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Eco de poesía en el Claustro de Sor Juana

El Ex Convento de San Jerónimo brilla de nueva cuenta en el corazón de la Ciudad de México, gracias a la huella indeleble que dejó en su interior la “Décima Musa”

Por su arquitectura y antigüedad, el Ex Convento de San Jerónimo es una de las grandes joyas históricas del antiguo Distrito Federal. Pero más allá de lo visible, lo realmente fascinante en este recinto son las historias en su interior. Sus muros, silenciosos en algún momento, albergaron en su interior a una de las mentes más bellas y creativas que nacieron en nuestro país: Sor Juana Inés de la Cruz.

Antes de la poesía, un poco de historia. El Claustro como tal fue fundado en 1585 por Isabel Barrios, hija de uno de los conquistadores españoles. La gigantesca propiedad comenzó a ganar prestigio entre las familias más destacadas del mundo novohispano, quienes buscaban ingresar a sus hijas en el que ya era conocido como el Convento de San Jerónimo.

En febrero de 1668, una joven llamada Juana Inés ingresó como novicia al convento. Un año después, ya profesaba como religiosa, ahí pasará 27 años de su vida. ¿Dato curioso? Si bien Sor Juana destacaba más como escritora que como religiosa, lo que más apreciaban de ella en el convento era su capacidad con los números, ya que fue la contadora de San Jerónimo durante 9 años.

La llamada “Décima Musa” fallecería el 17 de abril de 1695 víctima del tifus, dejando un legado de poesía, villancicos, obras teatrales y reflexiones que serían su manera de pasar a la eternidad. Fue sepultada bajo el coro de la iglesia del templo de San Jerónimo. Para entonces, ella había ganado la inmortalidad, aunque los momentos más atribulados para el todavía convento apenas estaban por comenzar.

La Guerra de Reforma (1867) modificó profundamente la realidad de los edificios religiosos en nuestro país, y muchos de ellos terminaron por cerrar. Uno fue el que pasaba a ser el Ex Convento de San Jerónimo, que fue convertido en campo y hospital militar primero, luego en una sede literaria y al final fue seccionado para levantar varios negocios. Las monjas se hubieran sorprendido de saber que, por ejemplo, una de las partes del convento se convirtió en salón de baile.

En 1975 la suerte del gigantesco terreno, ruinoso en su mayor parte, cambió cuando el entonces presidente Luis Echeverría  expropio el convento (la iglesia de San Jerónimo estaba protegida desde antes, al ser declarada monumento de la nación). Así comenzaron los trabajos de restauración del espacio, quienes poco a poco sacaron de nueva cuenta el brillo y la belleza oculta bajo el polvo y la maleza. Sería en 2010 cuando se pudo determinar, que en efecto, los restos encontrados bajo el coro correspondían a Sor Juana.

Desde 1976 opera la Universidad del Claustro de Sor Juana, un bello homenaje a la mujer que desde el interior del mismo, escribió renglones de oro en las letras hispánicas.

Los trabajos para restaurar y reacondicionar el interior de la ahora universidad se han mantenido hasta la actualidad, y de hecho, la propia institución educativa ofrece en su página web (http://www.ucsj.edu.mx/) un recorrido visual por sus instalaciones, así como la explicación de los trabajos de restauración. Respetando siempre la arquitectura original y dándoles un nuevo sentido, sus celdas, auditorios, aulas y restaurantes son un claro ejemplo de que el eco de la poesía puede, siempre, romper la barrera del tiempo.

¡A comer!

En el interior del Claustro de Sor Juana se encuentra el Restaurante Escuela Zéfiro (San Jerónimo 24, Centro), uno de los más exclusivos de la Ciudad de México. Te ofrece hasta el 22 de septiembre su “menú patrio”: Arroz con callo de hacha, chile en nogada, copa de vino tinto y postre por $465 pesos.

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