libros, pero tengo decidido dibujar yo. Mientras pueda dibujar la historieta como la quiero hacer, lo seguiré haciendo. Ahora comencé a dibujar en Estados Unidos y a la gente que trabaja conmigo le dije que no podrían pretender que la historieta sea otra cosa que lo que es. Las cosas salen como salen, nunca me han dicho cómo dibujar mi historieta. Mientras tenga esta libertad la disfruto, si me empiezan a poner límites y barreras creo que ahí es donde se empezaría a desarmar el misterio para mí”.

-Como lector, con las redes sociales tu trabajo se ve inmediatamente en cualquier parte del mundo, ¿imaginabas este panorama para la ilustración?

-Cuando empecé era la época de hacer fotocopias, era la manera de mostrar tu trabajo a través de los fanzines, pero tuve la suerte que apenas empezó funcionar ‘Macanudo’ y aparecieron los blogs y las redes sociales, creo que la gente no sabía qué poner y comenzaron a compartir mis historietas y así traspasé las fronteras, sino solamente me hubieran conocido en Argentina y listo, ya estaba. Pero gracias a un pequeño ejército de jóvenes entusiastas mis dibujos saltaron por todos lados y diferentes países.

-Tus ilustraciones abarcan todo su espacio con mucho color, pero con diálogos muy cortos y puntuales o sin estos, ¿cómo es el reto para concretar un mensaje sin palabras entre los personajes?

-Hacer algo simple es complicado. Muchas veces para decir algo muy simple te puedes enredar mucho; a mí me gusta cuando sale una cosa y solamente hay dos palabras o a veces no hay nada, pero al final digo algo que me gusta decir, pero en ocasiones eso no pasa, te enredas. Mis historietas buscan esa simpleza y cierto optimismo, no es una historieta que dice que todo es una porquería, si bien hay mucho desastre en todos los sentidos de la vida, sin optimismo nos entregaríamos al desastre, a la depresión.

-¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Hay más viñetas o ideas debajo del resultado final?

-Las historietas las vas trabajando de a poco. Primero es un bocetito, veo si algo ahí habla, si se tratará de un duende o Enriqueta, si estarán en una hamaca, si es la hora de comer o cosas así. Todo se va armando de a poco y las cosas que van quedando quizá es un dibujo que vendrá después. Nunca voy por el mismo camino, si siempre recurres al mismo tipo de chistes te vuelves muy predecible. En el humor, la falta de sorpresa lo mata”.

-Se dice que todos sabemos dibujar, de niño comienzas con garabatos, ¿crees que el que alguien señale la fealdad de ese primer dibujo aleja a la gente de explorar el dibujo?

-El dibujo no son matemáticas, uno más uno es dos siempre, y en el dibujo no es así. Para mí es justamente eso, es en el colegio cuando los niños se comienzan a frustrar, ves que a otro niño su dibujo le sale más parecido a lo que está dibujando que al tuyo. Yo nunca fui el mejor dibujante de mi clase, siempre había más que dibujaban mejor, pero aún sin dibujar del todo bien me gustaba hacerlo. Cuando hablo con niños enfatizo eso, demostrar que en la historieta y sobre todo en el humor no hace falta dibujar bien, es más importante dibujar gracioso. Mi trabajo no es dibujar bien. Los Simpson no son dibujos muy complejos, no es difícil dibujar a Homero, pero lo genial es que es gracioso y nos identificamos con esos personajes.

Tapatío

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