Deportes

México 70: El Mundial que transformó a Guadalajara

La celebración de la Copa del Mundo en 1970 trajo consigo un nuevo rostro a la ciudad

Construir un estadio va mucho más allá de levantar concreto y tribunas. También implica planear ciudad, transformar el entorno y preparar a una metrópoli para responder a las exigencias de millones de personas. Ser sede de una Copa del Mundo requiere infraestructura, movilidad, tecnología y visión urbana; exige proyectos viables, conectividad y espacios capaces de integrarse a la vida cotidiana incluso después de que el torneo termine.

Guadalajara ha crecido de la mano de sus estadios. Desde el antiguo Parque Martínez Sandoval hasta el Estadio AKRON, pasando por el Jalisco y el Tres de Marzo, los recintos deportivos han acompañado distintas etapas de desarrollo social, cultural y urbano. Más allá de albergar partidos históricos o eventos multitudinarios, se han convertido en puntos de referencia que moldean la identidad y expansión de la ciudad.

La llegada de un Mundial coloca a la metrópoli bajo la mirada internacional y acelera procesos de modernización. El impacto no solo se refleja en el césped o en las tribunas, sino en la movilidad, la inversión, el turismo y la plusvalía que se genera alrededor de estos espacios. Porque los torneos terminan, pero las transformaciones urbanas permanecen.

En ese sentido, la presidenta de la Academia Mexicana de Arquitectos, Irene Ponce, sostiene que estos proyectos deben ir más allá de su función deportiva: “No se espera nada más un desarrollo magnífico de su actividad en sí, sino que generen ciudad y aporten más a la comunidad”.

Esa es la verdadera dimensión de una ciudad que, por tercera ocasión, se prepara para recibir una Copa del Mundo… y todo comenzó a tomar forma hace 56 años.

Agustín Yáñez y Juan Gil Preciado, entonces gobernador del estado y presidente de Guadalajara, respectivamente, contemplan la maqueta del Estadio Jalisco antes de su construcción. EL INFORMADOR/Archivo

Estadio Jalisco, una joya monumental

En la Guadalajara de los años 50, el futbol dejó de ser únicamente un espectáculo dominical para convertirse en un fenómeno social que rebasó las tribunas del Parque Martínez Sandoval. Atlas, Chivas y Oro entendieron entonces que la ciudad necesitaba un recinto capaz de responder al crecimiento de la afición y a la consolidación del profesionalismo en México.

Bajo la creación de Clubes Unidos de Jalisco, A.C., nació el proyecto del Estadio Jalisco: una obra monumental levantada al norte de la Colonia Independencia, con respaldo de los gobiernos estatal y municipal, además del financiamiento del Banco de Zamora.

La inauguración del inmueble, el 31 de enero de 1960, representó mucho más que la apertura de un estadio. La prensa de la época describió la construcción como una “labor titánica”, consumada tras “un millón doscientas mil horas hombre”, mientras destacaba la modernidad de su iluminación, el marcador electrónico y la magnitud de los materiales empleados.

En aquellos años, el entorno todavía lucía distante y semivacío. Fernando Mercado, vecino de la colonia desde su infancia, recuerda que “se pueden ver las fotos aéreas, pocas que hay, se pueden ver pocas casas alrededor, es más, no hay casas cerca. El crecimiento del 60 al 70 fue lento”.

Sin embargo, el desarrollo urbano terminó por alcanzar al estadio. Lo que inicialmente parecía una ubicación estratégica quedó atrapado por el crecimiento de la ciudad y la falta de previsión a largo plazo. “Debió haber previsto una zona de amortiguamiento mayor porque ahora colinda de manera directa con casas habitación”, señala Irene Ponce, al explicar que la ausencia de espacios para estacionamiento y equipamiento urbano complicó con el tiempo la operación del inmueble.

La Arquitecta Emérita coincide en que el problema no fue la ubicación inicial, sino la expansión sin control de la colonia:. “Cuando se secciona el predio, sí estaba alejado de lo que era la colonia consolidada, pero siguió creciendo sin que se previera”. Así, en medio de terrenos deshabitados y con un pentagonal emergiendo entre calles aún dispersas, nació el Estadio Jalisco, un recinto que terminaría por convertirse en símbolo de Guadalajara y escenario central de la historia mundialista de México.

A DETALLE

Radiografía del Estadio Jalisco

1956: Se funda Clubes Unidos de Jalisco, A.C., integrado por Atlas, Guadalajara y Oro, para impulsar la construcción de un estadio de gran capacidad.

Ubicación: Predio de aproximadamente 47 mil metros cuadrados en la colonia Independencia, cerca de calzada Independencia.

