Miércoles, 28 de Septiembre 2022

Gonzalo Celorio: la ficción no traiciona la realidad, amplía sus categorías y escalas

Con “Mentideros de la memoria” el autor hace un repaso por la memoria de escritores latinoamericanos y que de paso celebra su larga trayectoria

Por: Ricardo Solis

Celorio hace un trabajo que combina géneros como ensayo y narrativa, lo que lo hace un autor con una interesante hibridación en sus letras. ESPECIAL/Elsa Chabaud

Celorio hace un trabajo que combina géneros como ensayo y narrativa, lo que lo hace un autor con una interesante hibridación en sus letras. ESPECIAL/Elsa Chabaud

El escritor mexicano Gonzalo Celorio repasa en la memoria a escritores y eventos alrededor de los libros y el pensamiento en su nuevo libro que, bajo el nombre de “Mentideros de la memoria” (Tusquets Editores, 2022), fue publicado hace unos meses y en él que aparecen autores, amigos y maestros, como Juan José Arreola, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Sergio Fernández, Alfredo Bryce Echenique o Jorge Luis Borges.

En una larga trayectoria literaria, Celorio se ha caracterizado por la combinación de géneros en su trabajo, lo que lleva a cierto extremo en esta nueva publicación, explica que “toda mi obra tiene cierta condición híbrida, que va entre el ensayo y los recuerdos, la autobiografía, pero todo en un ámbito narrativo esencialmente”.

A este respecto, abunda el autor, “alguien decía por ahí que mis novelas son muy ensayísticas y mis ensayos muy narrativos. En efecto, creo que hay una imbricación de ambos géneros, porque creo que éstos solo sirven para que los profesores de literatura devenguemos nuestros salarios quincenales. Pero creo que este es libro más arriesgado que, en términos de hibridez, he hecho; y que curiosamente lo calificaría como una autobiografía pero, paradójicamente, el personaje principal no es el narrador sino los otros, en particular los escritores a los que hago referencia y tuve el privilegio de tratar o conocer. En todo caso, es una biografía de lecturas”.

Así, no fue hace mucho que se dio cuenta de que tenía un nuevo libro en sus manos, “ya tenía varios textos escritos (algunos ya se habían publicado, incluso), pero me pareció interesante recuperar mis vivencias con algunos de estos escritores, y en ese sentido, la inicial vocación fue la ensayística, pero me fue ganando la relación personal, el recuerdo, el testimonio o la memoria. Eso fue definiendo la escritura de los textos, y a medio camino me di cuenta que tenía un volumen con las características de hibridez que enlisté antes”.

Fisuras de la memoria

Y en este proceso, la memoria no es estable y las referencias siempre adquieren el tono honesto de quien reconoce fisuras en el recuerdo; así, detalla Celorio, “yo considero que una cosa es la realidad y otra el lenguaje que trata de recrearla; el lenguaje no es la realidad sino una representación de la misma, y en esa representación hay siempre una distorsión; sobre todo si el tiempo ha transcurrido (como es el caso en el libro). El lenguaje va articulando el recuerdo y, en el momento de expresarlo, ese recuerdo se distorsiona; y muchas veces, confieso, gana la pulsión literaria o narrativa que me lleva a recordar cosas que, de antemano, sé que ya están alteradas y subordinadas a la eficacia narrativa”.

Y esta forma de subordinación ocurre, indica el escritor, “no porque haya falsedad deliberada, porque también estoy convencido de que la ficción puede representar de forma paradójica, con mayor hondura, la realidad que cualquier otro discurso. Creo que se puede conocer más a fondo la realidad del medio rural mexicano leyendo a Rulfo que al leer todos los estudios historiográficos, políticos, sociológicos o demográficos de la revolución o la guerra cristera ¿Por qué? Porque la ficción lo que hace no es traicionar la realidad sino ampliar sus categorías y escalas, es decir, la literatura no sólo da cuenta de lo que hace la humanidad sino de lo que imagina, recuerda, anhela, cree o sueña. Todo eso es parte de la realidad. Y yo me valgo de la ficción para calar más profundo en lo que fue el punto de partida”.

El escritor asegura que este ha sido el libro más arriesgado que ha hecho en términos literarios. ESPECIAL

La pasión crítica

Por otra parte, en este contacto y referencia, tiene cabida la “admiración crítica”, término dual con que se describe al libro de Celorio, y el narrador hace énfasis en que en la lectura puede notarse “mi gusto literario, mi pasión por la literatura y mi vehemente admiración por algunos escritores, como Julio Cortázar, a quien creo que debo mi vocación literaria (aunque me modificó también en términos vitales). Y es eso, hay un reconocimiento, un tributo, un homenaje constante a estos autores pero, pienso, al homenaje puede contribuir la crítica”.

Justo en ese aspecto, comenta que el término que mejor describe esta forma de reconocimiento es, como acuñó Octavio Paz, “la pasión crítica; y creo que la hay en este libro, aunque de forma primigenia o subjetiva, pero se trata de un libro que escribo con 74 años de edad, lejos del primer hervor, han pasado muchos años y creo que están patentes las huellas de la relectura de autores a quienes admiré profundamente en mi juventud y que después he seguido leyendo por motivos críticos y pedagógicos, puesto que vivo de la enseñanza, del contagio de mi amor por la literatura a los jóvenes que -por más de 50 años- pasan o han pasado por mis aulas. Y sí, esa combinatoria quizá se presenta porque he sido asimismo renuente al trabajo académico ortodoxo; no me considero así, porque mi vocación literaria afecta mi labor académica, pero tampoco soy un autor ortodoxo, porque también en mi trabajo académico se filtra lo literario y lo determina. En esta conjunción las heterodoxias se conjugan, porque se trata de textos críticos que surgen de la lectura y el estudio, sin dejar en segundo plano la creación y el gusto literario”.

Flor y fertilizante

Así, esa condición de académico heterodoxo la atribuye Celorio a que “yo estudié justo en la época en que se impusieron las metodologías críticas presuntamente científicas, desde el marxismo hasta el estructuralismo, pasando por el psicoanálisis. Recuerdo mucho lo que decía Gastón Bachelard respecto de estos profesores que deseaban colocar la obra en estancos rigurosos que ‘explicaban la flor por el fertilizante’. Yo deseo hacer lo contrario; y creo se logra en este libro. Ojalá se perciba esta pasión crítica, así como el conocimiento de la literatura que hablo y a cuyo estudio me he dedicado toda la vida”.

Finalmente, aunque poco antes del advenimiento de la pandemia se editó su novela “Los apóstatas” (2020) -la cual cierra su trilogía conformada por “Tres lindas cubanas” y “El metal y la escoria”-, un libro “extenso, riguroso y doloroso, y aunque pasó un poco desapercibido tal vez sea el más ambicioso que he escrito; por eso espero que ‘Mentideros de la memoria’ tenga mejor suerte, porque es más ligero pero tiene sus infidencias, coqueterías y chismes, por eso puede resultar atractivo, sin que se quede en eso porque sostengo que es un texto ‘de regreso’, es decir, producto de más de medio siglo de lecturas y relecturas de aquellos a quienes hago referencia”.

Tapatío

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