Sábado, 30 de Mayo 2020

Algo es mejor que nada

Ante la llegada del coronavirus que obliga a los ciudadanos a permanecer en casa, la escritora Sandra Frid detalla cómo encontró la inspiración para su siguiente novela entre las paredes de su hogar 
 

Por: El Informador

La escritora Sandra Frid cuenta su experiencia en esta cuarentena y qué la inspiró para escribir su nueva novela. ESPECIAL

La escritora Sandra Frid cuenta su experiencia en esta cuarentena y qué la inspiró para escribir su nueva novela. ESPECIAL

El  primer caso de coronavirus, según una agencia de noticias, surgió en China el 8 de diciembre del  año  2019.  La Organización Mundial de la Salud recibió la  primera alerta el día último de ese mes.  Algunas regiones de aquel lejano país quedaron aisladas del resto del mundo. Fue  hasta  el  23  de  enero  cuando  bloquearon  la  comunicación  aérea  y  los  viajes  en  tren. Pero  el  COVID-19 ya se había escapado.  Arribó a Corea del  Sur y el  número de contagiados al 29 de febrero, sólo en ese país, ya sumaban tres mil 140. Como sabemos, Irán fue uno de los primeros países árabes en cerrar sus fronteras.

Podría seguir la ruta geográfica de  la  pandemia, mas creo que  ustedes, estimados lectores, la conocen.

Aquí, en México, se confirmó el primer caso el 27 de febrero y, 20 días más  tarde, nos enteramos de la primera muerte.

Todavía el 8 de marzo las mujeres, y  algunos hombres, marchábamos en la calle, manifestándonos contra los feminicidios y la violencia hacia nuestro género. Ese día, aunque el COVID-19 ya había  aterrizado en suelo mexicano, andábamos  mujeres, varones y niños, paseando  por las calles, yendo a la escuela, trabajando; salíamos a donde tuviéramos que  ir, llenábamos restaurantes, cines, teatros, bares, salones de fiestas. Nos reuníamos, nos besábamos, nos abrazábamos.

¿Quién hubiera imaginado que días  después, a pesar de que las medidas gubernamentales eran laxas, nos íbamos a  encerrar, separándonos de nuestra cotidianidad, de nuestra familia y nuestros  amigos?

Soy escritora. Amo mi trabajo y tengo la  enorme dicha de hacerlo en casa.  Disfruto la lectura, otra actividad que no  me obliga a salir. Se han suspendido los  talleres que doy y a los que asisto, así como las clases de literatura que tanto disfruto. Cerraron el gimnasio al que nunca  falto,pues ese  es otro de mis vicios. ¿Qué me queda? ¿Qué nos queda? Hacernos  conscientes de nuestra vulnerabilidad y buscar opciones.

Hace tres meses salió a la venta mi más reciente novela (no debemos decir la última, según se dice entre escritores) “La  mujer que nació tres veces”. Pasé por la  depresión “posparto” que, a decir verdad, la superé gracias a las vacaciones decembrinas y tuve la suerte de viajar. En enero estuve muy ocupada con las entrevistas y la promoción del libro.  

Les confieso que no sé estar sin escribir. Es una necesidad que me obliga a pensar en mi próxima novela tan pronto pongo punto final a la que termino. Mientras “La mujer que nació tres veces” se imprimía y la distribuían, empecé la investigación y escritura de la siguiente. Noventa y dos páginas después, confirmé algo que ya había intuido: Mi protagonista no me atraía lo suficiente como para continuar escribiendo sobre ella. Así que me sentaba frente a la computadora, recargaba mi mejilla en una mano y la otra quedaba suspendida sobre el teclado, indecisa, letárgica.

Una amiga suele repetir el dicho: “Si Dios te manda limones, haz limonada”. Pero mi limonada estaba sosa, y por más azúcar que le agregaba, seguía sin sabor. De pronto llegó la pandemia y, con ella, el encierro obligado. Para mí, como acabo de revelar, el horror es no poder escribir. Entonces otra ‘personaja’ tocó mi hombro.Comencé a investigar, me entusiasmé. Compré libros. Tomo notas, subrayo y releo. Y el confinamiento se convirtió en placer.

