Hay historias empresariales que pueden contarse a partir de cifras y expansiones. Otras comienzan con una decisión que, simplemente, termina por transformar una industria.Esa es la historia de Arca Continental, una empresa en donde una imagen resume un siglo entero: una botella.En 1926, en Monterrey, Manuel L. Barragán Escamilla obtuvo la primera licencia para embotellar Coca-Cola en México. En la planta de Topo Chico, con el Cerro del Topo Chico como testigo, se llenó aquella primera botella en territorio nacional.Era imposible, en aquel entonces, entender las dimensiones que alcanzaría aquel proyecto. Cien años después, esa iniciativa forma parte de los cimientos de una compañía multinacional que opera en cinco países y atiende a más de 130 millones de consumidores.Entre aquella botella y la empresa que este año llega a su centenario, transcurre una historia construida por visionarios, familias, trabajadores y generaciones que encontraron y generaron oportunidades de crecimiento sin abandonar una vocación que nació en el norte de nuestro país.La historia inició antes de 1926. En 1895 nació la Compañía Embotelladora Topo Chico, dedicada a comercializar el agua mineral proveniente del manantial local. Monterrey comenzaba así una relación con la industria de las bebidas que, tres décadas después, alcanzaría un momento determinante.Manuel L. Barragán Escamilla se incorporó a la empresa en 1914. Su llegada significó también la incorporación de una visión de progreso que encontró una oportunidad decisiva 12 años después.En 1926 obtuvo la primera licencia para embotellar Coca-Cola en México.El momento coincidió con la creación del Departamento Internacional de Coca-Cola por parte de Robert W. Woodruff en Estados Unidos y con el inicio de la expansión global de la marca.Mientras aquella transformación ocurría internacionalmente, desde Monterrey se escribía el capítulo mexicano.La planta de Topo Chico no se limitó a producir. También buscó innovar y ampliar su oferta con bebidas propias como Topo Néctar y Topo Cola, productos que desaparecieron con el paso del tiempo, pero que reflejaban desde entonces una inquietud por explorar posibilidades y responder a nuevos consumidores.Ese espíritu pionero terminaría por convertirse en una constante durante las siguientes décadas.El desarrollo de lo que hoy conocemos como Arca Continental no se entiende por una sola persona. La expansión fue el resultado de distintas familias y empresarios que, desde diferentes ciudades del norte del país, construyeron sus propias historias alrededor de la industria.El mismo año en que Manuel L. Barragán Escamilla obtuvo la primera licencia en México, Emilio Arizpe de los Santos consiguió la franquicia para Saltillo. Aquella operación se convertiría posteriormente en antecedente de Grupo Arma.Una década después, en 1936, Tomás Fernández Blanco fundó la Embotelladora de la Frontera en Ciudad Juárez. Con esa iniciativa comenzaron a construirse las bases de lo que más tarde sería Grupo Argos.Para 1941, el crecimiento ya era visible: Coca-Cola contaba con 16 embotelladoras mexicanas distribuidas en el país.La historia sumaría otro protagonista en 1964, cuando Burton E. Grossman fundó Grupo Continental en Tampico, Tamaulipas. Barragán, Arizpe, Fernández Blanco y Grossman emprendieron proyectos distintos, en lugares y momentos diferentes. Décadas después, aquellas historias terminarían convergiendo en una misma compañía.Esa confluencia explica buena parte de la identidad que Arca Continental conserva al llegar a sus primeros cien años: su origen no está únicamente en una empresa, sino en la suma de proyectos que crecieron a partir de una visión compartida de expansión.Después de décadas de crecimiento, el año 2001 marcó un punto de inflexión con la fusión de los grupos Argos, Arma y Procor, este último perteneciente a la familia Barragán.De aquella integración nació Embotelladoras Arca.La unión permitió iniciar un proceso de modernización acelerada y preparó a la organización para dar un paso que habría resultado difícil imaginar desde aquella planta de Topo Chico de 1926: cruzar las fronteras de México.La primera gran incursión internacional ocurrió en 2008, cuando la empresa comenzó operaciones en el norte de Argentina. Dos años después, en 2010, ya operaba de manera exclusiva en todo Ecuador.Esta etapa de expansión fue impulsada bajo el liderazgo de Manuel L. Barragán Morales, hoy Presidente Honorario Vitalicio del Consejo de Administración, y de Francisco Garza Egloff, quien fuera