Domingo, 19 de Enero 2020

"López Obrador no es un regreso al presidencialismo, es algo nuevo"

El politólogo Lorenzo Meyer analiza el primer año de Gobierno del Presidente; señala que tiene una legitimidad nunca vista en la historia de México

Por: Gerardo Esparza Rivas

Lorenzo Meyer. Presentó el libro “El poder vacío”, bajo el sello de Debate en el marco de la FIL. CORTESÍA

Lorenzo Meyer. Presentó el libro “El poder vacío”, bajo el sello de Debate en el marco de la FIL. CORTESÍA

El 1 de diciembre, después de 12 años que asumió como presidente legítimo tras la reñida elección de 2006, Andrés Manuel López Obrador fue investido como Presidente constitucional de México. Desde entonces, su Gobierno ha sido atípico en un país acostumbrado a otro tipo de mandatarios. Ofrece una conferencia todas las mañanas, defiende sus programas y sus decisiones, ejerce como pocos el poder que le confiere el mayor cargo público.

Con mayoría en ambas cámaras y partido en ascenso en los Estados, el Presidente no sólo construye su legado, sino que destruye, organismo por organismo, interés por interés, a la oposición. Sobre ello, este medio habló con el profesor emérito del Colegio de México y miembro emérito del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México, Lorenzo Meyer.

-¿Estamos ante un nuevo presidencialismo todopoderoso con la llegada de López Obrador?

-El sistema presidencial, para bien o para mal, fue el que México eligió y le da un gran poder al Presidente. Quizá el punto central es la legitimidad que tiene ese presidencialismo; el sistema en sí lo copiamos de los estadounidenses y qué le vamos a hacer. No creo yo que haya regresado el presidencialismo “fuerte”, porque no se puede regresar. Quizá son variantes.

Tiene el poder por una vía que no había tenido ningún otro presidente: no tiene un Gobierno dividido y tiene la legitimidad de los 30 millones de votos. Además, tiene un Congreso que no es producto, como lo fue durante mucho tiempo, de la manipulación electoral. Una vez que la Revolución se asentó y se hizo régimen, las elecciones eran más o menos claras, pero nunca fueron unas elecciones, en el sentido profundo de la palabra, limpias, porque la oposición no tenía la capacidad de enfrentar a un partido de Estado.

-Entonces ¿cómo debemos entender este Gobierno?

-En 2018, quien toma el poder, y el partido que toma el poder, no tiene el apoyo del Estado sino que lo tiene en contra. A pesar de que el PRI tenía el poder federal, la burocracia, los recursos por medio de la Secretaría de Hacienda, y tenía una buena proporción de los gobernadores, no sólo pierde la Presidencia sino también el Congreso. Y el otro partido de oposición, el PAN, que se supone que ya debería tener una buena cantidad de experiencia acumulada, tampoco puede ganar y entonces Morena y el Presidente reciben este poder que no había tenido ningún Mandatario anterior. Por eso no es un regreso al presidencialismo, es algo nuevo.

-¿Es un nuevo régimen?

-A partir de Carranza, que es cuando se inician las elecciones del nuevo régimen, el Gobierno está formado que por un presidente que sale del poder del Ejército, y el Congreso nace del poder de ese presidente. Las elecciones son más formales que con contenido; cuando hay contenido es cuando no entra el Estado y cuando hay dos o más ofertas al ciudadano que compiten por su voto de manera realista.

En la elección de López Portillo él gana con 100%, es ridículo. Pero no hay una posibilidad de llevar a la práctica a teoría de una competencia donde al ciudadano se le ofrezcan varias alternativas y opte libre e informadamente por una de las ofertas. Eso se dio en 2018 como algo rarísimo; entramos en algo nuevo no sé si vaya a tener éxito y vaya a llevarnos a una etapa política sustentable y México deje atrás su historia electoral que ha sido un desastre.

-Tras la pulverización electoral del PRI en las pasadas elecciones, ¿hay un vacío de poder en el país?

-En la teoría política se señala que los vacíos son temporales; por ahora quien llena los vacíos que el PRI dejó es un Presidente fuerte, con la rara legitimidad de tener votos que se contaron. López Obrador ganó por una biografía política atípica: es un político que no tiene muchos paralelos. Y en parte ganó por una reacción en contra del PRI y un PAN que no supo o no pudo cumplir con lo que era su proyecto: que era limpiar el país y atrapar los peces gordos.

