Lunes, 19 de Abril 2021

La exploración del otro en la escritura

El escritor presentó el libro de ensayos “El naufragio de las civilizaciones”; en entrevista, charla sobre sus creación literaria y en torno a la lengua

Por: Jorge Pérez

Analista. Al escritor Amin Maalouf le parece aberrante que en países como Estados Unidos, al ser potencia, la población no se preocupe por aprender más idiomas. EL INFORMADOR / E. Barrera

Analista. Al escritor Amin Maalouf le parece aberrante que en países como Estados Unidos, al ser potencia, la población no se preocupe por aprender más idiomas. EL INFORMADOR / E. Barrera

Novelista, ensayista y autor de libretos para ópera, Amin Maalouf ha cruzado con su obra las fronteras de las culturas, al ofrecer una mirada única sobre los conflictos mundiales. Nacido en una familia católica en el Líbano, con el árabe como lengua materna y radicado en Francia desde hace varios decenios, el autor en lengua francesa ha recibido algunos de los más importantes reconocimientos para las letras, como el Premio Príncipe de Asturias en España y el Premio Goncourt en Francia. Miembro de la Academia Francesa, Maalouf pasó por Guadalajara para presentar “El naufragio de las civilizaciones” (editado por Alianza), su más reciente libro de ensayos.

-Escribe novela y ensayo, ¿cómo ha sido el acercamiento a las diferentes escrituras?

-Creo que escribo cuatro tipos diferentes de libros: la novela, los ensayos, los libros de carácter histórico (que no son necesariamente ensayos: en “Las cruzadas vistas por los árabes” hay un capítulo final, el ensayo; el resto es histórico); el cuarto tipo son los libretos de ópera. Cada tipo de libro posee su lugar particular para mí, y además un estado de ánimo particular: hay momentos donde tengo necesidad de escribir un ensayo, en otros momentos novela. En los últimos años el ensayo ha estado separado por diez años (“Identidades asesinas” de 1998, “El desajuste del mundo” de 2009 y “El naufragio de las civilizaciones”, 2019). Siento una necesidad de evaluar el estado del mundo, con este intervalo regular. Las novelas las escribo con mayor naturaleza. El ensayo sé que lo escribo porque siento una obligación con mis contemporáneos, con mis hijos y nietos, de hablar de la marcha que lleva el mundo, lo que sucede. La novela creo que es un poco diferente, soy probablemente más libre. En un ensayo es difícil no hablar de tal o cual cosa, pero pienso que para alguien dedicado a la escritura es importante no hacer siempre el mismo tipo de libro: es necesario hacer cosas diferentes.

-¿Y la relación con la música?

-Fue una cosa un poco particular. Escribir para música es generalmente por petición: la primera vez fue en el festival de Salzburgo, me escribieron diciendo que había una joven compositora que deseaba escribir su primera ópera (Kaija Saariaho). Me preguntaban si quería escribir el libreto. Lo hice, fue en 1997. Me interesó y lo escribí, es “El amor de lejos” (estrenado en 2000). Nos entendimos tan bien al trabajar que decidimos hacer otra. Ya he hecho cuatro con ella, fue una cómplice. Hice otras cosas para música, como una canción: “Un automne à Paris”, fue mi reacción a los atentados en Francia hace unos años. Pero es diferente en general: escribir ensayo o novelas es una iniciativa de escribir, mientras los libretos siempre son en relación a una petición, la iniciativa está en la música.

-En algunos libros de no ficción hay relaciones, como “León el Africano” y “Las cruzadas vistas por los árabes”.

-“León el Africano” lo publiqué después de “La cruzadas…” comencé a trabajar en la novela un poco por lo mismo: en un libro quise contar los eventos del otro lado, la novela cuenta la reconquista del otro lado. Uno dice ‘Hemos ido’, el otro ‘Hemos llegado’. Partí de la novela por el personaje del “León el Africano”, un personaje real. Es una novela en la que me basé en los elementos que sabemos de su vida real para contar esa historia. Son dos elementos importantes: primero ver el mundo y los sucesos de otra manera, con otra perspectiva; y segundo, porque dejé mi país natal. Es la historia de alguien que deja su país por la guerra, que comienza a viajar por el mundo, se encuentra en otros países, en otra lengua. Eso me tocó, fue un poco contar de cierta manera mi propia experiencia.

-Menciona la lengua. En “Las identidades asesinas” lo dice: aprender una lengua es aprender también cómo es el otro. ¿Qué se puede hacer cuando tenemos políticos que solo hablan una lengua (como el presidente de los Estados Unidos)?

-Creo que, en efecto, la cuestión del idioma es importante. Aprender la lengua del otro es un acto de respeto, de afección. Creo que tenemos necesidad de aprender a hablar más que una lengua. Es una realidad actual, evidentemente hay necesidad de una lengua internacional (hoy es el inglés). Creo que hay necesidad de aprender otra lengua (además de la materna), a la que llamo “la lengua del corazón”: un idioma que escogemos por muchas razones. Es una manera de acercarse a otra civilización. Para mí fue el francés, no es mi lengua materna: es importante exhortar a los jóvenes a ver al otro a través del lenguaje. En otro tiempo, la gente que viajaba de los países del Norte al Sur consideraba que era un deber aprender la lengua. Había muchos misioneros en mi país, por ejemplo, y lo primero que hacían era aprender la lengua para escribir (traduciendo). Era lo primero que hacían: traducir los textos de su propia cultura al árabe y los textos árabes a sus idiomas. Hoy no es así: la gente de los países del Sur tiene que aprender las lenguas del Norte, y los del Norte ya no buscan tanto aprender otros idiomas. Es una aberración lo que sucede con Estados Unidos, un gran país que tiene una ambición global, quiere gobernar el mundo sin tomarse el tiempo de aprender los idiomas. Mandaron jóvenes a Afganistán que no hablaban la lengua. No tienen el mínimo respeto por un país. No se puede tener bien ese rol sin esas habilidades.

-¿Es una suerte de colonialismo lingüístico?

-Antes es una actitud de arrogancia. En algún momento los países que se vuelven grandes tienen la sensación de no tener necesidad de los otros. Es un gran error. Hace unos años me invitaron a una comisión europea para dirigir un grupo de reflexión sobre la cuestión de las lenguas en Europa. Propuse esa idea: tener tres lenguas, una lengua materna, una internacional y una lengua del corazón. En una reunión de ministros de educación europea propuse eso, que los jóvenes no se limiten a su lengua y al inglés. Es necesario el inglés, pero debería ser la segunda lengua extranjera, la del corazón debería ser la primera. Cuando presenté la propuesta un ministro dijo que no era necesario, ya que con el inglés bastaba. A lo lejos veía al representante británico: “Somos nosotros los que tenemos la necesidad, nos han llevado a una situación de monolingüismo”. Hay que estudiar lenguas, nos enriquece intelectual y culturalmente. Es imperativo que los jóvenes lo hagan para el desarrollo intelectual, puesto que le falta algo a quien no habla otra lengua. Es un elemento de desarrollo para los jóvenes.

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