Una oportunidad al fracking
Al empresario y magnate petrolero George P. Mitchell, se le considera el padre del fracking moderno, una técnica de fracturación hidráulica.
En efecto, durante los años 80 y 90 del siglo pasado, Mitchell invirtió millones de dólares y años de investigación en la formación geológica Barnett Shale en Texas, en la que buscaba extraer gas natural de rocas de lutita (shale), algo que la industria consideraba imposible o demasiado caro.
Su equipo, encabezado por ingenieros como Nick Steinsberger, descubrió que el uso de una mezcla de agua, arena y químicos (conocida como slick-water fracking) permitía liberar el gas de forma eficiente.
Su éxito demostró que Estados Unidos tenía reservas masivas de gas antes inaccesibles, lo que transformó el mercado energético global y llevó al país a pasar de importador a exportador de energía.
En México, la cuestión del fracking atraviesa un momento de cambio significativo bajo la administración de Claudia Sheinbaum, quien ha reabierto el debate sobre esta técnica tras años de veto oficial durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
Hace unos días, el Gobierno federal anunció una apertura hacia el fracking con el objetivo primordial de alcanzar la soberanía energética y reducir la dependencia de las importaciones de gas natural provenientes de Texas, Estados Unidos. Recordemos que las reservas de México apenas alcanzan para unos cuantos días. Gran vulnerabilidad.
Aunque López Obrador mantuvo un discurso público de rechazo al fracking, la administración actual reconoce que la técnica es necesaria para explotar los vastos recursos no convencionales del país.
Se ha mencionado el análisis de técnicas más limpias para mitigar el impacto ambiental, aunque expertos y organizaciones civiles cuestionan la viabilidad de un fracking que no sea invasivo.
Hubiera sido una buena idea no haberse esperado tanto tiempo, pues se estima que desarrollar esta industria para lograr una producción significativa de gas podría tomar entre 10 y 15 años. Demasiado tiempo.
A pesar de la apertura gubernamental, organizaciones como la Alianza Mexicana contra el Fracking y Greenpeace México han denunciado que la técnica nunca se detuvo por completo y exigen una prohibición legal explícita para proteger los derechos humanos y el medio ambiente. Señalan que retomar esta práctica contradice los compromisos de transición energética y lucha contra el cambio climático.
Habría que responder a estos reparos muy justificados que, desde que se ha aplicado esta tecnología, también se han venido incorporando una serie de regulaciones y tecnologías verdes que han reducido el efecto negativo sobre el medio ambiente.
Quizás sabedor de que estamos viviendo contra reloj, la Administración de Sheinbaum ha puesto la cuestión a consideración de un panel de científicos y expertos en la materia que pronto darán a conocer su informe. Así debe ser: en última instancia, la ciencia en alianza con el buen juicio político es lo que debe prevalecer.