Buena parte de la votación no fue por Andrés, fue en contra del sistema que había estado dominando. En un entorno, y no hay que olvidarlo nunca, internacional que favorecía ese cambio; ya no había Guerra Fría y Estados Unidos no estaba interesado en mantener el viejo sistema mexicano y no se opuso al cambio y con eso introdujo una variable importante.

-¿Se cambió del debate sobre lo público y lo político en el país?

-Se agudizó el debate político. Se hizo más realista. El discurso del Gobierno del PRI ponía énfasis en la democracia se quedó hueco. Hay una frase de Blanca Heredia que resume perfecto cómo era antes de López Obrador: “el Gobierno se usaba para los gobernantes”. El resto del país importaba bastante poco. Eso fue lo que cambió desde las partes simbólicas. ¿A quién se castiga con la austeridad? En primer lugar a las clases gobernantes, a los secretarios de Estado: les cortaron coches, celulares, sueldos. Al final el poder estaba vacío porque al gobernante se le olvidó gobernar para su sociedad.

-¿Quiénes son los adversarios del Presidente?

-Tiene una cantidad de adversarios, de enemigos y de intereses creados que es la esperada. Maquiavelo lo decía de una manera muy simple: cuando el príncipe adquiere el poder por primera vez no lo adquiere por herencia sino por conquista, tiene la tarea más difícil porque quienes lo apoyaron no tendrán la recompensa que ellos creían merecer, y quienes antes gobernaban todos serán sus enemigos porque les quitó sus privilegios; entonces se queda solo y la política se convierte en un ejercicio muy complicado.

Cuando se quiere ir contra la inercia entonces se tienen a organizaciones sociales en contra, a la prensa en contra, a la clase media que se horroriza porque estaba acostumbrada a que quienes gobernaban fueran deferentes a sus formas. Las formas y el contenido están cambiando.

-¿López Obrador ejerce, más allá de lo simbólico, un poder real?

-Yo tomo la definición de política la que hace Harold Lasswell, “quién consigue qué, cómo y cuándo”. Ahora veamos el presupuesto. Si estuvieran consiguiendo lo mismo de siempre no hubiera habido plantones. El Presidente quita a los intermediarios del pasado y decide ejercer el presupuesto directamente sobre las clases y grupos que se suponen que debían recibirlo no lo recibían entero. Eso ya es un cambio en la naturaleza de la política.

El reparto del presupuesto es un indicador, pero también decirle a la clase superpoderosa que no van a tener un aeropuerto. ¿Qué lo diseño el yerno de Slim? Pues aun así no lo va a tener. Y ahora Slim dice que este país necesita una sacudida. Eso es ejercer el poder, porque el otro, el fáctico, se topó con pared, no está destruido pero ya no hace lo que hacía.

-¿Y la corrupción?

-La corrupción es parte integral del sistema que funcionaba hasta el año pasado; el tener una secretaria en la cárcel, como Rosario Robles, significa que ya la Unidad de Inteligencia Financiera ya anda rondando a otros. Si eso no es ejercer el poder, entonces no sé cómo definirlo.

-¿Cómo entendemos el libro del Presidente? ¿Viola la Ley de Responsabilidades?

-El libro es un acto político, un manifiesto. Lo pone en una editorial en la que el Presidente ya había publicado. La ley dice que no se puede entrar a una actividad privada en áreas donde antes se hayan tenido responsabilidades de regular esa área. Es hasta raro que un Presidente escriba un libro. El primer libro que escribe es cuando deja Tabasco y rechaza ser oficial mayor. Sin trabajo se pone a escribir sobre Juárez y Tabasco. El penúltimo es sobre Catarino Garza, un personaje de la frontera que se ha propuesto derrocar a Porfirio Díaz antes que Madero. ¿Qué presidente se decide escribir un libro sobre un revolucionario fracasado? No conozco a ninguno que en pleno proceso de retar al sistema se proponga a escribir sobre alguien así.

Acepto que en esta polarización todo entra a la discusión. Creo que es preferible que escriba un libro a que vaya a jugar golf a Malinalco.

Tapatío

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