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“Valor sentimental”

El dolor del vacío y la ausencia protagonizan “Valor sentimental” (“Sentimental Value”, 2025), de Joachim Trier. La pieza es un relato emotivo, cautivador y profundo que coloca en primer plano las relaciones familiares -concretamente, las de padres e hijas- y las heridas que se forman ante el abandono. Heridas que, por cierto, suelen permanecer abiertas, supurantes. La cinta, ganadora del Grand Prix del Festival de Cannes, se erige como un drama sobre lazos filiales que no se bordaron, sobre esas conexiones que no sucedieron, pero que resulta que sí existen.

Un aclamado director de cine (Stellan Skarsgård), que fue una figura paterna ausente, reaparece en la vida de sus hijas durante un funeral; a una de ellas, que es actriz (Renata Reinsve), le ofrece protagonizar su próxima película, pero ella se niega. Es así que su padre contrata a una famosa actriz de Hollywood (Elle Fanning) para sustituirla. La preparación para el rodaje nos mostrará las fragilidades, resentimientos y raspones de los personajes, mientras exploramos los vericuetos de un entramado familiar en crisis.

El filme de Trier, de factura finísima, habla sobre el vacío del otro (o el vacío que deja el otro cuando toma sus cosas, abre la puerta y se va); sobre los recursos que me quedan para hacerme una idea del otro, siendo que nunca estuvo aquí; sobre los huecos que no pueden ser colmados, porque ya no se trata sólo de lo que “nunca tuve”, sino del lugar en el que me colocó esa ausencia frente al mundo, frente a la cultura, frente al deseo, frente a mis recursos “vinculares”. Vaya, sobre el lugar que ocupo frente a los conceptos de amor, familia y hogar.

En primera instancia, el relato logra articular todo lo anterior gracias a sus sólidos personajes y a estupendas (¡magníficas!) interpretaciones. Pero hay más: el entablado emocional del filme también es posible gracias al uso de un espacio físico recurrente: la casa familiar. Sí, la casa que el padre dejó atrás. La casa donde crecieron las hijas del padre distante. La casa que fue testigo de las historias familiares; la casa que es una incógnita en el relato: ¿será del padre o será de las hijas? La casa que, acaso, podría ser el escenario donde se manifiesta una de las grandes paradojas de las relaciones humanas: que podemos sentir el amor más profundo y el resentimiento más desgarrador por una misma persona.

Trier, sin embargo, no agota ahí el potencial de su película. Valor sentimental ofrece también una experiencia metafílmica: hay una película gestándose dentro de la película. El director de “La peor persona del mundo” y “Thelma” embiste dentro de la trama la capacidad del arte (de la ficción, del cine) para vocalizar lo indecible, para ayudarnos a expresar aquello para lo que no alcanzan las palabras o, incluso, para mostrarnos al arte como un camino para navegar nuestras turbulencias.

El padre le entrega a su hija un guion para que ella lo protagonice, pero… ¿de qué trata ese guion? ¿De qué va esa película en ciernes? ¿Puede un acto creativo traer luz a nuestra oscuridad? ¿Puede regenerar nuestros lazos? Llama la atención que los momentos significativos de conexión entre padre e hijas estén contenidos dentro del territorio del arte, en rodajes de cine.

Con delicadeza y mucha, mucha belleza, “Valor sentimental” habla sobre conexión humana, sobre nuestra relación con quienes nos rodean, sobre amor y sobre reconciliación, recordándonos precisamente que el camino hacia la citada reconciliación primero es amargo, amarguísimo, pero que la recompensa puede ser dulce. Esta peli vale… y mucho.

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