Sé que no es fácil y lejos estoy de querer causar envidia a quienes no saben ya con qué entretenerse. También sé que el ocio es un pésimo consejero. Que en algunas familias aumenta la violencia ante la desesperación. Estoy consciente de  la cantidad de personas que perderán su empleo, o ya lo perdieron; que se aproxima una crisis económica sin precedentes, pues esta pandemia es mundial. Además, la incertidumbre es aniquiladora. ¿Cuándo volveremos a la normalidad? ¿Clases por internet? Hay miles de estudiantes que carecen de computadora y, si cuentan con ella, es sólo una por familia, y son familias que tienen varios hijos. Hay países donde ya anunciaron que las clases se reanudarán hasta el próximo ciclo escolar, o sea, en agosto. Conozco a alguien que asesinaron la semana pasada y, como los juzgados están cerrados, suspendieron la investigación; enterraron su cuerpo para exhumarlo cuando desaparezca la pandemia. 

Pero insisto: Al mal tiempo, buena cara, porque no tenemos otro camino por dónde dirigir nuestros pasos (como los chistes en WhatsApp: De la cocina a la recámara y de ahí al baño).

Memes, leer, películas, juegos, limpieza, seguir leyendo; cocinar, adivinanzas, crucigramas, series, acomodar lo que ya habíamos acomodado. Quizá un paseo “a sana distancia” alrededor de la manzana. Asomarnos por la ventana a ver las jacarandas y el cielo, más azul gracias al aislamiento.Rompecabezas, una siesta, ejercicios frente al espejo; planchar, hablar por teléfono; guardar, lavar, barrer, volver a la lectura. Ir al súper o al mercado se convirtió en un día de campo: Vemos gente, nos demoramos en cada pasillo, nos fascinamos con productos que no son ninguna novedad o que apenas descubrimos porque no queremos tener prisa en regresar a casa.

Admiramos de nuevo los colores de la fruta, de las legumbres, del pan. Nos asustamos de los precios y contamos los centavos porque debemos ahorrar. ¡Voy a la farmacia! Aunque sea nada más por un frasco de alcohol o de gel antibacterial, tan apreciado en estos días. Y mañana vuelvo por la medicina que necesito y que se está terminando, pero así tendré un pretexto para salir.

Médicos que atienden por teléfono. Timadores que por internet venden, a cinco mil pesos, pruebas para detectar si estamos contagiados de coronavirus, asegurándonos que, en diez minutos, obtendremos el resultado. Calles desiertas. Taxistas en espera de que alguien se anime a salir. Ni los del alcoholímetro tienen chamba. El metro y los camiones todavía van llenos, pero se llega más pronto porque disminuyó el tránsito.

Ahora, el mesero de la fonda de enfrente se fue a trabajar con su hermano que es electricista. No sé mucho de eso, me cuenta, pero algo tengo que hacer, aunque gane una cuarta parte: Algo es mejor que nada.

Por Sandra Frid 

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SINOPSIS. Carmen empaca el último de sus abrigos mientras su esposo, Manuel, se acomoda indiferente la corbata frente al espejo. En Veracruz la espera el barco que los llevará hacia Europa en un último intento de darle color a una vida y un matrimonio insatisfactorios.

Es 1914 y Carmen arde en deseos de conocer el París de las luces y la bohemia, quiere ser pintora y rodearse de todos los grandes: Picasso, Matisse, Gris... No puede imaginarse que, en unos años, será amiga de Diego Rivera y Tina Modotti y que, bajo un nuevo nombre que la marcará para siempre, se convertirá en un ícono de la cultura, condenado y venerado con igual fuerza: Nahui Olin, la mujer de fuego, la rebelde, la pintora y poeta del cosmos. “La mujer que nació tres veces” es la novela de uno de los personajes más extraordinarios del siglo XX y el apasionante retrato de un corazón desbordado, tocado por la locura y la pérdida: Artista, modelo, esposa y amante que llevó su existencia febril a los límites.

Sobre la autora. Sandra Frid nació en Monterrey, Nuevo León, en 1959. Estudió la licenciatura en Diseño Gráfico en la Ciudad de México. Realizó estudios de Filosofía en la Universidad Anáhuac; en la Universidad Iberoamericana estudió los diplomados en Novela Histórica, Literatura Israelí y Literatura Latinoamericana; y en la UNAM cursó Mujeres en la literatura. Además, en 2012 obtuvo el Premio de Novela del Grupo Editorial Vid por la publicación de “Mujer sin nombre”.

SABER MÁS

  • Sus libros
  • “Viaje fugaz” (1995)
  • “A través de su mirada” (2003) 
  • “Mujer sin nombre” (2007)
  • “Luz entre cenizas” (2011)
  • “Reina de Reyes” (2014)
  • “La danza de mi muerte. La novela sobre la inexplicable desaparición de Nellie Campobello” (2016)
  • Coautora de la trilogía de cuentos: “Las revoltosas” (2010), “Los revoltosos y algunas metiches” (2010) y “Los revoltosos” (2011)

JL

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