Domingo, 23 de Agosto 2026
null
Estilo

Cinco iglesias que cuentan la historia de Zacatecas

Una ruta entre calles, plazas y callejones para descubrir cómo la arquitectura religiosa se convirtió en una de las señas más reconocibles del paisaje zacatecano

El Informador

Entre cantera rosa, fachadas barrocas, antiguos conventos y un templo que rompe con el paisaje virreinal, Zacatecas guarda una ruta en la que la historia también se descubre levantando la mirada.

Caminar por el Centro Histórico de Zacatecas es avanzar por una ciudad que parece construida siguiendo los desniveles de la propia tierra. Las calles suben, bajan y se estrechan; entre plazas y callejones aparecen fachadas de cantera que cambian con la luz y, de pronto, una torre, una portada labrada o una cúpula convierten el paseo en una pausa.

La arquitectura religiosa es parte esencial de ese paisaje. Algunas construcciones conservan la huella de las órdenes religiosas que llegaron durante el periodo virreinal; otras cuentan historias de restauración, transformaciones y nuevos usos. Juntas permiten recorrer varios siglos de la ciudad sin alejarse demasiado unas de otros. Esta es una ruta por cinco espacios que muestran distintas caras de la arquitectura zacatecana.

CORTESÍA

El barroco que obliga a detenerse

En el corazón del Centro Histórico, la Catedral Basílica de Zacatecas concentra buena parte de la riqueza arquitectónica de la ciudad. La construcción actual corresponde al siglo XVIII y ocupa el lugar donde anteriormente existieron otros dos templos. Su fachada principal, de estilo barroco churrigueresco, está cubierta de relieves y motivos ornamentales en cantera; en sus tres fachadas conviven elementos de tradición europea con otros de raíz indígena.

El recorrido cambia al entrar. En el interior destaca el retablo central, inaugurado en 2010 y cubierto con hoja de oro de 24 quilates. El brillo del retablo contrasta con la piedra y ofrece otra perspectiva del edificio, muy distinta a la que se descubre desde la Plaza de Armas.

Más que recorrerla con prisa, la Catedral invita a detenerse frente a la fachada y buscar los pequeños detalles que se multiplican entre columnas, esculturas y relieves.

CORTESÍA

Las historias que quedaron bajo tierra

A poca distancia aparece la Parroquia de Santo Domingo, un templo cuya historia está ligada primero a los jesuitas y después a los dominicos. Originalmente estuvo dedicada a San Ignacio de Loyola y formaba parte del antiguo Colegio de San Luis Gonzaga. Tras la expulsión de los jesuitas en el siglo XVIII, pasó a manos de los dominicos y adoptó la advocación de Santo Domingo de Guzmán. En su interior conserva tres naves y retablos barrocos, además de un retablo del presbiterio de estilo neoclásico.

Pero hay otra historia, menos visible, que acompaña al templo. El INAH documenta que en Santo Domingo fueron encontrados 42 entierros, de los cuales 24 estaban momificados o semimomificados. El hallazgo convirtió los espacios bajo el templo en una parte inesperada de la historia arqueológica de la ciudad.

Es uno de esos lugares donde el recorrido no termina en lo que puede verse desde la calle: también deja abierta la imaginación sobre las personas y las épocas que pasaron por el mismo sitio.

CORTESÍA

Las huellas del tiempo

El Antiguo Templo de San Agustín refleja la transformación del Centro Histórico de Zacatecas. La construcción corresponde al periodo virreinal -de 1782- y fue levantada por los agustinos. 

La fachada original del Antiguo Templo de San Agustín era una exuberante portada barroca de cantera rosa, con una sola torre. Fue desmontada y despojada de gran parte de su ornamentación durante el siglo XIX. 

Su historia también habla de conservación. El inmueble ha atravesado distintas etapas y en 2026 concluyeron trabajos de rehabilitación que incluyeron acciones de conservación y recuperación de elementos arquitectónicos.

Frente a la fachada, el paseo cambia de ritmo: en lugar de buscar únicamente un edificio intacto, vale la pena observar las marcas que deja el paso del tiempo y entender que el patrimonio también está hecho de transformaciones.

CORTESÍA

Un antiguo convento convertido en museo

La ruta puede continuar hacia el antiguo Convento de San Francisco, uno de los espacios religiosos más antiguos de la ciudad. El conjunto franciscano comenzó a construirse en el siglo XVI y su desarrollo se prolongó hasta el siglo XVIII. El INAH lo identifica como uno de los primeros centros religiosos establecidos para la evangelización de los territorios del norte de la Nueva España.

Hoy, el antiguo convento alberga el Museo Rafael Coronel. La visita permite cambiar de registro: de los templos y retablos se pasa a patios, antiguas dependencias conventuales y salas dedicadas al arte popular y a la obra del artista zacatecano Rafael Coronel. El recinto conserva, entre otras colecciones, un amplio conjunto de máscaras, piezas de arte popular mexicano y títeres.

Aquí la arquitectura no funciona solamente como escenario. Es parte de la experiencia del museo y una manera de acercarse a la historia de la ciudad desde otro ángulo.

CORTESÍA

Fátima: cuando Zacatecas mira hacia otro paisaje

Para cerrar la ruta, hay que salir del núcleo más antiguo y avanzar hacia la zona de Sierra de Álica, donde la arquitectura de la ciudad adquiere otro carácter. 

Allí se encuentra el Templo de Nuestra Señora de Fátima, uno de los edificios religiosos más representativos de la arquitectura del siglo XX en Zacatecas.

La fachada reúne arcos ojivales, rosetones, vitrales y una torre cuadrangular con cuatro rosetones, mientras que el interior presenta una planta de cruz latina, una cúpula octagonal con vitrales y dos capillas dedicadas a la Virgen de Guadalupe y al Sagrado Corazón.

El templo neogótico forma parte del paisaje de Sierra de Álica, junto a otros espacios que ayudan a entender la expansión de la ciudad más allá de su núcleo histórico.

Una ruta para mirar la ciudad de otra manera

Cinco templos, cinco momentos y distintas formas de entender una misma ciudad. La Catedral muestra la exuberancia del barroco; Santo Domingo guarda bajo sus espacios una historia que también ha sido estudiada desde la arqueología; San Agustín recuerda que los edificios pueden atravesar épocas difíciles y transformarse; San Francisco conecta la arquitectura conventual con el arte, y Fátima abre el recorrido hacia una expresión religiosa del siglo XX.

Al final, recorrer estas iglesias no consiste solamente en entrar a cinco edificios. También es seguir las huellas de las personas, órdenes religiosas, artistas y comunidades que fueron dejando su marca en Zacatecas.

Quizá por eso una caminata por la ciudad cambia cuando se empieza a mirar hacia arriba: detrás de cada portada hay una historia y, entre la cantera rosa, siempre aparece algún detalle que antes había pasado desapercibido.