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Lunes, 22 de Abril 2019

Arte para construir nuevos relatos

Markus Zusak presenta “El puente de Clay” y nos comparte cómo ha sido la construcción del hilo de este nuevo relato; al final el autor deja un mensaje para los jóvenes escritores

Por: Jorge Pérez

Autor. Markus Zusak se lanza a una nueva aventura literaria que le tomó más de una década armar. CORTESÍA

Autor. Markus Zusak se lanza a una nueva aventura literaria que le tomó más de una década armar. CORTESÍA

El escritor Markus Zusak está de regreso en la mesa de novedades, luego de 13 años de su bestseller “La ladrona de libros”. El australiano recibió con calma el hecho de que su novela vendiera millones de ejemplares alrededor del mundo, tomándose el tiempo para hilar una historia familiar, sobre la lucha interna y los esfuerzos de sus personajes: “El puente de Clay” (editado por Lumen). El autor nos respondió algunas preguntas sobre su proceso de escritura en este libro, sus preocupaciones y su carrera.

Obra. El más reciente libro de Zusak. CORTESÍA

-Ha pasado mucho tiempo desde que publicaste “La ladrona de libros”, ¿qué tanto sientes que cambiaste como escritor con esta nueva novela?

-Creo que tengo un cariño mayor por la escritura, más del que había tenido. También me di cuenta de qué tan lejos quería llegar, ¡y sufrir!, para tener el libro escrito. Al final, “El puente de Clay” fue pura alegría, incluso en los momentos difíciles. Encontré una reserva de fortalezas y confianza en mí mismo que no sabía que tenía.

-Con “El puente de Clay” cuentas una historia épica familiar. En cierto sentido se relaciona con la novela histórica (el contexto histórico y el relato): ¿qué te ha orillado a este tipo de narrativa?

-Creo que me he ido interesando más y más en la idea de que las historias son lo que nos hacen lo que somos. Y esas historias comienzan desde que nacemos. Por eso voy a las historias detrás de los padres de Clay y sus hermanos, y su madre, Penélope, que es en muchas maneras el corazón de la novela. Sus cinco hijos la adoran, y Clay, en especial, ama sus historias sobre viajar al hemisferio Sur desde la acuosa naturaleza de Europa del Este. Las historias nos dicen de dónde venimos, y en muchos casos son un elemento histórico. Se han hecho grandes viajes, en todas las vidas hay momentos de heroísmo. En cierto punto todos tenemos nuestra propia épica.

-¿Cómo fue el proceso de desarrollo de Clay Dunbar? ¿Qué parte de él, y de sus hermanos, te convenció de que este era el libro que querías escribir?

-Clay viene de muchos lugares dentro de mí. Trabaja para ser bueno en las cosas que quiere, ha sido exactamente igual en mi vida. Al comienzo soy terrible para cualquier cosa, tengo que ser paciente, entrenar y mejorar. También tiene un carácter muy ambicioso. Quiere tener un único logro, bello y perfecto, que por supuesto es el puente. Me convenció escribir sobre él y sus hermanos desde que decidí que serían cinco. Sentí el reto. Los sentí estrujando y peleando por su sitio en mi mente. Los escuché discutir, los vi pelear; pero también queriéndose a pesar de todo. Fue difícil lograr que estuvieran bien, pero los quiero. Aunque me quejaba de ellos durante todos los años de escritura, sabía que al final iba a tener que resolver cómo iba a poder seguir viviendo sin ellos.

-Hay ciertos libros, cierto arte (como tocar el piano) que se menciona en el libro. Con “La ladrona de libros” era obvio en la trama (la lectura y el aprendizaje), ¿qué te hizo incluirlo también en “El puente de Clay”?

-Siento que las artes están por todo el mundo, sin juicio, son democráticas, en espera de que gente ordinaria como la familia Dunbar las descubra, se conmuevan y las sumen a la historia de sus vidas. Como la historia de nuestra propia familia, podemos conocer a Miguel Ángel u Homero. Sabemos de Aquiles, “el de los pies ligeros”. Hasta los cinco chicos duros, los Dunbar, pueden ser más duros al forzarlos a tocar el piano. Creo que al final todos sabemos que el arte y la música nos toca el corazón: allí vemos lo mejor de nosotros, y nuestras grandes luchas, nuestras tragedias más extremas. El arte, la música, nos recuerda quiénes somos y qué significa ser humanos.

-Hablando de otros libros: ¿hubo algunos en particular que leíste durante el proceso de escritura, y que consideras que influyeron la trama o el estilo? ¿Y qué lees ahora?

-Leí La Ilíada y la Odisea con mucha obsesión, así como las biografías de Miguel Ángel (de dónde saqué la biografía ficcionalizada que menciono y que llamé “El cantero”, en honor al pueblo de Settignano donde estaba la cantera de donde se surtió para muchas de sus esculturas). Leer a Homero influye profundamente el estilo. Hay un ritmo, una rima en la prosa, para que el libro se pueda leer como un poema, si el lector así lo quiere. Es como un río que corre por la casa de los Dunbar, y mientras se puede desviar a cualquier lado, el ritmo siempre regresa. Por eso utilizo muchas repeticiones, parte de la tradición oral.

En cuanto a lo que leo actualmente, estoy releyendo los cuentos de W.P. Kinsella. Releo mucho, creo que es la forma en que me convertí en escritor. Dicen que hay que leer mucho para serlo, pero creo que hay un punto en el que hay que leer de manera más estrecha, también, encontrar lo que nos encanta y estudiarlo. A veces ni leo tres libros al mes: pero sí leo el “mismo” libro tres veces.

-Neil Gaiman recomienda a los escritores: escribe como se construyen muros de piedra, palabra por palabra: una piedra puede no lucir fuerte, pero una y otra crean el muro. Creo que hay un guiño, quizá sin querer, en ese sentido del puente que Clay construye.

-Es una de las razones por las cuales una parte del libro se llama “Ciudades”, y la otra “Ciudades + Agua”, en lugar de solo “Agua”. También se relaciona con el ritmo, cada palabra importa. Cada lectura que hacía cambiaba mucho, cada página. En parte por eso me tardé 13 años. Cada palabra fue una decisión, una deliberación.

-Hablando de recomendaciones para autores, ¿qué les dirías a jóvenes autores? ¿Y cuál es tu opinión de etiquetas como “literatura juvenil” (que has escrito)?

-Ahora le digo a jóvenes escritores que se lo tomen con calma, a veces. Escribir es duro. Tener la confianza en uno mismo también. Habrá días en los que no funciona. No hay que apalearnos entonces. No hay que pensar en que tiene que pasar, o que tenemos que escribir una gran cuota diaria. Podemos ver una película que ya hemos visto muchas veces. Verla y tomar notas. Pensar en qué estamos trabajando inconscientemente. Todo tiene sentido cuando regresamos al escritorio y decimos “Ahora”. Seguiremos pensando en planes, forjando el acero necesario para el largo camino. En cuanto a etiquetas, mis libros favoritos los acomodo en un solo librero, juntos. Así es el libro que deseo escribir. Me encanta que los libros superen ese tipo de categorías.

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