Apoyo institucional: Participación de los gobiernos estatal y municipal para facilitar permisos e infraestructura.

Financiamiento: Intervención del Banco de Zamora y venta anticipada de palcos y plateas.

Construcción: Levantado en alrededor de 11 meses, con una inversión cercana a 18 millones de pesos y más de “un millón doscientas mil horas hombre”.

Inauguración: 31 de enero de 1960 con el partido Atlas vs. San Lorenzo de Almagro.

Capacidad original: Cerca de 38 mil espectadores.

Remodelación para el Mundial de 1970: Proyecto encabezado por el arquitecto José Manuel Gómez Vázquez Aldana.

Ampliación: Construcción de un segundo nivel y techumbre metálica para incrementar aforo y modernizar la infraestructura.

Capacidad mundialista: Más de 70 mil aficionados durante la Copa del Mundo de 1970.

Aficionados tapatíos festejan la victoria de Brasil 1-0 sobre Inglaterra el 7 de junio de 970. EL INFORMADOR/Archivo

Cómo era Guadalajara en esos años

  • La ciudad terminaba prácticamente en Plaza del Sol.
  • López Mateos era de doble carril y parte de la antigua carretera al Sur.
  • Varias calles seguían empedradas.
  • Se ampliaron vialidades rumbo al Estadio Jalisco.
  • El transporte público se reforzó para el Mundial.
  • Existía mayor percepción de seguridad y cercanía social.
  • Se modernizó el Aeropuerto Miguel Hidalgo.
  • Lázaro Cárdenas apenas comenzaba su desarrollo.
  • El automóvil y los camiones eran los principales medios de transporte.
  • El Mundial detonó obras urbanas y de conectividad.

La fiesta de Brasil

Brasil, dirigido por Mario Zagallo, compartió el Grupo 3 con Inglaterra, Rumania y Checoslovaquia. El equipo se coronó invicto tras jugar en el Estadio Jalisco antes de disputar la final en el Estadio Azteca.

Don Fernando Mercado recordó el ambiente festivo que rodeaba a los brasileños: “Siempre eran fiesta”. Contó que, con 11 años, ayudaba a su madre vendiendo manualidades entre la algarabía de la afición.

Adalberto Rodríguez, también vecino del Estadio Jalisco, evocó aquella Guadalajara sin tráfico, donde los jugadores convivían de cerca con la gente. Incluso, relató que aficionados y periodistas entraban al hotel y los futbolistas dejaron autógrafos en las paredes, preservados durante años.

Fotografía de las cercanías del Estadio Jalisco en 1970 que daba cuenta de la efectividad de las "13 rutas de acceso y desfogue" que implementó la autoridad de Tránsito en ese tiempo. EL INFORMADOR/Archivo

La apacible Guadalajara

La Guadalajara de 1970 y la de 2026 parecen ciudades distintas. Hace más de cinco décadas, López Mateos ya era una vía importante hacia el sur, aunque la ciudad prácticamente terminaba en Plaza del Sol. “Estaba pavimentado desde Ciudad del Sol hacia La Minerva y era de doble carril, porque antes era la carretera para irte a Morelia y Colima”, recordó Adalberto Rodríguez. Más allá estaban Chapalita, Ciudad del Sol, Loma Bonita y algunas colonias aisladas.

Aunque el Mundial llegó después de los Juegos Olímpicos de 1968, las obras no fueron tan grandes. “La verdad no hicieron nada grande, no gastaron mucho que recuerde. A lo mejor una manita a La Minerva”, comentó Rodríguez. Sin embargo, sí hubo modernización en vialidades: López Mateos fue pavimentada hacia Américas y se ampliaron accesos rumbo al Estadio Jalisco.

En los alrededores del inmueble también hubo cambios importantes. Fernando Mercado recordó que “levantaron todo y pusieron el concreto, eso para el Mundial”. Además, las rutas de camiones se ampliaron para movilizar aficionados. “Era una fila de autobuses antes y después de los partidos por toda la Calzada”, añadió.

La seguridad y el ambiente eran distintos. “Nos veníamos caminando… no había problema con eso”, contó Fernando sobre su infancia recorriendo la ciudad. También existía cercanía con los jugadores y turistas, algo impensable hoy.

El Mundial impulsó mejoras en el Aeropuerto Miguel Hidalgo y en vialidades como Lázaro Cárdenas. La Copa dejó una ciudad más conectada y moderna, en una Guadalajara donde cada familia tenía un automóvil en promedio y el transporte público seguía siendo esencial para recorrer una urbe que apenas comenzaba a expandirse.

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