director general de la compañía. Ambos participaron en un periodo decisivo para convertir la expansión internacional en una de las características de la nueva organización, pero todavía faltaba una transformación fundamental.En 2011, Embotelladoras Arca y Grupo Continental concretaron una fusión que reunió dos grandes trayectorias empresariales y dio origen a Arca Continental.El encuentro de ambas compañías significó mucho más que una ampliación de capacidad operativa. Representó la convergencia de varias de aquellas historias familiares iniciadas décadas atrás en ciudades del norte de México.La nueva empresa también reforzó su apuesta por la sostenibilidad al liderar la adquisición de Petstar. Junto a Coca-Cola México y otros embotelladores de Coca-Cola en México, convertirían esta planta de reciclaje de PET grado alimenticio en la más grande del mundo en su tipo.En 2015 llegó la integración de Corporación Lindley en Perú, empresa creadora de Inca Kola. De esta manera, una compañía nacida de raíces mexicanas incorporaba a su historia una bebida profundamente ligada a la identidad peruana.En 2017, Arca Continental se convirtió en el primer embotellador latinoamericano en operar una franquicia dentro de Estados Unidos, al asumir Coca-Cola Southwest Beverages en Texas y condados aledaños.Noventa y un años después de que Manuel L. Barragán Escamilla obtuviera en Monterrey la primera licencia para embotellar Coca-Cola en México, una compañía surgida de aquella historia cruzaba hacia Estados Unidos para operar una franquicia en el país donde había comenzado la expansión internacional de la marca.La empresa que alguna vez recibió una licencia para iniciar operaciones en México se había transformado en una organización mexicana capaz de llevar su experiencia a uno de los mercados donde nació la historia global de Coca-Cola.El paso de cien años permite dimensionar la transformación. De una planta en Monterrey a operaciones en cinco países. De aquella primera botella a una compañía que actualmente atiende a más de 130 millones de consumidores.Pero un centenario también obliga a mirar detrás de las cifras.Porque entre 1926 y 2026 hubo generaciones de personas que participaron en cada una de las etapas: desde las empresas fundadoras hasta las fusiones, desde la expansión nacional hasta la llegada a Argentina, Ecuador, Perú y Estados Unidos.Por ello, la conmemoración busca reconocer no solamente a quienes tuvieron la visión inicial, sino a quienes fueron sumándose al proyecto durante el camino.“Este centenario es un homenaje a cada persona que, desde esa primera botella, ha sido parte de nuestra historia”, resume Jorge H. Santos, Presidente del Consejo de Administración. “Miramos al futuro con el mismo espíritu pionero de 1926, listos para innovar, para adaptarnos y para seguir liderando mediante un modelo de negocio sostenible”.Hay una distancia enorme entre la empresa de 1926 y la organización de 2026. Cambiaron las dimensiones, las fronteras, los mercados y la escala de sus operaciones.Pero la historia permite encontrar también un hilo de continuidad. El que comienza con Manuel L. Barragán Escamilla y aquella decisión de apostar por algo nuevo; continúa con Emilio Arizpe de los Santos, Tomás Fernández Blanco y Burton E. Grossman; atraviesa las generaciones que consolidaron sus empresas; llega a las grandes fusiones del nuevo siglo y se extiende hasta quienes actualmente forman parte de Arca Continental.En ese recorrido, el crecimiento dejó de medirse solamente en territorio.La sostenibilidad, la innovación y la capacidad de adaptación se incorporaron a una historia empresarial que conserva como principios la integridad, la excelencia y el servicio.Porque los cien años celebran lo construido, pero también abren la puerta a lo que todavía está por escribirse.Y si el primer siglo comenzó con el espíritu pionero de quienes imaginaron algo que todavía no existía, el segundo arranca con el desafío de conservar esa misma capacidad de mirar hacia adelante.En 2026, Arca Continental celebra mucho más que un centenario: celebra a las personas que han dado vida a una historia construida con esfuerzo, visión y compromiso. Hoy, con presencia en cinco países y más de 130 millones de consumidores, la compañía honra el camino recorrido mientras abre las puertas de un nuevo siglo.Desde Nuevo León, bajo la presidencia de Jorge H. Santos en el Consejo de Administración y la Dirección General de Arturo Gutiérrez, Arca Continental mira hacia adelante con espíritu pionero.