Selva Mágica: el verdadero motivo detrás del cierre del parque de Guadalajara tras casi 40 años
La liquidación de SECOEN y el despido de 175 trabajadores exponen el impacto local del colapso financiero de The Dolphin Company bajo el Capítulo 11 en Delaware
El cese de operaciones de Selva Mágica, tras 38 años de actividad en Guadalajara, obedece a una reestructuración corporativa internacional y no a un déficit de demanda local. La clausura del recinto es el efecto colateral directo del proceso de bancarrota bajo el Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos que enfrenta su matriz operativa, The Dolphin Company, ante la incapacidad de solventar sus obligaciones financieras con diversos acreedores.
La ejecución del cierre fue oficializada el 1 de septiembre de 2026 por Servicios Compartidos para el Entretenimiento (SECOEN), la filial encargada de la administración del parque. Como parte de las medidas de contención de gasto dictadas por la reestructuración, la empresa procedió con la liquidación conforme a la ley de una plantilla laboral compuesta por 175 trabajadores, deteniendo por completo la maquinaria del complejo tapatío.
El origen de esta fractura corporativa se remonta a la agresiva estrategia de expansión impulsada por The Dolphin Company durante la última década. El conglomerado, que asumió el control de Selva Mágica en 2022, acumuló una severa carga de deuda para adquirir parques y hábitats en ocho países; un modelo de apalancamiento que colapsó tras la contracción económica post-pandemia, forzando a la firma a solicitar protección judicial en Delaware en abril de 2025 bajo la razón social Leisure Investments Holdings LLC.
La disputa por el control corporativo
La insolvencia financiera detonó un conflicto interno que desestabilizó aún más a la organización y aceleró la venta de sus propiedades. En marzo de 2025, un bloque conformado por asesores financieros y socios desplazó al fundador de la empresa, Eduardo Albor, de la presidencia del Consejo de Administración, instaurando una nueva cúpula directiva enfocada exclusivamente en la liquidación de activos para satisfacer a los prestamistas internacionales.
Este cambio de mando generó un litigio transfronterizo que mantiene en vilo el destino de múltiples filiales, incluida la operadora de Guadalajara. Mientras el Tribunal de Quiebras de Delaware respaldó a la nueva administración e impuso sanciones a Albor por interferir en el proceso de bancarrota, en México la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha revisado recursos legales interpuestos por el fundador, quien alega un presunto despojo corporativo.
Bajo esta directriz de apremio financiero, la operación de Selva Mágica quedó atrapada en el escrutinio de los interventores estadounidenses. La filial tapatía fue evaluada no por su rentabilidad histórica o su arraigo en el mercado, sino estrictamente como un activo liquidable dentro del esquema de mitigación de pasivos de la matriz, priorizando el pago de la deuda sobre la continuidad del negocio local.
Estructura de propiedad y el futuro del predio
El cierre expone una particularidad jurídica sobre la tenencia del espacio que complica su resolución inmediata. SECOEN posee la titularidad de los activos físicos del parque, incluyendo la infraestructura operativa y los juegos mecánicos, pero el polígono de terreno ubicado en Huentitán el Bajo es propiedad del Ayuntamiento de Guadalajara, lo que separa el destino de las atracciones del futuro del inmueble.
Esta división patrimonial es el resultado del modelo de gestión con el que nació el proyecto en la Semana Santa de 1988. Concebido originalmente a la par del Zoológico Guadalajara mediante un patronato mixto, el parque de diversiones fue concesionado a la iniciativa privada en 1994 para garantizar su viabilidad técnica, mientras que el zoológico mantuvo su estatus como organismo público descentralizado.
A lo largo de casi cuatro décadas, la concesión transitó por diversas manos corporativas que moldearon su desarrollo antes de llegar al escenario de quiebra actual. La administración inicial de Grupo Mágico introdujo la primera montaña rusa de la ciudad; posteriormente, la Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE) y Ventura Entertainment consolidaron el catálogo de atracciones, hasta que The Dolphin Company adquirió el portafolio en la víspera de su crisis de insolvencia.
La desaparición de esta unidad de negocio elimina a un actor clave en el sector turístico de la región occidente de México. De acuerdo con métricas corporativas difundidas en 2023, el recinto acumuló un tráfico histórico de 25 millones de visitantes, promediando una afluencia superior a las 833 mil personas anuales, dejando un nicho de mercado desatendido y un vacío en la oferta de entretenimiento masivo.
Con el proceso de bancarrota aún desahogándose en los tribunales estadounidenses, el destino final de los activos mecánicos de SECOEN dependerá de las resoluciones de liquidación dictadas en Delaware. En paralelo, la administración municipal de Guadalajara enfrenta el reto de definir el estatus legal de la concesión y el uso futuro de un terreno que, durante 38 años, albergó al principal parque de diversiones de la ciudad.