Vive sabiendo que vas a morir
Nuestra relación con la muerte a lo largo de la historia ha variado. Algunos han contado con la tranquilidad de la vida eterna; otros, con la angustia de una desaparición hacia un abismo total, un vacío infinito. Muchos prefieren evitar el tema, evadirlo o suavizarlo. Pero si algo sabemos es que, tarde o temprano, para todos llega.
Paul Kalanithi, un neurocirujano de Stanford de 36 años, estaba en la cima de su carrera. Después de largos años de estudio y noches en vela durante las guardias del hospital, empezaba a ver la luz al final del túnel. En poco tiempo terminaría su residencia y podría, por fin, ser el esposo que prometió ser, pensar en formar una familia y disminuir el ritmo de vida imposiblemente ajetreado de un cirujano de prestigio.
Hasta que un día, un diagnóstico de cáncer pulmonar letal puso su mundo de cabeza. Morir en la cuarta década de la vida no es común, pero morir sí lo es. Paul se enfrentó, luchó y, finalmente, aceptó su mortalidad.
¿Dos años?, ¿cinco? La carrera por la que había trabajado tanto se esfumó en un instante entre sus dedos. Y decidió poner pluma sobre el papel y enfrentar su propia muerte: quitarse la bata blanca del médico y cambiarla por la vulnerable bata de hospital del paciente.
¿Cómo acercarse a la propia muerte sin el resentimiento del que pregunta: “¿por qué a mí?”? ¿Cómo caminar hacia sus puertas con paso firme, sin aferrarse a los árboles que bordean el camino?
Por supuesto, busqué fotos de él. Necesitaba ver su rostro, el de su esposa Lucy, imaginar la historia con mayor precisión. Me lo imaginaba caminando entre las páginas, conversando con la muerte entre líneas.
En When Breath Becomes Air, Kalanithi recurre a la literatura, a su pasado y a su presente para encontrar sentido en su enfermedad y en su muerte. El deseo de trascender se asoma: ¿quiero traer vida al mundo antes de irme?
La enfermedad, en palabras de su esposa Lucy, “fue el cascanueces que expuso la suave y nutritiva carne de su amor”; y, como decían a sus amigos, a veces hace falta una enfermedad terminal para dejar el amor al descubierto… incluso para salvar un matrimonio.
Enfrentar la propia mortalidad evidencia las prioridades. Ya no hay tiempo para hacerlo todo ni para ver a todos. ¿Quiero seguir operando? ¿Trabajar dieciocho horas al día y persistir en la investigación científica? ¿O dedicarme a estar con mi familia, escribir y leer?
¿Qué harías si supieras que no te queda mucho tiempo?
La publicación de When Breath Becomes Air fue póstuma. La muerte llegó antes de que las últimas páginas pudieran escribirse. Pero hubo una hija. Hubo tiempo para la reconciliación con sus seres queridos y con su propia muerte.
Tiempo para comprender que, al morir, el oxígeno que inhalamos deja de ser motor de vida… y se convierte, simplemente, en aire.
@luciachidan